Marcelo Ramal: “Buscan el mandato del voto para ejecutar una contrarrevolución laboral y social”

Nuestra posición electoral.

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Compañeras, compañeros: este acto es también una movilización política que acerca su voz, su fuerza, su corazón, a la lucha del pueblo palestino, a la lucha del pueblo de Gaza.

La televisión argentina, los medios de comunicación que todos los días propagandizan a los dirigentes de la flexibilidad laboral, de la miseria para los jubilados, de la destrucción de nuestras condiciones de vida, hoy han hecho un pequeño paréntesis solo para falsificar la realidad de lo que está ocurriendo en Palestina, donde hace pocas horas en Gaza fue literalmente volado en pedazos un hospital. Esa es la realidad que en este acto convocamos a difundir, a propagandizar en los lugares de trabajo, en nuestros barrios, para promover la solidaridad internacional con el pueblo de Gaza, con el pueblo de Cisjordania, por sus derechos largamente pisoteados en definitiva por el imperialismo, por sus agentes en Medio oriente. Como corriente socialista internacionalista, estamos en las calles, en la lucha y en la movilización contra esta nueva guerra de la OTAN. (aplausos)

Quiebra de las relaciones sociales

Las palabras suenan demasiado rimbombantes o no alcanzan a expresar claramente la situación social, histórica, en este caso como la que vivimos hoy en la Argentina. En un país donde teníamos 36, 37 % de pobreza, pasamos al 42 % en un año, con tres millones de pobres nuevos. Pablo citaba recién la crisis de la salud. La crisis de la salud resume todo, porque no se trata de ver si me pongo una prenda u otra, si hago algún gasto que de pronto puedo hacer o no hacer. No. es la crisis de la salud, es la línea que separa la vida de la muerte y de la enfermedad. Y el otro día, con esta historia de que los médicos empiezan a cobrar para atender, estos famosos copagos, le preguntaban a un médico en una radio y él, de una manera terriblemente sabia y sintética le dice “Mire, se ha quebrado el vínculo entre el médico y el paciente”. Ya no había más nada que decir. Es decir, todo un sistema que en el caso de la salud está recontra privatizado, que debe servir a toda una maquinaria de prepagas que además son financieras y prestadores médicos y laboratorios medicinales, pero que en última instancia y después de enriquecer a todos esos tiene que juntar a un médico con un paciente, bueno, el médico decía que el médico y el paciente no se pueden juntar. ¿Y por qué? Porque el médico para seguir viviendo necesita que el paciente le pague una suma de dinero, y el paciente no tiene el dinero para pagarle esa suma. Entonces, en esa imagen tan sintética, está retratada la quiebra de las relaciones sociales en la Argentina. Es decir, de una organización social, el capitalismo, la sociedad que vive del trabajo apropiado a los obreros y que va a enriquecer, entre otros, a los capitalistas de la salud. Pero que no puede funcionar, no puede asegurar siquiera ese vínculo elemental entre el tipo que tiene que curar a alguien y el que se tiene que atender. ¿No podríamos decir lo mismo de la situación de la vivienda, de los alquileres? Alguien que tiene un salario y que se supone que una parte de ese salario debe poder pagar por pequeña, por elemental que sea, una vivienda, tampoco la puede pagar. Ni siquiera la puede encontrar.

Entonces, esa es indudablemente la realidad que hoy vivimos en la Argentina. En primerísimo lugar. Luego naturalmente, tenemos un país que ha llevado a sus trabajadores a una condición de pérdida del salario, de retroceso en sus condiciones laborales, pero que al mismo tiempo ha subido, por ejemplo, desde la pandemia, las ganancias de sus empresas en forma extraordinaria. Cuando uno ve por un lado el aumento de la pobreza y por otro lado que la economía crece y hasta baja la desocupación, es decir, más gente trabaja con menos salario y menos condiciones laborales, se da cuenta de que en este país la clase capitalista se ha desarrollado en estos años sobre la base de un aumento extraordinario de la explotación de los trabajadores.

Bancarrota del Estado y el capital

Pero incluso en estas condiciones, tenemos la bancarrota del Estado que no se puede financiar y una clase capitalista que tampoco se puede financiar, Escuchamos todo el tiempo hablar del endeudamiento macrista, el FMI y todo lo demás. Porque además del endeudamiento del FMI hay que decir claramente que este gobierno, en estos cuatro años que han pasado, ha llevado adelante una política de rescate del capital como pocas veces habíamos asistido en la Argentina. Ya es folklore escucharlos decir: “hubo una pandemia, ustedes tienen que entender”. Pero ¿por qué no dicen lo que hicieron en la pandemia? La pandemia fue el gran pretexto para un negociado. Había que sostener una actividad económica, el giro económico tenía que continuar, pero podían aplicarle un impuesto a los que tienen recursos, riquezas acumuladas. No. Imprimieron moneda, se la regalaron a los capitalistas y ¿qué hicieron los capitalistas? Los capitalistas con ese dinero compraron dólares. La primera gran devaluación de todo este periodo vino en la época de la pandemia, ¡con los billetes que le dio este gobierno a la clase capitalista! Y esto, que ya se veía dando, con el señor Sergio Massa creció hasta las proporciones gigantescas que tenemos hoy, porque ¿se imaginan si uno de ustedes fuera un casino (ninguno de ustedes va a un casino, yo tampoco, pero imaginen que alguno fuera a un casino), donde jugás y si perdés, perdés, te tenés que ir. A ninguno nos gusta, pero suponete que te digan lo siguiente: mirá, si perdés, hay una ventanilla que te devuelve todo lo que perdiste y después te podés ir a tu casa. Entonces vos decís, ah, así fenómeno, ¿y no se podrá, además de eso, que me tires unos mangos más para que me vaya ganando? Bueno, eso es lo que hace el gobierno y el Banco Central hoy con los que tienen la deuda pública en pesos en la Argentina. Si por temor a todo lo que está ocurriendo hoy un capitalista, un especulador piensa que esa deuda se pueda perder valor, va y la quiere vender y no encuentra a quién vendérsela, el Banco Central se la compra garantizada. Imprime los billetes para comprar esa deuda. Por lo tanto, el envilecimiento de la moneda y la propia inflación es el resultado de un rescate del capital. No escuché a un solo “libertario”, que tanto les gusta denunciar la emisión, denunciar ESTA emisión, la que rescata a sus clientes. A los capitalistas que financian a sus consultoras y sus cuevas. Ni uno solo de esos “libertarios” ha denunciado esta operación de rescate al capital que, por supuesto, representa mucho más que este “paquete social” del gobierno, por llamarlo de alguna manera, de comprar con el descuento del IVA, la eliminación de Ganancias y toda esta cuestión que, por otra parte, como bien explicó Pablo recién, ya ha sido evaporado por la crisis y la tendencia a la hiperinflación. Entonces, esto que estamos viviendo, este proceso de degradación de las condiciones sociales, de degradación del salario, de la jubilación, de verdadera disolución de la moneda, es el resultado de un largo proceso de rescate de los capitalistas por parte de un gobierno capitalista.

Desenlace

Naturalmente, en estas corridas que vemos en estos días, donde los que recibieron generosamente esos pesos van y compran los dólares mientras nosotros nos quedamos en pesos, anticipan, adelantan el desenlace económico que toda la clase económica capitalista sabe que va a venir y no lo dice, o lo dice en entredichos para que no esté claro cabalmente cuál es su carácter. Para afrontar esa bancarrota financiera, para afrontar esta situación de verdadera disolución de las relaciones sociales que existen, los capitalistas, su Estado, sus políticos, preparan un golpe de Estado económico.

¿Qué significa un golpe de Estado económico? Un ataque estratégico, profundo, contra las masas, contra los trabajadores. Esta es la cuestión central de este momento político y naturalmente que también es la cuestión central de la elección. ¿Qué significa “golpe de Estado económico”? Es lo que los especuladores están anticipando cuando llevan el dólar a 900 o a 1.000. Una megadevaluación de la moneda, un tarifazo, un gran tarifazo, un recorte completo de los gastos y, por supuesto, acompañando este paquete una reestructuración de toda la deuda gigantesca del Estado, del Banco Central, de todas las instituciones del Estado que, para que funcione, tendrá que dar garantías. ¿Y cuáles son esas garantías? Darle un carácter permanente a este ataque contra las masas, a esa contrarrevolución social y laboral. Esto es lo que está en discusión como salida y como desenlace a esta crisis.

Elecciones reaccionarias

Compañeras, compañeros: la función política de las elecciones que van a tener lugar el próximo domingo es mandatar, designar al gobierno, al presidente, al bloque político que deberá llevar adelante esta contrarrevolución social y laboral, este golpe de Estado económico contra las masas. Esto destaca, compañeros, el carácter reaccionario de este proceso electoral. Fíjense lo que se quiere hacer: darle un aval “democrático”, soberano, al que vaya a gobernar para aplicar esta devaluación general, este aumento de tarifas. Y le diremos ¿pero “cómo me venís con esto”? Y nos van a responder: “Vos nos votaste”. El pueblo los ungió con el voto. En este hecho, compañeros, se pone de manifiesto el verdadero carácter contrarrevolucionario del llamado proceso democrático, como arma del capital contra los trabajadores. Todavía tenemos que encontrar a alguno que esté hablando del “fracaso de la democracia”. Querido: ¿dónde está el fracaso? Ahí tenés a la democracia preparando su bota, su látigo, contra las masas.

Y acá aparece, compañeros, otro aspecto central de este proceso político, porque ocurre lo siguiente: la pregunta que recorre los círculos políticos de la propia burguesía es sí, vamos a un golpe estratégico, profundo, contra la condición social de los trabajadores, pero ¿con qué recurso, con qué medios políticos hacemos avanzar ese golpe económico a una clase trabajadora que viene de soportar la caída de la cuarta parte de su salario, el empobrecimiento masivo? ¿Cómo hacer tolerable lo intolerable para quien ya no tolera nuevos ataques?

Fíjense que no estoy utilizando la palabra “ajuste”, porque en los términos que estamos discutiendo ya se trata de un concepto mentiroso. El ajuste es otro agujerito al cinturón. Pero acá estamos discutiendo otro talle de ropa, no un agujerito más al cinturón. Los ajustes ya fueron, los ajustes fracasaron como medio de salida a la crisis del capital. Entonces, ahora se va por un planteo de guerra contra los trabajadores. Pablo señaló varios aspectos: la reforma laboral, eliminación de conquistas históricas, hacer retroceder a la clase obrera argentina largas décadas. Eso es lo que está en discusión y porque eso es lo que está en discusión es que aparece esta famosa palabrita: “gobernabilidad”, que no significa otra cosa que lo siguiente: qué gobierno, qué recursos políticos pueden enchufarles a los trabajadores semejante ataque, semejante golpe.

Crisis de poder

Entonces, está planteado este debate político en un escenario donde los llamados a aplicar este golpe económico no cuentan en sus manos los recursos políticos para ello. Son la expresión de fuerzas políticas en disolución. Pensemos por un lado lo que ocurre con el macrismo. El macrismo-radicalismo que ha concurrido a las elecciones mortalmente dividido. Ni hablar del propio kirchnerismo, carcomido por choques internos que ahora afloran a través de denuncias de corrupción de todo tipo. Como consecuencia de esta debilidad general, ahora aparece este rasgo un poco gracioso de la campaña electoral, en que después de todas las puteadas que se han cursado, ¿cuál es el eslogan en común de todos?: “vamos a hacer un gobierno de unidad nacional”, nos vamos a juntar con el otro, yo me voy a juntar con Larreta, el otro se va a juntar con algunos macristas que son buenos, Milei que dice: yo no sé con quién me voy a juntar, pero como seguro los otros se van a hacer pelota, algo voy a agarrar de algún lado.

Es notable que, a una semana de las elecciones, los candidatos llamados a gobernar estén diciendo: “mire, yo solo no voy a poder gobernar”. Es una manifestación de impotencia temprana, que tiene que ver con el alcance de este ataque, de este desenlace que va a enfrentar a los capitalistas de un lado y a la clase trabajadora por el otro. En esto reposa esto que llaman problema de la gobernabilidad y que, en realidad, es una crisis de poder, es una crisis de poder político. Está en discusión, por un lado, cómo darle un desenlace a una crisis terminal y, luego, con qué recursos que no están, que no se avizoran, llevar adelante ese ataque, llevar adelante esa política.

Pero esto que estoy diciendo no es una especulación, no es un “a lo mejor pueden, a lo mejor no pueden”. No. La gravedad de la crisis obliga a los candidatos del capital a ir a este choque, a ir a este golpe económico. Cuando vayan a este golpe económico, van a tener que enfrentarse seguramente con una gran reacción popular y, si no van a este choque, por temor a esa reacción popular, se van a enfrentar con su propia impotencia y, como Jorge señaló en varios reportajes en Salta, a lo mejor no llegan ni al 1° de marzo. Ni a la asamblea legislativa. Es decir que los que todavía no ganaron este domingo se enfrentan con el dilema de una confrontación histórica con la clase obrera, o con rumiar su propia incapacidad y hacerse cargo de ella a través de una nueva y grave crisis política.

Los intereses en pugna

Esta es la situación que tenemos por delante. Por supuesto, toda esta historia de la unidad nacional, de que ahora podemos juntarnos y todo lo demás, ¿por qué no lo hicieron antes? Estas fracciones que hoy disputan y que se van a enfrentar el domingo están profundamente divididas. Divididos en torno de claros intereses capitalistas. En un sentido, la elección del domingo es como un concurso de acreedores. Es como una empresa que quebró, donde se van a sentar a la mesa los acreedores que quieren ver cómo le cobran al quebrado, y cada uno de ellos tiene afinidad con alguno de los diversos acreedores. Miren: Milei, con su famosa dolarización, ahora nos venimos a enterar de que su principal asesor económico, Darío Epstein, parece que el muchacho se hacía una changa en todo este tiempo como representante de BlackRock en la Argentina. Y que BlackRock vería la posibilidad meterse en la financiación de la famosa dolarización, haciendo un préstamo de dinero a cambio de garantías, no de papel, garantías reales. Los activos de YPF, el litio, el gas. BlackRock ya tiene acciones en empresas energéticas, en la propia YPF. Política Obrera denunció a Milei como agente de BlackRock hace dos años. Nadie lo hizo, lo hicimos nosotros hace dos años. Ahora aparece esta cuestión.

Después vemos a Bullrich conchabada por el gran capital que está en una gran fundación empresaria que quiere ver de qué manera también se van a cobrar su deuda, y que no son los mismos que están con Milei o con Massa. Y Massa, miren, solo dos cosas: se lo dije recién al periodista de la TV Pública que vino acá. No sé si el sábado el domingo, en la mesa de Mirtha Legrand, colocó su punto, le puso la frutilla al postre y dijo: “Docente que hace huelga, docente que no cobra”. Y el círculo rojo que lo habrá escuchado habrá dicho: “tenemos con quién, tenemos con qué”.

Ayer, este mismo Massa anunció esta medida muy interesante, el “tarifazo voluntario”. ¿Querés pegarte un tiro? Acá tenés el revólver, te podés pegar un tiro solo y pagar $1.000 el boleto de colectivo. ¿Cuál es el sentido de esto? Uno lo puede interpretar de dos maneras. En lo inmediato, es como decir: “qué buenos que somos, gracias a los subsidios no tenés que pagar el boleto de $1.000”. Pero mirándolo un poquito para adelante, preparan el terreno para decirnos: “mira, $1.000 no te voy a cobrar, pero 55 tampoco. Partamos la diferencia, te cobro 500 y todavía te estoy regalando 500”. Es la preparación del tarifazo.

Entonces, lo que tenemos, compañeros, detrás de las peleas, de las chicanas, de los escándalos, un denominador común, un denominador social, de clase, que es la voluntad de estos “tres mosqueteros” de marchar a una ofensiva decisiva, profunda, contra la clase obrera. Este es el sentido de la elección, este es el mandato del capital sobre Milei, sobre Massa, sobre Bullrich, y esto tiene que ser explicado para restar todo apoyo político a los candidatos del gran capital, a los candidatos del golpe económico, a quienes se quieren servir de la elección con este propósito reaccionario.

El FIT-U

Compañeras, compañeros: la izquierda que aparece representada en esta elección porque logró ingresar en la elección general, no se aproxima ni por asomo a esta caracterización política, a este planteo, a esta consideración que hacemos sobre el escenario político y sobre las tareas que, naturalmente, se les plantean a los trabajadores, que es preparar una lucha a fondo, de conjunto, contra este golpe económico reaccionario. Y hacerlo de modo autoconvocado, concurrir a los lugares donde las bases obreras se reúnen, para promover la coordinación de las luchas, pasar por encima de las divisiones que en tantos lugares coloca la burocracia, preparar una intervención histórica de los trabajadores frente a una crisis que también marca un punto histórico excepcional.

Nada de esto está presente en el planteo político de la izquierda, ni en lo que tenga que ver con las elecciones. En un momento donde se está preparando y se está enhebrando un enfrentamiento social de este alcance, la izquierda afronta el escenario electoral desde un planteo de carácter parlamentario. Proponer esta u otra ley en el Congreso, votar una representación que será minoritaria en el Parlamento. ¡No hay un llamado a la organización obrera frente a la crisis que se viene! ¡No hay una sola denuncia frente a este escenario catastrófico, hiperinflacionario que preparan los candidatos del capital! En un cuadro donde los demás nos mienten, con promesas y palabras de todo tipo, “país normal”, país de esto, país lo otro, la izquierda ha asumido su propia impostura: “votanos en el Congreso”, “ni cómplices ni tal otra cosa”… Hoy, una izquierda que hiciera un aprovechamiento electoral revolucionario, podría estar convocando a los trabajadores a la autoorganización e ir a la preparación de la huelga general que, necesariamente, debería abrirse paso como resultado del ataque que se viene. Y esto está completamente ausente, no existe. En las calles, en los afiches, no existe. Entre cuatro partidos de izquierda, hay cuatro campañas diferentes. Cuatro afiches diferentes, probablemente cuatro cierres de campaña diferentes, o tal vez ninguno, no lo tengo totalmente claro. Pero no existe ningún mensaje político que tenga que ver con el escenario que hemos presentado acá. Esta ruptura inclusive en la campaña común, que ya habíamos visto elevada a la enésima potencia en las PASO, por supuesto que está asociada al carrerismo electoral y parlamentario. Quién puede obtener un cargo acá, un cargo allá. Y la voluntad de ingresar al escaño parlamentario, que el otro día no me acuerdo si en un reportaje o un spot, ¿cómo fue fundamentado?: “votá a los parlamentarios que no se van a dar vuelta, que no se van a vender”. A una corriente socialista en el escenario de esta crisis, ¿le alcanza para presentarse como alternativa política con un certificado de buena conducta? ¿Es eso lo que estamos discutiendo hoy? Mientras tanto, el FIT-U lleva adelante en el Parlamento la política del mal menor. Se vota una ley de alquileres peor que la ley que existía, pero no tan mala como otra que se podía llegar a dar, y en vez de llevar adelante una agitación política mostrando la incompatibilidad entre la vivienda y el capitalismo en derrumbe, en crisis, y el llamado desde el Parlamento a luchar por una salida obrera, se opta por el mal menor.

Entonces, nuestro rechazo al voto a las fuerzas existentes se extiende a la izquierda. No queremos comprometer nuestra política, nuestro futuro, nuestro horizonte estratégico con un voto que, de nuestra parte, introduciría un gran elemento de confusión política. Alguien puede decir: “bueno, pero es una elección, en la elección hay cinco alternativas, vos tenés que decidir, vos tenés que elegir de una u otra manera”. Nunca, no hoy, nunca, nuestra corriente analizó la realidad de esa manera. La elección está enmarcada en un proceso político, en una crisis; la elección está encarnada por fuerzas políticas, sociales, concretas, que deben ser caracterizadas, y el proceso político que se viene también debe ser caracterizado. Pero si eso es válido de un modo general, compañeras, compañeros, eso es válido más que nunca hoy. En circunstancias políticas donde la crisis lleva a la Argentina a una situación prerrevolucionaria, donde se van a poner a prueba estrategias políticas, es muy claro que necesitamos como nunca trazar una delimitación política muy clara y dar, con el voto, no simplemente una señal en relación a la elección del domingo, sino en relación al proceso político en desarrollo. Y en medio de esta crisis histórica más que nunca hay que delimitar campos muy claramente entre una izquierda que no explica, no prepara, no lucha ni organiza a la clase obrera en función de la crisis en desarrollo y otra izquierda que explica, prepara, organiza y lucha con los trabajadores en función de una crisis histórica y un choque decisivo entre la burguesía y los trabajadores. Ese es el desafío que tenemos planteado, es un voto, que ustedes dirán que es sólo una acción electoral. Pero que no es “electoral” o, en todo caso, es mucho más que electoral. Piensen en todo este escenario que estamos colocando acá.

Ustedes se dan cuenta de que este es el voto en blanco de una corriente que no es votoblanquista. ¿Qué quiero decir con esto? Que cuando vienen las elecciones se limita a decir: “voto en blanco, no nos interesa, no estamos dispuestos a hacer del proceso electoral una tribuna, un campo de lucha”. No, no es nuestro caso. Y es muy claro que no es así porque fuimos a las elecciones PASO. Todo esto que estamos diciendo acá lo dijimos en las elecciones PASO. Luchamos por ese planteo, en los pocos programas de televisión que fuimos, desenvolvimos este planteo que está acá, hicimos spots llamando a los trabajadores a tomar el timón de esta lucha en sus manos. Dimos una batalla extraordinaria para que el voto a Política Obrera estuviera en todo el país. Esa lucha extendió el alcance de Política Obrera, hoy tenemos una realidad nacional, territorial, que es más sólida que antes, es indudable. Pero la circunstancia que tenemos hoy obliga a introducir el cuchillo. Separar los campos y dejar muy en claro una posición, de cara a acontecimientos políticos que juzgamos que se ciernen.

Una lucha internacional

Compañeras, compañeros, quiero terminar como empecé, porque ustedes fíjense en lo siguiente: hablé de una elección, un proceso electoral reaccionario, dirigido a consagrar al demiurgo de esta contrarrevolución social, pero un aspecto muy claro de ese proceso electoral reaccionario es, en parte su desconocimiento, y en parte su falsa conciencia respecto de un escenario mundial.

Y tenemos esta crisis en Palestina, esta masacre, todo lo que hemos denunciado, pero esta guerra en Medio Oriente es el cuarto frente de guerra de un escenario de guerra internacional, que está presente en Ucrania y Rusia, que está presente en el África Occidental, que está presente en el Cáucaso y ahora presente también en Medio Oriente.

Y acá también, compañeros, tenemos que colocar esta delimitación fundamental. Yo me pregunto: ¿dónde están los que hace un año y medio, cuando empezó lo de Ucrania, hablaban de “una guerra local”? “Local”, localizada, no un conflicto de alcance mundial. ¿Y los que, a caballo de una pretendida “autodeterminación” de Ucrania, subordinada frente a lo que es una guerra imperialista y un choque de otro alcance de la OTAN contra Rusia, se volcaron al campo de la OTAN para el apoyo a Ucrania y están en el FIT-U? Ahora, se movilizan por Palestina contra la OTAN, pero han estado con la OTAN. ¿Ustedes se dan cuenta de cómo se disuelve, se desarma, se descompone una izquierda que no pasa la prueba de esta crisis nacional ni de esta crisis mundial?

Nosotros podemos decir con toda claridad que integramos esta lucha de hoy, y nos vamos a movilizar por Palestina, en un escenario de guerra internacional que es la manifestación de la decadencia y las contradicciones de un régimen social que intenta dirimir esa crisis a través de la masacre, de la muerte y de la guerra. Digamos sobre esto otra cosa más, compañeros: en el corazón del imperialismo mundial, en Estados Unidos, hoy se está procesando una gran crisis interna y esta gran crisis interna tiene que ver con que el imperialismo necesita financiar la guerra. La guerra chupa recursos, los chupa de los países atrasados; por ejemplo, capitales se corren de acá y se van a los polos financieros de Estados Unidos a financiar la guerra de la OTAN. Pero también necesitan ajustar la salud y la educación en los Estados Unidos, en un momento histórico para los Estados Unidos en materia de huelgas y de movilizaciones. Este es el cuadro más general en el cual tenemos que insertar nuestra lucha. ¿Cuál es esa lucha? Construir un partido obrero revolucionario en el momento más álgido, más profundo, más brutal de la crisis del capitalismo.

En nombre de eso, compañeros, y con esta convicción política, hay que ir a explicar esta política en los lugares de trabajo, en la fábrica, particularmente en las fábricas. Escuchemos con atención todo lo que dijo Pablo, lo que dijo en definitiva es que se está calentando un volcán al interior de la clase obrera argentina. No hay que esperar para que todo esto tenga su desenlace. No, hay que ir ahora. Tomar contacto, llevar nuestro periódico, llevar nuestros volantes y hacerlo con la convicción de que hemos rescatado un hilo histórico fundamental: el del Partido Obrero, de sus 50 años, el de Política Obrera de hoy y tenemos esa riqueza, ese patrimonio extraordinario para organizar hoy un gran partido revolucionario de la clase obrera.

Gracias, compañeros.

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"La posición de Política Obrera frente a las elecciones" Hablan Pablo Busch y Marcelo Ramal 17/10/23 Publicado en el canal de YouTube de Política Obrera.

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