Escribe Alejandro Barton
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Los incendios forestales de este verano boreal han dejado a la fecha un total de 6.000.000 de hectáreas arrasadas por el fuego en Europa y América del Norte (Noticias ONU, 30/07).
En Francia, superficie devastada fue de 116.000 hectáreas. “La mayor desde la segunda guerra mundial”, afirmó (La Nación, 28/07). Para tener una magnitud de este alcance, equivale a seis veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. Del otro lado de los Pirineos, en España, fueron 200.000 hectáreas incendiadas a nivel nacional (France 24, 29/07) con epicentro en las provincias de Madrid y de Ávila en el centro del país. En total, los evacuados en ambos países superaron las 370.000 personas. En Grecia, en solo cinco días, los incendios arrasaron 18.000 hectáreas (ABC, 5/05). Esto sólo alcanza para dar cuenta de la magnitud del desastre.
Según los especialistas, la coyuntura climática europea de este año combinó dos circunstancias relativamente excepcionales, aunque vinculadas ambas al calentamiento global: una primavera muy lluviosa que favoreció un crecimiento inusual de pastizales y matorrales que, con las temperaturas extremas de mayo y junio, fueron el combustible de los incendios.
El balance del otro lado del Atlántico es aún más grave: casi 1,85 millones de hectáreas carbonizadas en EE.UU. y 3,8 millones en Canadá, con decenas de incendios gigantes todavía fuera de control. En el día de ayer, miércoles 5, el gobierno de EE.UU. prorrogó el Nivel 5 de alerta máximo con 94 grandes incendios activos (teleSUR, 5/07).
Calentamiento global y nuevo régimen de incendios forestales
La Comisión Europea calcula que los “incendios de gran magnitud” -aquellos que superan las 500 hectáreas- se duplicaron durante las últimas dos décadas. Se estima que aumentarán otro 33% hacia 2050 y más del 50% hacia finales de siglo.
La producción de megaincendios es una tendencia de las últimas décadas. El 43% de los 200 incendios más devastadores de los últimos 44 años ocurrieron en la última década, y desde 2015 la frecuencia de eventos extremos se duplicó, marcando un nuevo patrón. El megaincendio más importante fue el de Australia (2019-2020) arrasando 24 millones de hectáreas (240.000 km², ¡el equivalente a la superficie del Reino Unido!).
Calentamiento global e incendios son fenómenos que se refuerzan mutuamente. El CO₂ ues n gas de efecto invernadero, es decir, capaz de absorber parte de la radiación solar que la superficie terrestre refleja. Cuando aumenta, aumenta también la retención de calor en la atmósfera. A su vez, este calentamiento favorece los incendios ya que aumenta la sequedad de suelos y tejidos vegetales, y el incendio produce emisión de CO₂, estableciéndose así un ciclo vicioso. Si el aumento en los niveles de CO₂ por el consumo de combustibles fósiles es lineal, el debido a incendios es exponencial (no sólo crece si no que lo hace con velocidades crecientes).
Pero, además el peso específico de los incendios en la producción de CO₂ está aumentando. Entre 2001 y 2023, las emisiones de CO₂ por incendios aumentaron un 60% a nivel mundial y las de los bosques boreales de Europa, América del Norte y Asia Central casi se triplicaron (Noticias ONU, 30/07).
Despoblamiento rural e incendios
Particularmente en España, un factor que ha agravado el riesgo de incendios es el abandono de los campos. Un investigador de la Universidad de Alcalá señala que la migración por décadas de población rural a la ciudad ha transformado la flora en varias regiones. El reemplazo de tierra cultivada por pastizal y el crecimiento de arbustos favorece la frecuencia de incendios y su expansión.
Según un estudio de la Real Academia de Ingeniería de España, el país asiste a una “nueva era de megaincendios” (La Nación, 31/07).
La combinación de los procesos de calentamiento global y de abandono del campo por varias generaciones son clave en el desarrollo de incendios forestales en la región. El antagonismo campo-ciudad, propio del desarrollo capitalista, se entrelaza con el calentamiento global en esta “nueva era de megaincendios.” La mecanización agrícola que redujo la necesidad de fuerza trabajo, la falta de infraestructuras y servicios básicos (concentrados en las ciudades) dificultó la permanencia de la población en los pequeños municipios. Este proceso de éxodo rural sostenido por generaciones ha dado origen a la denominación de la “España vaciada.” En la actualidad, el territorio así referido ocupa el 90% del país (Fundación BBVA, informe 2022, “Despoblación en España”).
Competencia capitalista y guerra
El CO₂, principal gas de efecto invernadero, hoy es un 50% superior al de hace un siglo. Según el climatólogo ecuatoriano Raúl Cordero “vivir con la misma atmósfera de hace un siglo atrás será imposible y recordó que “entre 2015 y 2025 resultaron ser los años más cálidos”, de acuerdo a lo informado por la Organización Meteorológica Mundial (La Nación 3/08).
En la entrevista señaló que la única salida es la sustitución del uso del combustible fósil por energías renovables. Pero esta transición energética está sujeta a la competencia capitalista, la guerra comercial y a término la guerra mundial en desarrollo. Es lo que explica la incapacidad de la COP, la cumbre sobre el Cambio Climático de la ONU, para ´imponer´ a sus estados miembro la transición energética.
El caso de la industria automotriz alemana es ilustrativo. A la exigencia de la UE de que Alemania acelere la transición de la fabricación de autos con motores de combustión a autos eléctricos, el canciller alemán Mertz respondió que una protección climática que ponga en riesgo la base industrial de Alemania es inaceptable (El País, 19/11/25).
El abandono del Acuerdo de París por parte de EE.UU., que afirma el propósito de limitar el aumento de la temperatura global muy por debajo de los 2°C respecto a los niveles preindustriales, se inscribe en la guerra comercial con China (que fabrica el 80% de los paneles solares del mundo y domina la producción de baterías de litio y el mercado de autos eléctricos). Si EE.UU. subsidiara la transición hacia las energías renovables, terminaría dependiendo de componentes e insumos chinos. Además, con su política de “drill, baby, drill” ("perforen, chicos, perforen…") y los “acuerdos” de compra de GNL que Trump viene imponiendo, busca detener el desarrollo de la industria de las renovables de China y darle salida a la producción de hidrocarburos de EEUU - en poco tiempo, EEUU pasó de ser importador neto a exportador neto de combustibles fósiles. La guerra de la OTAN contra Rusia en Ucrania, y el veto de EEUU a los gasoductos Nordstream I y II, dejó a la Unión Europea sin suministro de gas barato y la obligó a la dependencia del GNL norteamericano.
La misma guerra entre la OTAN y Rusia en Ucrania hasta febrero de 2025, ha generado 229,7 millones de toneladas de CO₂ (el equivalente a lo que generan en un año 120 millones de autos de combustible (Climática, 24/2/2025).
La competencia capitalista y en su limite la guerra entre estados imperialistas, hace inviable la reversión del cambio climático. Sólo un dominio racional sobre la naturaleza basada la propiedad social de los principales medios de producción en una planificación socialista de la economía mundial será capaz de el desarrollo científico y tecnológico para reducir realmente las emisiones de gases de efecto invernadero y el calentamiento global.
