Escribe Julio Quintana
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La mentada “marcha blanca” impulsada por el presidente colombiano Gustavo Petro en el día de ayer, fue el escenario de presentación del restablecimiento de las negociaciones de su gobierno con el fascista Donald Trump. Esto a pesar de que la convocatoria, respaldada por su coalición política Pacto Histórico, fue presentada inicialmente como una respuesta soberana y antiimperialista contra las declaraciones del presidente norteamericano, en las que afirmaba que Colombia podría ser “la siguiente” en ser atacada, después de su invasión a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa. Desde el palco, Petro informó a los manifestantes sobre su reciente comunicación telefónica con Trump y el inicio de tratativas para una reunión en la Casa Blanca. Esto no lo llevó a precisar si reclamó la devolución de su visa por parte del gobierno norteamericano, anulada después de su participación en la última asamblea de la ONU en EEUU. Posteriormente se conoció que esta reunión estaba siendo gestionada desde hace meses por el embajador colombiano.
En su discurso Petro promovió un “diálogo tripartito” junto a Trump y Delcy Rodríguez para garantizar la paz y la estabilidad de la región, lo que es un aval completo del protectorado impuesto por el imperialismo norteamericano. Su principal preocupación, dijo, fue el evitar el desarrollo de una guerra civil en Venezuela pero también en Colombia. (Infobae Colombia 8-1-26). Petro ya se había propuesto anteriormente como mediador entre Trump y la camarilla de Maduro y fue el promotor de un “gobierno de transición compartido” entre escuálidos y maduristas, a la vez que reivindicó haber jugado ese rol bajo la presidencia de Biden (Infobae 21-11-20205). En su momento la propuesta de erigirse como mediador no prosperó por el rechazo de Maduro.
El interés inmediato de Trump en Colombia es su colaboración política y hasta militar para viabilizar su política de pillaje sobre Venezuela y evitar la desestabilización del conjunto de la región. Es que no sólo los Estados fronterizos de Colombia son territorios dominados por diferentes grupos guerrilleros y paramilitares, lo mismo sucede en los Estados fronterizos venezolanos; lo que plantea un eventual colapso del aparato estatal chavista, una posible balcanización y una disputa por el control de áreas estratégicas, tanto por sus recursos mineros como hidrocarburíferos. Esto lo dejó en claro el ex embajador yanqui para Venezuela, James B. Story, cuando declaró: “Necesitamos una buena relación con Colombia o la zona fronteriza será extraordinariamente difícil de controlar, especialmente si no podemos contar con ellos" (Deutsche Welle en español 4-12-25). Estas informaciones cambian la perspectiva de análisis sobre la movilización de alrededor 30 mil soldados sobre los 2.200 kilómetros de frontera con Venezuela.
Ante los manifestantes reunidos en plaza Bolívar, Petro acusó a la oposición derechista de haber “mal informado” a Trump sobre su papel en el combate contra el narcotráfico y la responsabilizó por las tensiones crecientes en el país. El presidente colombiano buscó explotar ese escenario para favorecer al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, de cara a las elecciones presidenciales del 31 de mayo próximo. Cepeda, encabeza las encuestas ante una diáspora de candidatos derechistas y la liquidación de los partidos históricos de Colombia, el Conservador y el Liberal.
Las elecciones colombianas parecen ser también el escenario en el cual Trump busque garantizar un cambio de régimen en Colombia, lo que no excluye a la coalición de Petro. El razonamiento sería el mismo que lo ha llevado a preservar al aparato chavista en Venezuela, a falta de condiciones políticas de los escuálidos para poder hacerlo sin llevar al país a una guerra civil.
Aparte de su despliegue militar en el Caribe, el imperialismo norteamericano cuenta como herramientas para llevar a cabo su extorsión el financiamiento de la asistencia económica y militar a Colombia en nombre del combate contra el narcotráfico, que no ha cesado bajo el gobierno de Petro, como tampoco el estatus de miembro extra OTAN del país sudamericano. Lo mismo sucede con los aranceles, ya que EEUU es el principal socio comercial y el mayor inversor extranjero con flujos de inversión directa que superan los 1300 millones de dólares (CNN en español 20-10-2025).
De todos modos, la crisis entre Petro y Trump no se ha cerrado. Es la primera manifestación de la crisis continental que ha abierto la invasión yanqui a Venezuela y de la declaración de guerra que significa para América Latina. La posibilidad de una reunión entre ambos antes de las elecciones presidenciales en Colombia dependerá de la colaboración de Petro con el protectorado yanqui en Venezuela y con su extensión a la propia Colombia. Por su línea de conducta ante la amenaza y posterior invasión a Venezuela, la divergencia de Petro con la política de coloniaje imperialista de Trump, sólo hace a las formas de una intervención militar. La clase obrera y los explotados colombianos rebelados entre el 2019 y el 2021, deben discutir un programa propio para intervenir con una posición histórica independiente ante el imperialismo y la burguesía nacional “progresista”.
