Otra “determinación absoluta” de Trump: la guerra contra Irán

Escribe Jorge Altamira

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La cadena de guerras imperialistas desatadas a partir del genocidio del estado sionista contra Gaza y Cisjordania, en octubre de 2023, estaría llegando a su punto de culminación. El imperialismo norteamericano y su socio sionista quieren acabar la faena con una guerra contra el régimen clerical de Irán, mientras prosigue la tarea de poner bajo su dominio a Líbano y Siria, convertir a la Franja de Gaza en un protectorado turístico, anexar los territorios ocupados a Israel y expulsar por completo a Rusia y China de la región. Los ataques militares de Israel a Irán, el año pasado, seguidos del bombardeo a las instalaciones de investigación nuclear de este país y a la capital, Teherán, por parte de la aviación norteamericana, en junio reciente, han sido una suerte de “ensayo general”. Donald Trump, el carnicero de Washington, acaba de añadir aranceles prohibitivos del 25% a los estados que comercien con Irán, como es el caso de China, India, Brasil y Rusia, encima del bloqueo a las exportaciones contra el país que es el segundo mayor productor mundial del crudo. En la secuencia, ha advertido a los ayatollahs que prepara un ataque militar con el pretexto de impedir la continuidad de la represión contra el levantamiento popular que atraviesa a Irán. Los órganos de comunicación del imperialismo se encuentran debatiendo acerca de las condiciones políticas para desatar una guerra inmediata. Trump no ha desplegado aún una flota en la boca del golfo Pérsico, como ocurre en el Caribe, mientras que la prensa israelí asegura desconocer que haya preparativos para un ataque de parte del gobierno de Netanyahu. Referido a un ejército que ha establecido un régimen de movilización militar en 24 horas, esa seguridad no pasa de un eufemismo.

El régimen clerical de Irán ha desatado una represión sin igual, con la confianza de que puede ahogar a un levantamiento que carece de dirección política, mientras no deja de invitar a Trump a iniciar negociaciones. En la agenda se encuentra repetir la operación venezolana (“determinación absoluta”), mediante el asesinato selectivo (no el secuestro) del jefe del estado islámico, Khamenei, y poner el gobierno iraní bajo tutela de Estados Unidos. Esta operación apuntaría a dar a la rebelión popular una dirección política imperialista y usarla como palanca de presión al régimen. Es una incógnita si la Guardia Revolucionaria Islámica, el sostén del régimen, se avendría al mismo compromiso que el aparato estatal de Venezuela estuvo negociando durante mucho tiempo con Trump. El entrelazamiento del ‘establishment’ de Irán con la propiedad económica del estado se asemeja al de Venezuela, y aun más al de Egipto, donde el alto mando militar fingió apoyar la revolución árabe de 2011, para luego dar un golpe de estado con el apoyo de Barack Obama. La piedra de disputa de una negociación con el imperialismo es el control de la economía estatal, donde se asienta el poder real de la Guardia Revolucionaria. La otra incógnita es si una salida ‘a la venezolana’ no podría enajenar el apoyo político a una salida ‘democrática’ del imperialismo por parte de las masas en rebelión. Mientras en América Latina el asalto militar a Venezuela ha sido criticado para las tribunas, por parte de México, Colombia y Brasil, en el Medio Oriente ofrece la resistencia de Arabia Saudita y algún que otro emirato del Golfo, que se habían trazado una ‘normalización’ con el régimen iraní en función de defender la cuota del crudo en el mercado mundial frente a las embestidas de Trump. Otro éxito de la “determinación absoluta” de Trump, liquidaría el régimen de la OPEP – la coalición de estados petroleros y la asociación de Rusia. Sesenta años más tarde del boicot petrolero de los estados árabes a los monopolios petroleros internacionales, Trump podría lograr re-imponer ‘el orden’ en medio de la guerra por el control de las materias primas. Friedrich Merz, el primer ministro de Alemania, se ha pronunciado por un asalto militar inmediato contra Irán.

Por encima de estas operaciones del imperialismo, de un lado, y del régimen clerical, del otro, en Irán se ha producido un verdadero rodrigazo. La moneda iraní, el rial, se ha hundido en las catacumbas de un millón y medio de riales por dólar, seguido de un ajuste social brutal y una suba descomunal de impuestos. Irán ha colapsado como economía organizada. La derecha y el imperialismo llevan la delantera en la determinación de una salida política, como en el caso argentino de junio de 1975, cuando el ala ‘liberal’ de Videla tomó la jefatura del ejército y la organización de “los grupos de tareas”. La bancarrota del nacionalismo ‘dependiente’, de entonces y de ahora (y de más tarde también) es patente. En Europa y en Estados Unidos se desarrolla un escenario complementario. Portugal ha vuelto a manifestaciones masivas contra la contrarreforma laboral (que la burocracia stalinista y socialista se oponen a convertir en huelga general) y en EEUU crece la lucha contra la brutalidad de los grupos de tareas de Trump (ICE) y prosigue la tendencia a las huelgas parciales en la industria y los servicios. En Ucrania colapsan los ‘acuerdos’ de Trump y Putin, y el acaparamiento de Groenlandia por parte de Trump ha puesto de manifiesto los crecientes puntos de quiebra del imperialismo “occidental”. La bancarrota tiene un carácter de conjunto, no se limita a este o el otro de los regímenes políticos. Como lo señaló el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el cuadro político mundial se compone de “estados fallidos”. Es decir (no lo dijo), de la organización del modo de producción capitalista como un todo.

Revista EDM