Escribe Marcelo Ramal
Se desvaloriza la garantía del Tesoro a los préstamos de los bancos extranjeros.
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Javier Milei debe está agradeciendo a la Providencia la visita del Papa, pero por otras razones de las que algunos suponen.
El feriado largo, dispuesto para la llegada de León XIV, es un respiro para los activos financieros de Argentina. La “dolarización de carteras” ha alcanzado “un piso estructural de 2.300 millones de dólares”, según las evidencias de Claudio Zlotnic, una cifra que, anualizada, supera a todo el superávit de balanza comercial previsto para 2026. El Banco Central no ha intervenido en la compra de reservas de las últimas nueve ruedas, para no echar más leña al fuego. El riesgo país en cerca de los 1.000 puntos pone en evidencia un remate de bonos soberanos; los ‘dólares de Vaca Muerta’ están para hacer frente a una corrida cambiaria.
El telón de fondo de esta corrida prolongada es harto conocido: el gobierno no tiene asegurado el pago de los vencimientos de deuda del próximo año y medio, que ascienden a unos 40.000 millones de dólares. El gobierno abandonó la emisión de 5.500 millones de dólares en Bonares, prevista dentro del “plan financiero” de Caputo, por su costo sideral en intereses. El riesgo país, entonces en 700 puntos, tornaba inviable la emisión de deuda.
El gobierno quiere frenar la demanda de dólares por medio tasas de interés más redituables para las colocaciones “duales” en pesos, o sea ajustados por inflación o dólar. La Tesorería las usaría para comprar reservas al Central para pagar los vencimientos “soberanos” (externos) y los internos. Pero el Central necesita las reservas para evitar una corrida cambiaria; el resultado de esta pseudo dolarización (menos pesos en circulación) es acentuar la recesión de la economía y el aumento del costo del crédito. En la tarde del jueves, las coberturas de pesos para operaciones de corto plazo (cauciones) llegaron a pagar una tasa equivalente del 190% anual, por caso, un 3% para un préstamo de seis días. Los informes de las instituciones bancarias constatan una “baja de la morosidad”, cuando se trata de un artificio contable de alargamiento del plazo y los intereses de la deuda. El número de préstamos nuevos ha caído.
El otro torniquete aplicado por el gobierno es en el plano fiscal. En octubre, el gasto primario (o sea caja) se redujo en un 10% respecto del mismo mes de 2025, a costa de mayor endeudamiento. Las transferencias corrientes y de capital a las provincias cayeron entre un 60 y un 70%; en cuanto a las universidades, las transferencias se redujeron en un 47% -pero los rectores y las burocracias sindicales han dado por cancelada la lucha por el Financiamiento Universitario.
El derrumbe de la economía no tiene atenuantes. El estimador del INDEC arroja una impactante caída del 3,2% para el tercer trimestre, en relación al de 2025. En cuanto a los pronósticos sobre el producto bruto de 2026, las estimaciones iniciales de 3-3,5% de crecimiento se han venido abajo hasta proyectar ahora medio punto porcentual para el año. Con ese valor, el trienio Milei-Caputo dejaría como saldo un “aumento” del orden del 1% anual del producto total, o sea, una caída en el PBI per cápita. La línea descendente de la actividad económica ha despertado las alertas porque compromete los ingresos que el Fisco. El Fondo Monetario ha llamado a “incentivar nuevos mecanismos de crédito”, como ventas en 18 cuotas, que han ganado a pocos adeptos. En cuanto a las empresas, la oleada de cierres y quiebras crece exponencialmente, como se aprecia en numerosas proveedoras del agro -Pauny, Plantium, Bunge y otras. La expectativa de que los aumentos acordados en paritarias superen a la inflación en el margen, no han ocurrido. Para forzar una deflación, ¡Milei ha autorizado el contrabando de importaciones!
El default con los ‘repo’
En suma: el default que el capital financiero teme para 2027 no es un simple desarreglo de la deuda pública. Es la quiebra de un régimen económico en sus múltiples determinaciones, desde el giro comercial e industrial hasta el propio presupuesto público. La atribución de la crisis a la incertidumbre del resultado electoral de 2027 ha ganado fuerza luego de la derrota enorme de Bolsonaro y la mayor aun de Trump. La repercusión en las Bolsas ha sido brutal. La crisis ha ganado ya estatura política, es decir de sistema. Carlos Pagni, luego de saludar el ajuste de Milei como “revolucionario” e “histórico” ha descrito el ajuste de Kicillof en Provincia como como tanto o más severo. Pagni no advierte, como es obvio, que el crecimiento de la deuda pública en 50.000 millones de dólares no es una evidencia de austeridad sino de una gigantesca transferencia de ingresos, y un tránsito de la ‘estabilidad’ al default. El Tesoro se ha convertido en una agencia recaudatoria de los bancos y el capital financiero. Con la caída enorme del valor de los títulos soberanos, los Milei y Caputo transitan su tramo final, porque esto los fuerza a emitir y entregar más bonos a los bancos extranjeros que les otorgaron préstamos ‘repo’ para sostener el valor de la garantía. Estamos a pocos pasos de que el JP Morgan, no su empleado Luis Caputo, pida el default de Argentina.

