Escribe Iara Bogado
Doce muertos y contando. Abajo los gobiernos de la guerra y la barbarie ambiental.
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Varios centenares de activistas del movimiento ambiental alemán Ende Gelände protagonizaron este viernes una serie de acciones de desobediencia civil en la zona de la cuenca del Ruhr, en el oeste de Alemania. Las protestas incluyeron la ocupación del terreno de la central de gas de Scholven —donde se rechaza la construcción planificada de una unidad adicional— y el bloqueo operativo en Mülheim y Troisdorf de dos plantas de Europipe AG, el mayor fabricante europeo de tubos para oleoductos, movilizando a unos 1.500 activistas. La portavoz del colectivo, Fran Leitner, denunció que el gas fósil calienta la atmósfera 80 veces más que el CO2 y apuntó directamente contra la ministra de Economía y Energía, Katherina Reiche, a quien calificó como "marioneta de las compañías de combustibles fósiles en el Gobierno" por impulsar la construcción de una veintena de nuevas centrales energéticas a partir de este verano. Estas acciones se desenvuelven en un escenario donde las fuerzas policiales ya han ejecutado detenciones e investigan los bloqueos, los cuales afectaron de forma simultánea a una subsidiaria del fabricante de armamento KNDS (DW, 29/05).
La movilización ecologista coincide con una histórica ola de calor excepcional que sacude a buena parte de Europa occidental, impulsada por un “domo de calor” generado por una masa de aire caliente atrapada por un sistema de alta presión procedente del norte de África. El fenómeno climático ya provocó al menos doce muertes en la región. En el Reino Unido, donde se registraron 35,1°C en los jardines de Kew en Londres, pulverizando récords históricos que datan de 1922, las autoridades confirmaron cinco fallecimientos, entre ellos cuatro adolescentes ahogados en lagos y embalses del interior de Inglaterra. En Francia, donde el termómetro escaló hasta los 36°C en el suroeste, se reportaron siete víctimas fatales vinculadas al calor extremo y a las corrientes de resaca. (Infobae, 27/05) Mientras las temperaturas rozan los 40°C en el sur de España y baten marcas en Irlanda, Portugal y los Balcanes, la crisis pone de manifiesto la total falta de adaptación de la infraestructura bajo el capitalismo. La escasez de sistemas de refrigeración en escuelas, hogares y oficinas británicas, sumada a las interrupciones en el servicio de trenes de la estación de Waterloo y a los incendios de pastizales en Edimburgo, demuestra que el sistema carece de la preparación necesaria para proteger a la población trabajadora ante fenómenos severos que los científicos vinculan directamente al cambio climático. El secretario ejecutivo de la CMNUCC de las Naciones Unidas, Simon Stiell, describió la situación como un "brutal recordatorio" e instó a acelerar la transición hacia energías limpias, advirtiendo además sobre la "doble amenaza" que supone la inestabilidad del suministro de petróleo en el estrecho de Ormuz debido a las tensiones y guerras en Oriente Medio (Euronews, 28/05).
La gravedad de la crisis expone una profunda contradicción en el corazón de la economía europea, que hoy se ahoga en su propio éxito productivo. Aunque la Unión Europea ya genera alrededor de la mitad de su electricidad con fuentes renovables (DW, 27/05) —con la eólica y la solar alcanzando el 30% del mix eléctrico en 2025 (Euronews, 28/05)—, el veloz despliegue de esta infraestructura limpia demuestra su inviabilidad estructural bajo las leyes del mercado capitalista. Debido a la propia naturaleza de las energías verdes, cuando la generación renovable cubre la totalidad de la demanda en días de mucho sol y viento, el exceso de oferta desploma los precios en los mercados mayoristas de Alemania, España, Francia y los Países Bajos (El Tablero Digital, 18/01). La electricidad en la bolsa mayorista cae a una media de apenas 0,03 euros al mediodía e ingresa de manera recurrente en valores cero o incluso negativos, una distorsión donde los productores llegan a pagar por volcar energía a la red. Esta realidad reduce drásticamente la rentabilidad de las corporaciones y las obliga a desconectar parcialmente sus parques eólicos y solares para frenar las pérdidas (DW, 27/05). Así, los operadores vuelven a encender las centrales de gas natural y carbón por las noches —cuando el precio de la electricidad trepa a los 0,18 euros— para cubrir la demanda y garantizar sus beneficios (DW, 27/05).
Esta tendencia al boicot de inversiones del capital "verde" explica por qué, a pesar de las presiones de los organismos internacionales y sus propias palabras, las potencias de la UE sabotean la transición energética. Para alcanzar los objetivos de neutralidad climática fijados por Alemania (para 2045) y la UE (para 2050), la capacidad de almacenamiento en baterías a gran escala y la extensión de redes flexibles deberían multiplicarse por diez hasta alcanzar los 750 GW, eliminando el actual cuello de botella que desperdicia la energía limpia. El encarecimiento transitorio de los hidrocarburos por los cargamentos varados en el estrecho de Ormuz debido a las guerras en Oriente Medio ha permitido a los operadores de baterías obtener ganancias extraordinarias a corto plazo, pero no altera la parálisis inversora de fondo. Como señala el especialista Dirk Uwe Sauer de la RWTH de Aquisgrán, las crisis de corto plazo no constituyen una base sólida para que los monopolios decidan invertir en infraestructuras que deben durar 40 o 50 años bajo un mercado dominado por ingresos inestables que ponen en riesgo la rentabilidad a largo plazo (IDEM). Por ello, mientras los parques solares se frenan, Italia pospone el cierre de sus centrales de carbón hasta 2038 y los Países Bajos incumplen sus metas de reducción de emisiones para aferrarse al gas (Euronews, 28/05).
Por este motivo, se vuelve imposible desligar la lucha contra el cambio climático de la lucha por la revolución socialista. Mientras la burguesía retenga el control del poder político y de los medios de producción, la dinámica de la economía continuará subordinada a la competencia interestatal, la expansión de los monopolios y la sobreproducción de mercancías. La clase capitalista prioriza la acumulación y la colocación de sus excedentes financieros por encima de la sustentabilidad de la vida humana.
Ante este escenario, la clase obrera internacional se enfrenta a una disyuntiva histórica: continuar sometida a la voluntad y las crisis de los gobiernos de la guerra —cuya prioridad es sostener la reproducción del capital y blindar los contratos de los fabricantes de armas y energía, incluso cuando carecen de mercados para absorber ese exceso de capital acumulado—, o intervenir de manera independiente para derrocar este orden social. La perspectiva de un gobierno de trabajadores es la única vía para reorganizar la economía sobre la base de una producción planificada colectivamente, libre de contaminación, orientada a satisfacer las necesidades sociales y a detener de raíz las muertes provocadas por las catástrofes del calentamiento global.
Fuentes:
https://www.dw.com/es/europa-tiene-mucha-energ%C3%ADa-verde-pero-pocas-bater%C3%ADas/a-77305444
https://www.dw.com/es/activistas-contra-combustibles-f%C3%B3siles-protestan-en-alemania/a-77345735
