La guerra del Líbano y el plan sionista para transformar a Israel en un nodo logístico del transporte de hidrocarburos y mercancías entre Asia y Europa

Escribe Aldana González

Tiempo de lectura: 6 minutos

Israel amplifica la guerra atacando en varios frentes simultáneamente. Mientras junto a Estados Unidos lleva adelante el asalto contra Irán, el sionismo ha emprendido la mutilación de Líbano. Lleva asesinadas a más de 1.000 personas y ha provocado más de un millón de desplazados, según los registros. Las cifras deben de ser mayores, ya que el Estado libanés no da abasto para atender la catástrofe.

Israel está utilizando la misma política de exterminio que utilizó en Gaza. Su objetivo es destruir o desplazar a la población del sur del Líbano y ocupar el territorio. Ha convocado a 100.000 reservistas para avanzar en una incursión terrestre y tomar toda la zona al sur del río Litani. Para el resto del país, pretende mantener un protectorado con las autoridades oficiales del país.

Los ataques israelíes han destruido infraestructuras fundamentales, como centrales eléctricas, sistemas de agua y de telecomunicaciones. Se trata de una política de tierra arrasada, y los colonos israelíes han entrado en algunas de estas zonas para la construcción de asentamientos.

Muchos de los desplazados están durmiendo en sus autos o en carpas. Las avenidas se han transformado en campos de refugiados. La carretera que va de Sidón a Beirut ha devenido en un largo campamento.

Los israelitas también están siendo afectados por cohetes, drones y misiles de Irán, el cual ha logrado dañar los radares estadounidenses que sostienen a la “Cúpula de Hierro”. Los alcances no se conocen - la “única democracia de Medio Oriente” encierra con causa penal a cualquier ciudadano que fotografíe los bombardeos.

El origen del conflicto

Los ataques y las incursiones del ejército israelí sobre el sur del Líbano han sido históricos y permanentes. También lo son los intentos de anexar territorio. Hubo tres grandes conflictos bélicos: las invasiones de1978 y1982, por parte de Israel, y la guerra con Hizbollah en 2006.

Después del 7 de octubre de 2023, se intensificaron los intercambios fronterizos de cohetes y artillería entre el sionismo y Hezbolá. En septiembre de 2024 ocurrieron ataques terroristas en todo el territorio libanés. Miles de beepers y walkie-talkies explosivos fueron activados y detonados a distancia desde Israel. En esos atentados murieron y resultaron heridas miles de personas, entre civiles, niños, milicianos y dirigentes de Hezbolá. A los pocos días, Israel efectuó ataques aéreos en todo el Líbano.

La ofensiva culminó con el asesinato de Hassan Nasrallah, secretario general de Hezbolá, y la escalada terminó finalmente con el alto el fuego firmado el 27 de noviembre de 2024. Como ocurre en Gaza, Israel nunca acató el alto el fuego y continuó bombardeando diariamente a la población civil. También quemó los cultivos del sur rociándolos con glifosato.

El 2 de marzo de 2026, Hezbolá lanzó cohetes hacia el norte de Israel en respuesta a estos ataques y al asesinato de Alí Jameneí, el líder político de Irán y el principal líder espiritual de todo el chiismo del mundo islámico.

Crisis interna en Líbano

Desde que asumió la presidencia en febrero de 2025, el presidente Joseph Aoun actúa como un comisionado de Estados Unidos. El gobierno libanés ha intentado inútilmente desarmar a todas las milicias, desconociendo las provocaciones diarias del sionismo.

Según la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL), se han documentado más de 10.000 violaciones del alto el fuego, por parte de Israel, incluidas infracciones aéreas, marítimas y terrestres, que han causado la muerte de al menos 500 libaneses - 127 civiles.

A partir del 2 de marzo, el gobierno libanés ilegalizó a Hezbolá. El partido-milicia chií tiene más efectivos que el ejército y, desde su creación, ha tenido el apoyo de milicias y de civiles de otros grupos étnicos y religiosos por ser la única defensa de la soberanía nacional libanesa. El grupo chiita Amal, así como grupos islamistas suníes más pequeños, como Jama’a al-Islamiyya, y partidos nacionalistas árabes, como los nasseristas, se mantienen igualmente a favor de una acción armada contra Israel.

En las Fuerzas Armadas Libanesas también se abrió paso una crítica al colaboracionismo del gobierno. Un grupo autodenominado “Oficiales Nacionalistas” prometió defender la soberanía del Líbano y señaló a Israel como enemigo.

Sin embargo, tras las bajas que sufrió Hezbolá en 2024, ese consenso se resquebrajó. En este marco, ganaron terreno los falangistas y las Fuerzas Libanesas, que mantienen una línea colaboracionista histórico con el sionismo.

El gobierno de Netanyahu ha declarado que seguirá la guerra en el Líbano hasta terminar con Hezbolá, aun si se llegara a un alto el fuego en Irán. Francia, la ex potencia colonial de Líbano, ha propuesto un nuevo plan de alto el fuego que incluía el desarme de Hezbolá. La propuesta fue rechazada tanto por Estados Unidos como por Israel, que exigieron la retirada completa de los combatientes chiíes del Líbano. Israel ha declarado la intención de colonizar el Líbano y convertir al río Litaní, en ‘una frontera natural’ entre los dos países. En la Declaración de la Organización Sionista presentada en la Conferencia de Paz de París de 1919, los sionistas dejaron claras sus pretensiones sobre todo el territorio al sur del río Litani, que incluye la plataforma marítima que contiene el yacimiento de gas de Qana.

El plan sionista

En la segunda conferencia de prensa que brinda desde que empezó la guerra contra Irán, Netanyahu ha señalado que su meta es redirigir las principales rutas energéticas y comerciales de la región para que Israel se convierta en un nodo logístico en el transporte de hidrocarburos y mercancías entre Asia y Europa. Reclamó un nuevo trazado para los oleoductos y gasoductos de Medio Oriente que pase obligatoriamente por Israel:

“En lugar de tener que pasar por los estrechos de Ormuz y Bab el-Mandeb para que fluya el petróleo, bastaría con construir oleoductos y gasoductos que atraviesen la península arábiga hacia el oeste, hasta Israel, hasta nuestros puertos del Mediterráneo, y así se eliminarían los cuellos de botella para siempre”.

Israel dispone de recursos gasíferos y exporta sus excedentes a Egipto y Jordania. Se trata tan solo de una mínima parte de las reservas existentes en el Mediterráneo oriental, que comparte con Egipto, Líbano, Siria y la Autoridad Palestina. La limpieza étnica en marcha en Palestina y el sur del Líbano es funcional a la apropiación de estas reservas para abastecer a Europa a través del Mediterráneo.

El plan incluye un gasoducto —el EastMed—, en el que participan Chipre y Grecia. Para ello, debe destruir otros proyectos gasísticos rivales, como el yacimiento de South Pars iraní, interconectado con el North Field catarí, que produce un 20 % del gas licuado del mundo. A esto obedece el bombardeo de Israel en días recientes, que Irán respondió con el ataque al mayor yacimiento de gas en el mundo, instalado en Qatar. Israel, al ocupar el sur de Siria, se ha ganado una confrontación con Turquía, que tiene aspiraciones similares sobre el Mediterráneo y ocupa una amplia franja de Chipre.

Por otro lado, Israel también quiere conectar el subcontinente indio con Europa a través de Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania y su propio territorio, mediante un Corredor Económico India–Medio Oriente–Europa, concebido como una alternativa a la Iniciativa de la Franja y la Ruta promovida por China, que pasa por Irán. El año pasado, se había inaugurado en Iran el tramo final del tren que permitía reducir a la mitad el tiempo de transporte con respecto a las rutas marítimas.

Esto último requeriría la plena normalización de relaciones entre Israel y Arabia Saudita, que hasta ahora se ha negado a firmar los Acuerdos de Abraham. Esto implica que la voracidad bélica de Israel no se va a saciar con la caída de Irán.

El Gran Israel, un proyecto del sionismo desde el río Jordán hasta el Mediterráneo, cuenta con el auspicio de Trump, quien pretende servirse de esta escalada para cerrar las rutas comerciales a China y supervisar las provisiones de energía.

Para impulsar esta recolonización de Medio Oriente, Trump designó para Gaza a dos agentes inmobiliarios Steve Witkoff y Jared Kushner – este último, yerno de Trump, es un militante de la ultraderecha sionista. La “Junta de la Paz”, diseñada por Trump para reconstruir a Gaza como una Riviera oriental, requiere de la inversión compulsiva de los países asociados a este proyecto inmobiliario, para compartir los gastos y, por sobre todo, los riesgos geopolíticos.

El imperialismo en descomposición, se sirve de la guerra mundial imperialista, con limpieza étnica incluido, para un tiempo de supervivencia catastrófica.

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