Movilizaciones de estudiantes secundarios en Gran Bretaña

Escribe Fede Silver

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En el sistema educativo británico, para terminar el secundario es necesario rendir una serie de exámenes. La aprobación de todos ellos otorga el Certificado General de Educación Secundaria. Si, sumado a eso, un estudiante desea poder aplicar a un cupo en una universidad, debe rendir, de forma complementaria a sus estudios, los exámenes de nivel avanzado (´A levels´). Según las notas que reciban en estos, pueden ser admitidos o rechazados en las universidades. También los empleadores observan estos resultados a la hora de contratar. Estos exámenes, al ser complementarios a la educación regular, funcionan como un “preuniversitario” que excluye, por su naturaleza, a aquellos estudiantes que no gozan de la posibilidad de destinar tiempo y recursos a rendir exámenes extra, como es el caso de quienes ingresan al mundo laboral a los 16 años, mientras están en el secundario.

Los estudiantes aplican para ingresar a esas universidades antes de tener sus resultados finales, por lo que las universidades se basan en los resultados parciales, las notas generales del estudiante y una predicción de cómo les irá en sus finales. Además, las universidades pueden especificar la orientación que prefieren que tengan sus aspirantes (digamos, por ejemplo, que pueden poner como condición que el estudiante saque un 10 en matemáticas). Entonces, no solo se espera una dedicación de tiempo y recursos extraordinaria, sino que los estudiantes con intereses no afines a los de las universidades, pueden ser de igual manera rechazados sin importar sus calificaciones generales.

Como vemos, esta forma de evaluaciones es problemática y objeto de diversas críticas. Sin embargo, este año, ante el cierre de las escuelas por la pandemia, los exámenes debieron ser reemplazados. En su lugar, los docentes enviaban sus recomendaciones a la Oficina de Calificaciones del gobierno según el trabajo realizado durante el año. El gobierno, a su vez, elaboró un algoritmo para establecer predicciones de cómo les iría a los estudiantes tomando en cuenta no solo las recomendaciones de cada docente, sino también, entre otros factores, el promedio de notas de años anteriores de la escuela a la que perteneciese el alumno en cuestión.

Un algoritmo discriminador, clasista y racista

En resumidas cuentas, esto significa que, si en una escuela los estudiantes obtuvieron notas bajas el año pasado, el algoritmo toma ese dato en consideración para valorar las notas de los estudiantes este año. De esa forma, la desigualdad ya existente se profundiza: Las escuelas con promedio de notas más bajas suelen ser aquellas con mayor presencia de jóvenes de bajos recursos, de clase trabajadora e inmigrantes, pues es un hecho estudiado que ante mayores ingresos familiares, mayor es la posibilidad de tener un buen rendimiento escolar (nutrición adecuada, disponibilidad de materiales, salud, etc). El algoritmo entonces nivela hacia abajo, e incluso un estudiante sobresaliente puede ver sus notas disminuidas por provenir de una escuela con menor promedio de notas. De igual manera, nivela hacia arriba en las escuelas privadas, que son las que tienen mejor promedio de notas.

Efectivamente, cuando el jueves pasado fueron publicadas las notas elaboradas por el algoritmo, se estima que casi 300 mil estudiantes recibieron una calificación inferior a la que sus docentes habían recomendado a la Oficina de Calificaciones. Solo un 4% recibió notas superiores, aglutinados en aquellas escuelas con mejores resultados en años anteriores. El Secretario de Educación, Gavin Williamson, miembro del partido Conservador, está en el centro de las críticas por su paupérrimo manejo de una situación que debió ser prevista desde que se cerraron las escuelas.

Estalla la bronca

Desde el jueves, día en que se publicaron las notas, los estudiantes comenzaron a organizarse para apelar masivamente contra los resultados, algo legalmente previsto en los lineamientos establecidos por la misma Oficina de Calificaciones. Sin embargo, sin previo aviso, el sábado a la noche esos lineamientos fueron removidos, anunciando en su página web que se estaba reevaluando la política de apelaciones.

Por eso, el día domingo centenares de estudiantes se movilizaron al Departamento de Educación. Entre los reclamos, que incluyen la renuncia de Williamson y que todos los estudiantes reciban las notas que sus docentes recomendaron, sin interferencia del algoritmo, tomó una especial relevancia el reclamo contra la discriminación inherente a este sistema de evaluación hacia los estudiantes de la clase trabajadora.

Está planteada no solo la renuncia de un Ministro clave para el gobierno conservador - antes de encabezar la cartera de educación, Williamson fue Secretario de Defensa del gobierno de Theresa May - sino la revisión completa de un sistema de evaluaciones totalmente injusto. Se juega un capítulo apasionante de lucha en la educación británica que debe ser observada por el movimiento estudiantil de conjunto: Las victorias que los estudiantes logremos arrancar a los gobiernos, serán conquistas duraderas, más allá de la pandemia.

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