Escribe Iara Bogado
Elon Musk busca recaudar la cifra récord de US$ 75.000 millones en Wall Street.
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Este viernes 12 de junio, Elon Musk habrá protagonziado en Wall Street el mayor debut de la historia bursátil global. La salida a la bolsa de SpaceX, la compañía aeroespacial busca recaudar la cifra récord de US$ 75.000 millones en el NASDAQ, una operación que triplica las mayores marcas históricas registradas hasta la fecha (Clarín, 9/06). Apenas unas horas antes de la colocación, el magnate buscó apuntalar las expectativas del mercado mostrándose públicamente junto al monopolio de semiconductores ASML, y anunciar el proyecto "Terafab" para fabricar chips propios avanzados en Texas (Urgente24, 11/06). Sin embargo, detrás del relato del éxito corporativo y la fiebre de la Inteligencia Artificial (IA), se esconde una realidad descarnada: SpaceX es una firma estructuralmente deficitaria que sale a la Bolsa para absorber liquidez y rescatar financieramente un entramado informático diseñado explícitamente para la guerra imperialista.
Los balances oficiales de SpaceX, filtrados recientemente ante la SEC, demuestran que la compañía es una colosal máquina de quemar capital. Aunque la red Starlink arrojó beneficios operativos, el balance consolidado de SpaceX en 2025 cerró con pérdidas catastróficas de US$ 4.937 millones. El agujero negro financiero se profundizó en el primer trimestre de 2026, registrando rojos por otros US$ 4.947 millones en tan solo tres meses. El hundimiento responde al costo de su filial xAI (desarrolladora del chatbot Grok), que perdió US$ 6.355 millones el año pasado en su ciega competencia contra OpenAI, obligando a Musk a destinar más de US$ 10.000 millones a inversiones tecnológicas de capital a principios de este año (El País, 4/06).
Para salvar el negocio, Musk pretende convalidar en la Bolsa un precio inflado de US$ 135 por acción, apuntando a una capitalización total de aproximadamente US$ 1,75 billones; apenas un 4% serán acciones comunes (Clarín, 9/06); las preferidas tienen un dividendo asegurado y prioridad de rescate La maniobra especulativa quedó expuesta por calificadoras independientes como Morningstar, que valoran a SpaceX en US$ 63 por acción (US$ 780.000 millones), es decir, menos de la mitad de lo que pretende capturar el magnate. Al obligar a los grandes fondos de inversión a rebalancear sus carteras para no quedar afuera del índice, SpaceX aspira a absorber la liquidez del mercado montándose sobre una brutal burbuja tecnológica global donde las corporaciones prevén quemar más de US$ 750.000 millones este año (El País, 4/06).
Esta monumental inyección de dinero es utilizada por los grandes medios internacionales para agitar la ilusión del "sueño americano" y el "capitalismo popular". El debut bursátil convertirá teóricamente a más de 4.400 empleados y ex-empleados en millonarios a través de los paquetes de acciones otorgados como parte de sus salarios. Mientras Elon Musk se encamina a ser el primer billonario del planeta, unos 400 técnicos e ingenieros de la firma recibirán sumas superiores a los US$ 100 millones (The New York Times, 10/06).
Sin embargo, el pago mediante acciones (stock-based compensation) funciona como una herramienta de sujeción y disciplinamiento de la fuerza de trabajo. Para poder materializar esa supuesta riqueza, los trabajadores -muchos de ellos operarios por hora (drawing) que cobran salarios comunes- debieron someterse durante años a ritmos de explotación extenuantes en complejos aislados como el de Texas, atados a contratos de permanencia obligatoria de cinco o más años para que sus acciones queden en firme (vested). Como detalla la investigación del NYT, aquellos trabajadores que no resistieron el régimen laboral o decidieron irse antes han perdido su derecho al cobro. Lejos de una democratización de la propiedad, este esquema de cooptación tecnológica busca alinear los intereses individuales de una capa de asalariados calificados con el rendimiento bursátil de la patronal y la suerte de sus contratos militarizados, ligando el destino de los trabajadores a la maquinaria de guerra del Pentágono.
¿Por qué el mercado convalida semejante nivel de pérdidas financieras? La respuesta no está en la rentabilidad civil, sino en la infraestructura estratégica para la guerra. El motor principal del entusiasmo de los inversores es un mercado que hoy no existe en la Tierra: los centros de datos espaciales. SpaceX inició trámites ante la FCC para desplegar una constelación de hasta un millón de satélites interconectados equipados con aceleradores gráficos (GPU). El objetivo es mudar el procesamiento de datos informáticos y la IA directamente a la órbita terrestre en menos de tres años (Ámbito, 12/02).
Este plan de infraestructura adquiere todo su sentido geopolítico ante la guerra internacional de Estados Unidos. En un contexto de guerra abierta, las terminales de datos en la Tierra son blancos vulnerables a sabotajes, ciberataques o apagones energéticos. Al trasladar el procesamiento a la órbita exterior y buscar la autarquía en la provisión de chips avanzados mediante el acuerdo con ASML (Urgente24, 11/06), el imperialismo norteamericano busca blindar su superioridad informática. Por sobre todas cosas, el costo de la producción de electricidad en el espacio es un infinitésimo de la tierra
Como ya demostró el antecedente de Starlink en Ucrania (Ámbito, 12/02), SpaceX opera como un brazo contratista directo del Pentágono. Los contratos vigentes de la compañía con el Departamento de Defensa de EE.UU. e inteligencia ratifican que la rentabilidad de SpaceX se mide en ganancias comerciales derivadas de su valor estratégico para asegurar la supremacía yanqui en el control de sistemas autónomos de combate y logística militar en los conflictos globales
La unificación de todas las empresas de Musk bajo el bloque monopolístico del ProjectX -que busca fusionar cohetes, internet, redes de información, robótica y semiconductores en una sola firma (Clarín, 9/06)- demuestra la completa descomposición de la burguesía. Mientras los gobiernos capitalistas descargan planes de ajuste brutales, desfinanciando la salud y la educación de las mayorías trabajadoras a nivel global, el sistema financiero coordina tsunamis de liquidez para financiar empresas deficitarias cuyo único fin real es perfeccionar los instrumentos de destrucción y asegurar la tasa de ganancia de los señores de la guerra.
Bajo el dominio del capital, los saltos científicos de la inteligencia artificial y la tecnología aeroespacial no significan la liberación del trabajo humano, sino el aumento del desempleo, la precarización y la barbarie bélica. La lucha por desmilitarizar el espacio y poner los desarrollos informáticos al servicio de las necesidades sociales es indisociable de la lucha contra el Estado imperialista. Se vuelve urgente construir una dirección política independiente de la burguesía y organizar asambleas soberanas desde las bases para exigir la expropiación sin pago y bajo control de los trabajadores de monopolios tecnológicos como SpaceX. Solo una alternativa obrera y socialista internacional podrá planificar democráticamente la ciencia y los recursos del planeta para el bienestar de la humanidad y no para su destrucción.
Fuentes:
https://www.nytimes.com/2026/06/10/technology/spacex-ipo-employee-millionaires.html
