Escribe Jorge Altamira
El macaneo del No Pago Soberano.
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Desde hace un tiempo, Francia ha reemplazado a Italia como el principal ‘enfermo’ financiero de la Unión Europea. El gobierno libertario de Emmanuel Macron la ha metido en un pozo insondable. Con una deuda pública del 120% del PBI, unos 3.6 billones de dólares, y un déficit fiscal que se empina por encima del 5% de esa referencia, asiste a un remate de títulos del Tesoro que lo priva de financiamiento y lo fuerza a una reestructuración en extremo costosa. Ya en el fin de su mandato presidencial, Macron insiste en que la Asamblea Nacional, donde no tiene mayoría, le vote el Presupuesto 2027 con un corte de gastos por 54 mil millones de euros. Fuera de ese ámbito, tienen lugar huelgas de rechazo del sector público, que en Francia incluye industrias y transporte, y un levantamiento de estudiante universitarios y secundarios. Esto tiene lugar cuando España y Alemania atraviesan crisis políticas de magnitud, que podrían deponer a sus gobiernos en cuestión de semanas o días. La Unión Europea en su conjunto ha acelerado su rearme militar con vistas a extender la guerra contra Rusia e incluso establecer un cerco en el enclave ruso de Kaliningrado, que se encuentra entre Polonia y Alemania, y es asiento de un arsenal atómico y del sistema de radares de Rusia.
Este es el contexto en el que Jean-Luc Mélenchon, un ex trotskista que lidera La Francia Insumisa, ha decidido poner en el centro de su campaña política la propuesta de suprimir la deuda del Tesoro francés con el Banco de Francia, que es estimada en 448 mil millones de euros, un 12% del total. El propósito es reducir el ‘riesgo-país’, o sea nivelar la tasa de interés a la media europea, ofrecer un seguro de pago a los acreedores privados, nacionales e internacionales, y achicar el monto del ajuste de gastos que pretende imponer el gobierno. Esa deuda ha sido generada por medio de la compra de títulos de los bancos comerciales, por parte del Tesoro, en las operaciones de rescate organizadas por el Banco Central Europeo, a través de los bancos nacionales, en ocasión del estallido de la pandemia. Se trata, por lo tanto, de una deuda con el BCE, o sea el sistema bancario de Europa. Mélenchon añade otro planteo: convertir toda la deuda pública en un “bono perpetuo cupón cero”, que es pagado integralmente al final de su vencimiento. La operación no puede ser compulsiva sino voluntaria, de modo que la última palabra la tiene el capital financiero.
Para Mélenchon, la deuda del Tesoro francés con el Banco de Francia sería ‘intra-estado’, que se podría cancelar recíprocamente. Es el planteo del ‘desendeudamiento’ que el kirchnerismo difundió en cuanto a la deuda del Tesoro de Argentina con el FGS del ANSES, el Banco Central y otros bancos del sector público. La especie la compraron enseguida Macri y Sturzenegger cuando JxC ganó las elecciones de 2015, para justificar el masivo endeudamiento que le siguió, ya con la intervención de Luis Caputo – y que Martín Guzmán, el ministro del gobierno de los Fernández, tuvo que refinanciar. La tesis de la deuda intra-estado resulta en el vaciamiento de las instituciones que han financiado al Tesoro, no en la supresión de la hipoteca extraordinaria que representa la deuda pública sobre los activos de Argentina y la fuerza de trabajo. Sea como fuere, la destrucción de la deuda intra-estatal refuerza el peso de los acreedores privados.
El objetivo político del planteo es poder ingresar al balotaje en la elección presidencial de Francia, cuando se le adjudica a La Francia Insumisa un 17% de la intención de voto. Es una tentativa de desviar la tendencia a la huelga general hacia las urnas. La primacía electoral la tiene, sin embargo, Reagrupamiento Nacional y su lideresa Marie Le Pen, cuya condena por fraude no alcanza a sus derechos políticos. Le Pen, por su lado, ha pegado un viraje – ha pasado del voto en contra a los presupuestos de ajuste, a la presentación de su propio programa de ajuste, que duplica al de Macrón – un ‘ahorro’ de 125 mil millones de euros. El giro responde a un acercamiento de la patronal francesa, el MEDEF, a la ultraderecha. El “pacto republicano” ha ido a parar al ‘basurero’. El voto del Presupuesto en la Asamblea Nacional será objeto de negociaciones que habiliten su aprobación.
Estas maniobras en los altos niveles del Estado apuntan a quebrar la tendencia a la huelga general. La burguesía imperialista francesa tiene en la mira, como ocurre en todos los países, la liquidación de los regímenes previsionales de “reparto”, que son caracterizados como “esquemas Ponzi” porque los pagos de las jubilaciones requieren nueva deuda pública. La quiebra del llamado “estado de bienestar” es irreversible. Mélenchon se incorpora, con su planteo, al gran fraude político de la izquierda democratizante del capital, que aboga por un “no pago soberano” de la deuda confiscatoria, de carácter institucional y ‘constituyente’, y no como parte de una acción histórica independiente de las masas.

