Prepagas y obras sociales, en estado terminal

Escribe Daniela Magoc

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El pasado 21 de septiembre, más de 30 asociaciones médicas anunciaron en un comunicado la decisión de cobrar un “bono complementario no reintegrable”, para llegar a cubrir los $6.000 que los y las profesionales de la salud reclaman que deberían estar cobrando por consulta.

La diferencia entre lo que la cobertura abona al profesional y ese honorario, desde entonces, lo deben abonar los afiliados y afiliadas. “Definitivamente, el sistema de OOSS/Prepagas se encuentra en su etapa terminal”, posteó un médico en la red social X –antes Twitter. Se trata de una respuesta a la decisión de las patronales de la salud privada de congelar los honorarios ante la dilación, por parte del gobierno, en autorizar nuevos tarifazos. La combinación de la inflación, la devaluación y el cepo a las importaciones -que afectan a insumos esenciales- han puesto al sistema en ruinas. Como si esto fuera poco, entidades que agrupan a cirujanos cardiovasculares y cámaras que representan a empresas proveedoras de productos para el sistema sanitario, han informado acerca de la disminución de los stocks destinados a cumplir con la demanda de laboratorios de análisis clínicos, hospitales, clínicas, empresas de emergencias médicas, obras sociales y programa de salud nacionales, motivo por el cual manifiestan dificultades para programar intervenciones quirúrgicas a más de 15 días.

La medida cuenta con el aval de 50 sociedades científicas y asociaciones profesionales. Comenzó a hacerse efectiva durante la primera semana de octubre y afecta a usuarios tanto de prepagas como de obras sociales. El comunicado emitido refiere que “los médicos de la República Argentina no tenemos motivos para celebrar. Estamos atravesados por una triste realidad: una crisis que ha llevado los honorarios médicos al nivel más bajo de la historia” (Clarín, 21/09). Según estimaciones, los honorarios profesionales, hace siete años representaban entre el 15 y el 20% del gasto de las compañías de salud, pero hoy se llevan solo el 8% del total, el 10% en los mejores casos (Clarín, 19/09). Los honorarios, además de ser bajos, se pagan con demora a 90 o 180 días. Se produjo un verdadero éxodo de profesionales de las cartillas para pasar a atender en consultorios privados.

El precio promedio de un plan de medicina prepaga se encuentra entre $15.000 y $45.000 por mes por persona (valores actualizados a septiembre 2023, ver www.miobrasocial.com.ar). Este valor varía dependiendo de la persona o grupo familiar (edad, necesidades, ubicación, estado de salud, etc.). A este costo, se suman, entonces, los costos extras para prestaciones como odontología, oftalmología, dermatología. También en las operaciones, ya sea por la anestesia, por las prótesis, o para cubrir el pago del anestesiólogo. También hay extras cobrados por la medicina prepaga en las llamadas "atenciones de alta complejidad", en especialidades para enfermedades de larga atención o incurables. (Clarín, 2/10). En las obras sociales sindicales, también se implementa el cobro de copagos para consultas médicas o realización de estudios. Poco antes, varias obras sociales sindicales habían establecido un “bono mensual solidario” a los afiliados directos y monotributistas.

Lo cierto es que las enormes sumas que las prepagas embolsan todos los meses con el cobro de las cuotas, no repercute en el nivel de atención ni en los honorarios de los profesionales. Tampoco se sabe realmente qué sucede con este dinero que ingresa, ya que las patronales mantienen sus libros contables cerrados bajo cuatro llaves. Lo mismo sucede con las obras sociales y los aportes que se descuentan mes a mes del sueldo de sus afiliados. Las prepagas, además, fueron beneficiadas con la exención del pago de impuestos por cargas sociales, por medio del decreto 478/2023 publicado el 14 de septiembre, para todas aquellas que congelen cuotas por 90 días. El interés de las prepagas no es garantizar la salud de sus afiliados y afiliadas, en realidad son financiadores cuya única obligación es cubrir lo que dispone el Plan Médico Obligatorio, una canasta de prestaciones básicas. Luego, la cobertura depende según la empresa de medicina privada, el plan que se tenga, el lugar de atención y los profesionales.

La raíz de la crisis

El problema se encuentra en la inflación creciente. Con salarios a la baja, disminuyen los aportes que se derivan a las obras sociales o prepagas. Se agudiza con la desocupación y el crecimiento del trabajo no registrado o informal. La fuga de las obras sociales y prepagas, asimismo, provoca el incremento de la demanda en el vaciado sistema de salud público. El cobro de copagos, aumento de las cuotas, la demora en conseguir turnos o programar una operación, el achique de prestaciones, el vaciamiento de las obras sociales sindicales, no hacen más que alejar a la clase obrera del derecho a la salud.

La presente crisis es una clara demostración de que el sistema capitalista no puede garantizar la atención mínima de la salud a la población trabajadora y, al mismo tiempo, seguir sosteniendo las enormes ganancias de las empresas de la salud privada. Necesitamos un programa que defienda el derecho a la salud de la clase obrera: apertura de los libros contables de las empresas de la medicina privada, obras sociales y laboratorios y farmacéuticas, bajo el control comisiones electas por trabajadores y usuarios. Salario mínimo igual al costo familiar, de los profesionales de la salud, y de usuarios y usuarias del sistema, aumento de los honorarios a cargo de las patronales, centralización del sistema público y privado en un único sistema, bajo control de los trabajadores.

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