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Zohran Mamdani fue investido como intendente de Nueva York por la fiscal general Lettita James, en horas tempranas de la mañana. Después del mediodía repitió la ceremonia, en un espacio abierto y una temperatura de 12 grados bajo cero, pero esta vez sobre un ejemplar del Corán de su padre, ante los senadores demócratas (socialistas) Bernie Sanders y Alexandra Ocasio Cortés. Mamdani, un socialista auto-declarado, no es, ciertamente, ateo; probablemente se aparente a los líderes clericales que en las últimas décadas han abogado por la unión del universo religioso. En cualquier caso, la victoria rotunda de Mamdani contra el “establishment” demócrata y republicano ha representado un giro político sin precedentes, nada menos que en la metrópoli del imperialismo.
El discurso de aceptación buscó eliminar las sospechas de que la llegada al gobierno significaría un abandono o recule en cuanto a su programa (una tendencia que fue bautizada en Argentina como el “teorema de Baglini”). Mamdani afirmó que gobernaría en forma “expansiva y audaz”, o sea que no se baja del caballo. En forma abreviada, insistió en que congelaría los alquileres regulados, que abarcan a un millón de viviendas; que construiría 200 mil viviendas asequibles antes de 2030; y establecería la gratuidad en el cuidado de la niñez y en el transporte público. El nuevo gobernante, que administrará un presupuesto de 116 mil millones de dólares, aseguró que subiría un 2% el impuesto a las altas categoría de ingresos, para financiar el plan habitacional. La gobernadora del estado de Nueva York, de cuya legislatura depende el impuesto a los ingresos, declaró que apoyaría la cobertura de los cuidados, pero no el transporte gratuito – algo que la indispondría con los restantes municipios del estado.
Estamos ante un programa limitadamente reformista, que podría incluir en algún momento la reforma de la Constitución del distrito de la capital. Mamdani ha sostenido en forma reiterada que impedirá el ingreso de la Guardia Nacional a la Ciudad por parte de Trump para desalojar a los inmigrantes indocumentados o no. Una serie de reveses judiciales, sin embargo, han forzado a Trump a retirar la Guardia Nacional de Los Ángeles, Portland y Chicago. La ofensiva de Trump contra los derechos constitucionales podría convertir a Mamdani en un referente nacional de la resistencia en este año de elecciones intermedias; el Partido Demócrata, en cambio, ha ido a la rastra de Trump. La gestión de Mamdani no se circunscribe, en definitiva, a los asuntos municipales, incluso porque lo que ocurra en Nueva York será tomado como referencia en muchas ciudades – empezando por las aledañas.
El planteo reformista no significa, sin embargo, que Mamdani tenga un plan de lucha contra los altos círculos capitalistas que dominan este epicentro internacional, en especial el sector inmobiliario, que proyecta nuevos edificios en torre para 2026. En la previa a la inauguración, ha tenido reuniones con varios líderes mayores del empresariado; ha designado en su gabinete a funcionarios de administraciones anteriores. La piedra mayor de las dificultades ha sido con Jessica Tisch, la jefa de la Policía de Nueva York, una trumpista de familia multimillonaria. El NYPD es una de las instituciones más ‘brutalistas’ del país. Tisch aceptó continuar en el cargo luego de un acuerdo con Mamdani, que supone algunos cambios en la policía “anti-disturbios” y en el tratamiento de delitos relacionados con la salud mental. Es un acuerdo atado con hilos, que procura evitar una ruptura prematura para la “paz social” de la Ciudad. Tisch llegó a la jefatura de la fuerza bajo la administración anterior (intendente Eric Adams), en medio de un cuadro de escándalos y crisis. El Departamento de Justicia ha pedido que se retiren los cargos criminales contra Adams (como en el caso de Bolsonaro) por comprobados delitos de corrupción. En resumen, Mamdani asume la dirección de un distrito fundamental en medio de una enorme crisis política por arriba – no solamente una fuerte indignación desde abajo.
En las circunstancias actuales de guerras y genocidios, la metrópoli del imperialismo ocupa un lugar estratégico. Las elecciones neoyorquinas se desarrollaron en medio del genocidio sionista en Palestina y desató la mayor oposición internacional de la población que se referencia en el judaísmo y que apoyó en gran parte a Mamdani. El genocidio no ha concluido cuando se avecinan nuevas guerras, en Venezuela e Irán, y un agravamiento excepcional de la guerra de la OTAN y Rusia en Europa. Los cambios políticos en Nueva York traducen una situación que, abajo de ellos, tiene otros alcances – de carácter revolucionario.
