“El que las hace, las paga”, una expresión de la oligarquía

Escribe Eugenia Cabral

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La ministra Patricia Bullrich viene agotando desde hace 50 años uno de los esperpentos políticos más acabados de la política argentina. De la jotapé montonera en los 70 hasta la derecha liberal de Macri y ahora el gobierno “libertario” de Milei, sus acrobacias la han terminado colocando del lado del imperialismo norteamericano a rajatablas, pero además delata su origen de clase oligárquico hasta en mínimos detalles. O no tan mínimos tratándose del lenguaje. La expresión “El que las hace, las paga”, que acaba de usar para referirse a la represión de las manifestaciones sociales con corte de calles, rutas, puentes, lo usó la Inquisición española en el virreinato colonial del Río de la Plata en su persecución de las supuestas brujas poseídas por Satanás.

Juicio y condena a “la Negra Inés”

En octubre de 1702, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, la esclava de origen africano a la que llamaban “la Negra Inés” fue acusada por el terrateniente Francisco de Luna y Cárdenas de “pública hechicería y tratos con el demonio” y de “atentados criminales mediante encantamientos”, contra sí mismo y contra su esposa, Isabel de Vera y Aragón.

La confesión de “la Negra Inés” será lograda con el horroroso método de la Inquisición española: la cárcel y el “potro” de tortura, es decir, un instrumento que estiraba las articulaciones del cuerpo al límite del descoyuntamiento. La esclava fue condenada a muerte, constituyéndose en el único caso en el virreinato del Río de la Plata que llegó a ese extremo de represión. Aunque tuvo un defensor de oficio, el odio de clase descargó sobre la esclava la culpabilidad por hechos indemostrables, cayendo en acusaciones absurdas, pero alguien tenía que pagar por la infelicidad del matrimonio Luna y Cárdenas-de Vera y Aragón.

Según el expediente donde consta su juicio y condena, el 1 de diciembre de 1703 “la Negra Inés” fue paseada a lomo de burro por las calles de San Miguel de Tucumán y, en cada esquina, se la hacía parar mientras el pregonero oficial gritaba “¡Quien tal hace, tal paga!”, para producir temor al escarmiento que sufrirían los súbditos del virreinato si contradecían a la iglesia católica e instituciones coloniales, como la esclavitud y el latifundio. Finalmente, fue ejecutada por “garrote vil”, una cruel manera de hacerlo, y una vez muerta su cuerpo fue echado al fuego. Las brujas, al infierno.

“Quien tal hace, tal paga”

De la barbarie colonial hispana -que en el Río de la Plata se rompe, así sea limitadamente, en 1810, 1813 y 1816, además de la campaña americana del libertador General José de San Martín- a los días de los candidatos electrónicos del siglo XXI, el contexto social y cultural ha cambiado mucho. La esclavitud constitucionalmente no está permitida, pero existe el trabajo esclavo en talleres clandestinos. El latifundio de los terratenientes no cambió nunca, solo que ahora siembran soja en lugar de vacas y cereales. Las minas de oro y plata ya prácticamente se extinguieron, pero quedan yacimientos minerales, agua e incluso tierras para seguir “marchanteando”, como dijo el comandante Prado después de la “Conquista del desierto”. Y sobre todo queda la fuerza de trabajo de la población argentina que, cuando se convierte en desocupación o en precariedad, reclama sus derechos de supervivencia formando piquetes y cortando calles, desde los 90 hasta el presente, con sus 127 activistas asesinados durante estos años “democráticos”. Entonces aparece la oligarca capitalista y proimperialista Bullrich amenazando con la antigua fórmula de la Inquisición española (modernizada en su gramática para las redes sociales): “El que las hace, las paga”.

¿Hasta cuándo la tiene que pagar el pueblo, Bullrich? No me respondás, cualquiera sabe que el capitalismo es insaciable.

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