Escribe Joaquín Antúnez
Otros informes demuestran un modus operandi de los trumpistas.
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Un informe publicado por el diario británico Financial Times el pasado lunes 30 de marzo, acusa directamente al secretario de Guerra de Donald Trump, Pete Hegseth, de intentar hacer un negocio millonario mediante su agente financiero en las semanas previas al inicio de hostilidades en territorio iraní. La acusación del diario se fundamenta en los intercambios entre personal de la oficina de Hegseth y su corredor de bolsa personal, ubicado en el banco Morgan Stanley.
Según lo publicado en el informe, que fue recogido ampliamente en la prensa internacional, el corredor de bolsa habría intentado adquirir mediante una suma millonaria activos del fondo Defense Industrials Active, administrado por BlackRock, pocos días antes del comienzo de la guerra contra Irán. Dicho fondo está creado para invertir en diversas empresas que fabrican armas, aviones y sistemas de defensa. La transacción no habría llegado a materializarse, puesto que dicho fondo fue abierto en mayo de 2025 y no figuraba disponible para inversores del Morgan Stanley.
Otro tipo de compras de acciones e inversiones, que sí pudieron llegar a buen puerto, se sucedieron entre 3 a 2 semanas previas al conflicto y han reportado una ganancia por cerca de 3,5 millones de dólares para los fondos administrados del secretario Hegseth. La masa de dinero invertida, cerca de 10 millones de dólares, habla de un conocimiento en las acciones tomadas y no una simple inversión “por corazonada”.
El artículo del FT fue repudiado casi inmediatamente por el vocero del Pentágono, Sean Parnell. Quién en un mensaje de X calificó la noticia de “inventada” y la acusó de perseguir “fines políticos de desprestigio” sobre Hegseth y las motivaciones de la confrontación con Irán. Parnell cerró su mensaje exigiendo que la nota fuera retirada de circulación y que se exprese una disculpa pública al secretario Hegseth y al gobierno estadounidense.
Varios expertos consultados, señalaron que el artículo del FT no puede ser entendido por fuera de la línea editorial del diario británico que expresa una disconformidad cotidiana con la gestión Trump y las implicancias que sus acciones tienen tanto dentro como fuera de los Estados Unidos. El FT se ha convertido en el principal vocero de la fracción de la burguesía imperialista que rivaliza con Trump. Al mismo tiempo, algunos expertos mencionan que toda acción de este tipo suele quedar bajo el escrutinio de la prensa, aunque no necesariamente confeccione un delito punible.
En los Estados Unidos, existe una rigurosa legislación contra la utilización de información privilegiada por parte de los integrantes del gobierno, así como empleados de distintos Departamentos. Un extenso informe de Reuters, disponible en La Nación (29/03), examina la existencia recurrente de inversiones muy precisas en la previa a decisiones solo accesibles por un pequeño círculo del gabinete nacional. Entre ellas se mencionan casos de inversión previas a la imposición o relajación de las tarifas impuestas por Trump el “Día de la Liberación” o al secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro en enero pasado. Lo mismo ha ocurrido con otras medidas que el informe detalla y en múltiples ocasiones se vinculan al petróleo, minerales y/o sus derivados, así como al mercado de futuros o de predicciones.
El caso más llamativo está asociado al mercado de futuros del petróleo, cuando en la previa al anuncio de Trump sobre el retraso de desembarco territorial de marines en Irán, principalmente la isla petrolera de Kharg, un fondo movió 500 millones de dólares en favor de una caída del precio internacional del petróleo.
El mismo informe, asegura que las firmas que operan en Wall Street se han plagado de exmilitares o asesores de seguridad nacional, que “perciben” las señales de importantes movimientos en la previa. La legislación estadounidense obliga a no utilizar en su favor personal información privilegiada si existe un contrato de confidencialidad de por medio, lo que vuelve extremadamente irregular su aplicación.
En un informe previo de Reuters, se mostraban documentos que manifestaban un enfrentamiento entre el jefe de la división de cumplimiento normativo de la Security and Exchange Comission (SEC) y sus superiores por la relajación en los controles impulsados dentro del ente. Finalmente, el jefe de la división dimitió expresando su total disconformidad con actos realizados por Trump y otros integrantes o allegados del gobierno.
El informe del Financial Times expone una quiebra dentro del propio frente imperialista, fundamentalmente, en las motivaciones que existen para la guerra y su desarrollo. Trump y Hegseth, dos criminales de guerra, no tienen el menor resquemor en utilizar su lugar privilegiado para amasar una mayor fortuna con la guerra que ellos mismos impulsan y dirigen.
Lejos de transformar el carácter de la guerra imperialista, una ofensiva del imperialismo norteamericano para salir de su escenario de decadencia histórica, la presentación de estos hechos expone el lugar parasitario que ha alcanzado por excelencia la élite capitalista estadounidense. Reafirma el lugar reaccionario de la guerra imperialista en su escenario histórico y la necesidad de una acción por parte del proletariado para abrir un nuevo rumbo a la humanidad.
