Escribe Juan Ferro
Récord de la producción y récord de quiebras: despidos de la industria lechera y caída del consumo.
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La Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ministerio de Economía señala en un boletín informativo que la producción nacional, entre enero y diciembre de 2025, alcanzó 11.618 millones de litros de leche, el volumen más alto en materia productiva de la década para el sector lácteo y el segundo a nivel histórico.
En estas condiciones, la industria láctea atraviesa una profunda crisis, marcada por la quiebra de empresas históricas como Sancor, a la que se ha agregado Arsa, La Suipachense y, ahora, Verónica.
El salto en la producción de leche enfrenta, sin embargo, una caída drástica del consumo. Las quiebras han dado paso a una concentración de capitales internacionales que dominan ampliamente el mercado.
La canadiense Saputo -considerada la principal procesadora, dueña de marcas como Paulina y Molfino, y muy fuerte en la exportación en quesos- compite por el primer puesto en volumen procesado.
La Serenisima, líder en procesamiento de leche y principal exportadora de leche en polvo, muy arraigada en el mercado interno, ha pasado a manos de la multinacional francesa Danone. Otra francesa, Savencia, creció significativamente tras adquirir Milkaut e Ilolay (Yolcle), posicionándose entre los líderes.
De conjunto, los capitales internacionales están dominando el mercado lácteo en desmedro de la caída brutal de las cooperativas y empresas medianas del Santa Fe y Córdoba.
Estas multinacionales han instaurado una tecnología desde el origen que aumenta la producción casi sin competencia. El 30 % de los tambos de estas empresas menores en quiebra, según una reciente encuesta del INTA, trabajan sobre tierra arrendada cuyos valores de alquiler se miden por la rentabilidad comparativa con la soja. Las empresas más pequeñas no logran pagar a tamberos, transportistas y proveedores, rompiendo la cadena productiva. Las multinacionales, ya dueñas de las tierras de explotación y con una tecnología de punta, hacen imposible la competencia. En estos días se está trabajando en un acuerdo del Mercosur con el mercado europeo que tiene como trasfondo esos intereses.
En el movimiento obrero, la tensión trasciende a las fábricas involucradas. Las multinacionales ya están poniendo en marcha el banco de horas y el fraccionamiento de las vacaciones. Se apoyan en lo que llaman las “dificultades del sector” para planchar paritarias con el acuerdo de un sindicato (ATILRA). Esta es la base económica de las luchas obreras en la industria.
