Putín pacta con el imperialismo a expensas de Irán

Escribe Camilo Márquez

El entierro definitivo de los BRICS.

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Diversos medios europeos advierten que la guerra desatada por el duopolio estadounidense-israelí, está complicando las negociaciones de guerra en Ucrania. Una nueva ronda de conversaciones que se esperaba para principios de este mes, se ha pospuesto, ya que Washington centra ahora su atención en la crisis de Irán. Los estadounidenses están dispuestos a reunirse, pero solo en Estados Unidos, porque la guerra y la situación de seguridad actual les impiden salir del país, dijo Zelenskyy (citado por Ukrinform). La delegación ucraniana confirmó su disposición a volar a Miami o Washington, pero la parte rusa declinó y ofreció como alternativa Turquía o Suiza. Los estadounidenses rechazaron esta opción.

La guerra en curso en Irán genera para Rusia efectos contradictorios. Por un lado, en el plano económico, Moscú podría obtener beneficios a corto plazo gracias al fuerte alza en los precios internacionales de la energía, aunque el crudo ruso suele cotizarse con descuento significativo respecto al Brent -referencia global del crudo- por las sanciones occidentales

El cierre efectivo del estrecho de Ormuz ha dejado atrapado en el Golfo Pérsico aproximadamente el 15-20% del suministro mundial de petróleo. En diciembre pasado, el precio del Brent tocó un mínimo de cinco años en torno a los 60 dólares por barril, lo que llevó a analistas y a la industria a prever un escenario de super excedente y precios bajos prolongados. La actual disrupción ha provocado un repunte vertiginoso: ronda ahora los 100-103 dólares por barril (con picos superiores a 105-106 en días recientes. En respuesta a esta crisis energética, el 12 de marzo Trump emitió una exención temporal de las sanciones contra el Perú de Rudy (válida inicialmente por 30 días) que permite a todos los países adquirirlo ya cargado en buques cisterna antes de esa fecha, sin incurrir en violaciones de sanciones. La medida, anunciada por el Departamento del Tesoro, busca inyectar rápidamente volúmenes adicionales al mercado global para mitigar la escalada de precios.

El intento del imperialismo de reestructurar el mercado mundial de hidrocarburos “a expensas de Rusia, sin Rusia y en contra de Rusia, ha fracasado” celebra un analista en el medio estatal RT.

En el ámbito militar, el conflicto también juega a favor de Rusia: el gasto masivo de misiles antibalísticos y sistemas de defensa aérea por parte de Estados Unidos está agotando sus reservas, lo que limita la capacidad de Washington para transferir o vender ese armamento a la Unión Europea y a Ucrania en cantidades significativas. Sin embargo, estos beneficios quedan opacados por una pérdida estratégica de mayor calado: la agresión contra Irán pone de manifiesto el aislamiento internacional de Rusa. Lejos de alentar o respaldar activamente a Teherán, Moscú ha adoptado una postura contenedora: “El 6 de marzo, el Sr. Putin habló con Masoud Pezeshkian, presidente de Irán y pidió el cese de las hostilidades. Horas después, el Sr. Pezeshkian se disculpó con los países vecinos de Irán y se comprometió a dejar de atacarlos con misiles y drones.” (The Economist)

Este comportamiento se alinea con decisiones previas: cuando ambos mandatarios firmaron el tratado de asociación estratégica en enero de 2025, Putin se negó a entregar a Irán los avanzados sistemas antiaéreos S-400, pese a haberlos vendido a Turquía y ofrecido a Arabia Saudita en el pasado. Esa negativa fue interpretada como un guiño deliberado hacia la administración Trump y hacia los intereses de seguridad de Estados Unidos e Israel, que veían con preocupación la posibilidad de que tales sistemas complicaran un eventual ataque contra las instalaciones nucleares iraníes.

Por un lado, Rusia obtiene, en todo este entrevero, ciertas ganancias tácticas y económicas coyunturales, pero arruina su credibilidad como “potencia protectora”. Tras la guerra de doce días en junio del año pasado, Rusia anunció que ayudaría a Irán a construir una central nuclear e insinuó la venta de aviones Su-35, el caza de superioridad aérea más avanzado de la Fuerza Aeroespacial Rusa, y uno de sus pilares tácticos. Una semana después, Trump amenazó con suministrar misiles Tomahawk a Ucrania. Tras una conversación entre Trump y Putin el 16 de octubre, ambas amenazas fueron retiradas. “La primera respuesta de Putin al asesinato de Jamenei se limitó a un telegrama de condolencia publicado en la página web del Kremlin (…) No mencionaba a los responsables.” (The Economist 7/3).

Vladimir Putin atraviesa un momento especialmente complicado en el plano internacional. Un aliado histórico de Rusia, ha sido asesinado en una operación que contó con el pleno respaldo de otro socio estratégico suyo: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Lo ocurrido en Irán golpea particularmente porque se desarrolla en lo que Moscú considera su área de influencia natural, no solo por cuestiones geográficas, sino también por el peso que Teherán tiene dentro de los BRICS, el grupo que Rusia -junto a China- impulsa como eje alternativo al dominio occidental.

Las críticas a Estados Unidos se han delegado, en la práctica, al Ministerio de Asuntos Exteriores y a los medios estatales rusos: “Mientras, el Kremlin se esfuerza por consolidar su relación especial con Trump y sus allegados, como su yerno Jared Kushner y su compañero de golf y negociador Steve Witkoff. Estos silencios revelan a Putin como un líder débil” (Foreign Policy 4/3).

El comunicado oficial del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso criticó con especial dureza que “los ataques, (a Irán) se están llevando a cabo, una vez más, bajo el pretexto de la reanudación de un proceso de negociación”. Esta frase hace referencia a lo ocurrido en Venezuela, donde la destitución de Maduro también estuvo precedida por contactos personales entre el depuesto presidente y Trump, así como por conversaciones entre Washington y Caracas. Si unas negociaciones de alto nivel no representan ninguna barrera real para remover a un líder -y el paso de un régimen a otro puede ocurrir en cuestión de horas o días-, ¿qué implicaciones tiene esto para Vladimir Putin en el caso de que las conversaciones sobre Ucrania terminen arrojando un resultado que no satisfaga las expectativas de Trump? La eliminación repentina y violenta del liderazgo iraní vuelve a poner sobre la mesa el delicado tema de la sucesión en Rusia ante una posible destitución abrupta de su máximo dirigente. Altos cargos y sectores clave de las élites rusas podrían empezar a repensar sus estrategias de cara a un escenario de ese tipo, sobre todo al observar el patrón que Trump ha seguido tanto en Venezuela como en Irán: en lugar de apostar por la oposición tradicional para lograr un cambio de régimen, prefiere actuar directamente contra el líder principal, neutralizar (si es necesario) a los elementos más irreductibles y forzar a los restantes miembros de la nomenclatura a alinearse bajo amenaza de eliminación total.

Según informa Axios, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha propuesto que Estados Unidos exporte a Rusia las reservas de uranio enriquecido de Irán como parte de un acuerdo para poner fin a la guerra en Oriente Medio. Según la publicación, Putin se lo transmitió a Trump durante una llamada telefónica el 9 de marzo. El presidente estadounidense la rechazó. El mismo medio consigna que Teherán posee aproximadamente 450 kilogramos de uranio al 60%. Este uranio podría enriquecerse hasta alcanzar un nivel apto para la fabricación de armas nucleares (90%) “en pocas semanas”, lo que permitiría crear diez bombas atómicas. No es la primera vez que Rusia propone retirar este material fisionable de Irán, anteriormente lo almacenó como parte del acuerdo nuclear de 2015.

Hay indicios claros de que los conflictos entre Rusia y la OTAN y en el Golfo Pérsico comienzan a converger también en el teatro de operaciones. El secretario de Defensa británico, John Healey, señaló que Irán parece estar adoptando tácticas perfeccionadas por Rusia en Ucrania, especialmente en el uso de drones y ataques asimétricos. “Esto pone de relieve el creciente intercambio de experiencias bélicas entre Moscú y Teherán, dos países cuya cooperación militar se ha intensificado desde que Irán comenzó a suministrar drones a Rusia al inicio de la guerra de Ucrania” (Newsweek 13/3). El alemán Der Spiegel sostiene que Rusia “proporciona a Irán coordenadas de objetivos para usarlos contra las tropas estadounidenses sin ser castigada por ello”.

Los estados del Golfo han desplegado grandes cantidades de misiles de defensa aérea para contrarrestar los drones Shahed de Irán. Kiev ha puesto a disposición su extendida experiencia en el derribo de drones rusos, para los cuales utiliza una variedad de armamento, incluyendo drones más pequeños y económicos y equipos de interferencia: “Zelenski ha declarado que tanto Estados Unidos como países de Europa, Oriente Medio y África han solicitado ayuda a Ucrania sobre cómo contrarrestar estos ataques” (Reuters).

Las negociaciones artificialmente extendidas están muertas. La OTAN de un lado y Rusia del otro, no encuentran otra salida más que por medio de una escalada. Los límites geográficos de la guerra se han extendido irremediablemente.

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