Crítica al balance del comité ejecutivo del partido obrero sobre la elección del FIT-U

Escribe Camila P

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  1. La clase obrera ya está interviniendo en el proceso político. No solo lo viene haciendo desde el año pasado, con los diferentes conflictos que hubo en los distintos lugares de trabajo, los tres paros generales arrancados a la burocracia, la rebelión educativa y con el movimiento de mujeres por el aborto legal; sino que este año en particular, el proceso electoral está atravesado por una enorme cantidad de luchas en curso, que incluye la ocupación de los lugares de trabajo que cierran y despiden. Suschen-Mielcitas, Ran-Bat, la 165, Canale, son algunos ejemplos. A su vez, producto de estos conflictos se empieza a ver la intencionalidad de la coordinación de los trabajadores, que se acercan a las fábricas ocupadas y a las movilizaciones que se convocan, a solidarizarse y trasladar su experiencia a los lugares de trabajo que se van sumando. Es el caso de la 165 acercándose a Mielcitas y a Ran-Bat, de los papeleros de Kimberly con Ansabo y de Cresta Roja, la 165 y Canale poniendo en pie un festival solidario en conjunto para colaborar con la cooperativa y difundir la situación en la que se encuentran en todos los lugares de trabajo, entre otros. La tarea de convocar coordinadoras para trazar una perspectiva de conjunto de todos estos sectores, a la huelga general y a un congreso de bases del movimiento obrero para definir un plan de lucha nacional está a la orden del día.
  2. La llegada de Fernández-Fernández al poder, y por ende a las elecciones de octubre, no puede darse por consumada. Al día siguiente del derrumbe electoral de Macri, tenemos una disparada del dólar que significará la caída del poder adquisitivo de todos los trabajadores. En un cuadro de despidos y paritarias a la baja firmadas por la burocracia sindical, pero también, como dijimos más arriba, de enormes luchas, no debe descartarse la posibilidad de una salida anticipada del gobierno. La tarea de la izquierda es, por un lado, convocar a la clase trabajadora a no esperar a las elecciones para echar a un gobierno destruido y con un enorme rechazo popular. Por el otro, agitar la rebelión popular entendiendo que la posibilidad de llegada de F-F a la Casa Rosada es una bomba de mecha corta, porque cuando quienes votaron esa fórmula en contra de las políticas del FMI, de los tarifazos, de los despidos, de la caída salarial, etc., se encuentren con un gobierno que convoca a un ´pacto social´ para aplicar la receta del Fondo Monetario, vendrán nuevas movilizaciones populares. Es necesario agitar una salida de poder de la clase obrera, que debe ser la de una asamblea constituyente, soberana y con poder que tome todas las medidas de emergencia necesarias para la clase obrera, en la perspectiva de un gobierno de trabajadores.
  3. El resultado electoral del día de ayer debe contextualizarse en la situación que atraviesa América Latina. Hay un fracaso absoluto y veloz de los gobiernos de "derecha", que en todas las oportunidades se han encontrado con la movilización popular como respuesta. El porcentaje, por lejos mayor, de F-F nos arroja dos conclusiones. Primero, un revés y un golpe para la línea política que se venía imponiendo electoralmente, de los Macri, Bolsonaro, Piñeira y Duque. Segundo, que en tanto la tendencia que se impone a nivel continental es la de la respuesta de la clase obrera ante los gobiernos recientemente asumidos, no será otra la realidad con la que se encontrarán los Fernández a la hora de implementar la reforma laboral, previsional, educativa y todas las medidas en contra de las condiciones de vida de la mayoría laboriosa. La iniciativa estratégica ha pasado, más que nunca, a la izquierda independiente, que frente al fracaso absoluto de la clase capitalista tiene la tarea de organizar a la clase obrera por una alternativa de poder propia, sin caer en parlamentarismos ni fetichizaciones de los procesos electorales.
  4. Todo error de caracterización política debe tener su correspondiente balance y ajuste necesario. El FIT planteó que esta elección se daba en el marco de una polarización, pero ha quedado demostrado que uno de los "polos" llegaba en terapia intensiva, es decir, imposibilitado de ser alternativa. La misma equivocación vale para el “planchazo” de la clase obrera, desmentido por el rol activo que está cumpliendo en la crisis, lejos de conformarse con esperar a un resultado electoral. A los socialistas nos caracteriza la crítica marxista para la corrección de los errores de caracterización. Particularmente en el PO, fue lo que hicimos en el período 1999-2002, cuando erramos en el crecimiento que pronosticábamos para la izquierda y en la etapa de la crisis que nos encontrábamos en aquél momento (ver "El Partido Obrero a Prueba", PO N° 647). Hoy, sin embargo, nos encontramos con un balance de características opuestas. Los balances autocomplacientes no deben tener lugar en los partidos revolucionarios. El derrumbe electoral de Macri ha dejado en evidencia, por si es que no había claridad suficiente, el rechazo popular al macrismo. El FIT-U, al no haber tomado nota de eso y haber calificado la consigna "fuera Macri" de kirchnerista, ha hecho un favor al kirchnerismo permitiendo capitalizar ese repudio en el terreno electoral. Pero lo que es más grave aún, se ha privado de ofrecer una alternativa por fuera de las elecciones y no ha denunciado el carácter distraccionista de las mismas; por el contrario, ha llegado a afirmar que las elecciones deciden quién paga la crisis, como si al capitalismo se lo pudiera doblegar por medio de una papeleta electoral y no a través de la acción directa de las masas. El valor de la intervención electoral de la izquierda tiene lugar en tanto se convoca a los trabajadores a no votar por sus verdugos, a fortalecer las listas de la clase obrera, que serán las que en el parlamento servirán de tribuna para la agitación de la rebelión popular en medio de esta crisis; es decir, señalando los límites de las elecciones, se interviene en éstas, para fortalecer la alternativa con la cual debemos organizarnos para dar una salida a la crisis fuera de las elecciones, dado que éstas no resolverán la salida al ahogamiento de las condiciones de vida que vive la clase trabajadora
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