Escribe Olga Cristóbal
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El plan impulsado por Donald Trump para “terminar con la guerra en Gaza” avanzó hacia la segunda fase. Según afirmó el emisario estadounidense Steve Witkoff, en las negociaciones de El Cairo se alcanzó un acuerdo para formar el “comité tecnocrático palestino que administrará el territorio durante la transición”.
Witkoff evitó cualquier referencia a la retirada de las fuerzas israelíes o a la reapertura del paso fronterizo de Rafah -clave para el ingreso de la ayuda humanitaria y el paso de enfermos-, un compromiso incumplido de la primera fase. El mariscal Al Sisi -un “demócrata” que mantiene 60.000 presos políticos en las cárceles egipcias- anunció que se alcanzó un "consenso" sobre los 15 miembros que integrarán el comité, encargado de administrar la Franja de Gaza.
Witkoff explicó en X que la segunda fase de la propuesta de Trump, de 20 puntos, avanza de un cese el fuego “a una desmilitarización y una administración tecnócrata y de construcción".
De todos modos, “Las objeciones israelíes obligaron a realizar cambios de última hora”. Finalmente, el presidente del comité sería Ali Shaath, un ingeniero que fue viceministro de planificación y presidente de la Autoridad de Zonas Industriales de la Autoridad Palestina.
Shaath es experto en desarrollo económico y reconstrucción, según su biografía en el sitio web del Instituto Palestino de Investigación de Política Económica. Las Naciones Unidas han calculado que la reconstrucción de la Franja costará más de 50.000 millones de dólares, un proceso que se espera que lleve años y para el que hasta ahora se ha prometido poco dinero. Esa reconstrucción no tiene nada que ver con un restablecimiento de las condiciones de vida para la población gazatí – dos millones de personas-.
El comité “tecnocrático” de transición debería gobernar Gaza bajo la supervisión de una Junta de Paz, presidida por el propio Trump. La Junta gobernará con mercenarios armados de la Fuerza Internacional de Estabilización (FIES), aliada de Israel, porque ningún país parece dispuesto a comprometer sus tropas en el terreno, sobre todo los países árabes que temen la repercusión en su propia casa por ejecutar el vaciamiento de Gaza.
El celebrado cese del fuego fue desde el primer día una farsa: los ataques militares de Israel continúan y más de 440 palestinos en Gaza han sido asesinados, entre ellos un centenar de niños. Sin contar otros 25 que murieron congelados por el frío. Más de 2.500 edificios residenciales han sido destruidos, obligando a la gente a desplazarse, y persisten severas restricciones al flujo de ayuda, según denunció un informe de la coalición de ONG Oxfam. La política del sionismo es llevar adelante la “limpieza étnica”.
Israel no permitió el ingreso de la ayuda humanitaria. Según la ONU, las fuertes lluvias e inundaciones han dejado miles de tiendas de campaña inhabitables y han colocado a casi 800.000 personas, casi el 40 % de la población, en zonas propensas a inundaciones, dejando a las familias expuestas al frío invernal sin mantas, colchones ni calefacción. Cientos de tiendas de campaña han sido simplemente arrastradas por el viento y los refugios improvisados han sufrido graves daños. Por lo menos 25 palestinos han muerto aplastados, cuando las tormentas provocaron el derrumbe de edificios y muros dañados sobre familias que buscaban refugio en sus casas o en tiendas de campaña cercanas.
Solo en Jordania esperan 10.000 camiones cargados de ayuda -incluida carpas, materiales de construcción, plantas potabilizadoras de agua- mientras Gaza sufre las feroces tormentas invernales con hambre, sin abrigo y en carpas inundadas.
Los sionistas han usado la primera fase para consolidar su presencia en Gaza, corriendo los límites de la franja amarilla establecida por Trump, con lo que se garantizaron el control del 58 % del territorio gazatí; del otro lado cientos de miles a un millón y medio de personas sucumben al bloqueo, agravado por las condiciones climáticas.
El estrangulamiento sionista de los gazatíes fue respaldado en noviembre por la mayor parte del Consejo de Seguridad de la ONU, con la mera abstención de China y Rusia, que hubieran podido vetarlo. Más claro: todos avalaron la partición de Gaza, entre una zona costera de playas, hoteles y yacimientos de gas, de un lado, y la anexión israelí, del otro.
Respecto de la Autoridad Palestina no se ha cansado de pedir el desarme de Hamas y todas las milicias.
Tras el anuncio del gobierno egipcio, la presidencia de la Autoridad Palestina y la mayoría de los movimientos palestinos declararon rápidamente su apoyo al comité. Tanto Hamás como la Yihad Islámica afirmaron en un comunicado que “se proporcionará el entorno adecuado" al Comité para que comience su labor (AP 14/1). El método ‘venezolano’ de ocupar el país tiende a transformarse en universal.
Hamás, que gobierna Gaza desde 2007, sostiene que no busca ningún rol en el comité y que se limitará a supervisarlo “para garantizar la estabilidad en la Franja y facilitar la reconstrucción”. Tampoco puso un límite infranqueable a la entrega de sus armas, lo mismo que las otras milicias palestinas (almanassanews 14/1); las armas pesadas, sí, las livianas, no.
Las conversaciones no avanzaron ni sobre el retiro de las fuerzas israelíes de Gaza, ni sobre la reapertura del cruce fronterizo de Rafah, en el sur del territorio palestino. Esto significa, sobre el ingreso de ayuda humanitaria que espera en la frontera con Egipto. Israel afirma que no comenzará las conversaciones sobre esta segunda fase hasta que no se le entregue el cadáver del último rehén que permanece en Gaza, Ran Gvili. Un pretexto funerario.
Un miembro de la delegación de la Yihad Islámica Palestina, que participa en las reuniones de El Cairo, puso en duda que Israel cumpla su compromiso de retirarse a la siguiente línea acordada en el acuerdo de alto el fuego y describió las reuniones como «intentos formales de preservar la apariencia del acuerdo sin su sustancia», mientras que las disposiciones clave seguían estancadas, encabezadas por la apertura de Rafah (AFP 15/1).
En Tel Aviv, la noticia no recibió aplausos. Yoav Zitun, editorialista del diario Yedioth Ahronoth, criticó la formación del comité, describiendo al organismo como «un gobernante sin ejército, dependiente de elementos de Hamás», lo que, según él, afianzaría el control continuo de Hamás sobre la seguridad. Zitun informó que Netanyahu, en coordinación con Estados Unidos, lanzaría un ataque militar, si las milicias no entregan las armas.
En cuanto a una posible retirada israelí más allá de la denominada «línea amarilla», la radio israelí Kan informó que las fuerzas de ocupación permanecerán desplegadas hasta que se produzca el desarme de Hamás.
Los planes de Israel y sus socios no incluyen ninguna retirada de Gaza, sino llevar a las últimas instancias la limpieza étnica. Francesca Albanese, relatora Especial de la ONU para los territorios ocupados, afirmó que algunos académicos y científicos estiman que el número real de muertos en Gaza es de 680.000. “Si se confirma, 380.000 de ellos son bebés menores de cinco años”, dijo Albanese.
Israel impide el ingreso de los periodistas, las excavadoras, los académicos. La magnitud del genocidio tal vez sea muy superior a lo que se creyó hasta ahora.
