Escribe Carlos Suárez
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Ha sido desbaratada la maniobra de proscripción contra la Lista Naranja-Marrón en la seccional Campana del SUTEBA. Lo que se presentó como una supuesta “incompatibilidad” formal (un error subsanable en la designación de un cargo suplente) fue utilizado por la Junta Electoral Seccional como excusa para impedir la participación de una lista que expresa la irrupción de la docencia autoconvocada en la escena sindical.
La reacción de la docencia no solo desmontó jurídicamente el rechazo, demostrando que la lista había sido presentada en tiempo y forma, con la totalidad de sus candidatos y avales, sino que además dejó al descubierto el carácter antidemocrático del proceso electoral en Campana: padrones inflados, negativa a su digitalización e incluso a permitir su registro fotográfico. A esto se suma que, en toda la provincia, la línea fue la impugnación sistemática de listas opositoras y la generación de un clima de hostigamiento hacia sus candidatos.
La Junta Electoral Provincial no tuvo más alternativa que intervenir y terminó ratificando la oficialización de la lista, corrigiendo el “error de tipeo” utilizado como argumento para el rechazo. De este modo, dejó en evidencia que el accionar arbitrario de la instancia local respondía a una orientación más general. La burocracia tuvo que retroceder.
Esta conquista no es un hecho aislado ni meramente administrativo. Es una primera victoria política del proceso que viene desarrollando la docencia autoconvocada en Campana.
La Lista Naranja-Marrón no surge de acuerdos de aparato, sino de la lucha de un sector de la docencia que ha impulsado tres importantes asambleas y ha participado activamente en la movilización del 8M. Es la expresión de quienes vienen enfrentando la entrega salarial de la burocracia Celeste y levantando un programa claro: salario igual a la canasta familiar de $2.600.000, aumento inmediato del 100 %, anulación de las reformas educativas y rechazo a toda política de privatización, mediante un plan de lucha que incluya la huelga general.
Que esta lista haya logrado quebrar la proscripción no solo habilita su participación electoral: fortalece una referencia de lucha independiente dentro del sindicato.
La elección del 13 de mayo no es el objetivo final, sino una instancia más en una pelea más profunda: la recuperación del sindicato para la docencia.
La burocracia Celeste llega a este proceso desgastada, sostenida en mecanismos antidemocráticos y cada vez más alejada de las necesidades reales de las y los trabajadores de la educación. Por eso intenta bloquear cualquier expresión que cuestione su orientación.
Sin embargo, la experiencia reciente deja una lección clara: cuando la docencia se organiza y actúa, incluso estas maniobras pueden ser derrotadas.
En ese camino, las autoconvocatorias han demostrado ser un método clave: espacios de deliberación, organización y acción por fuera de los límites que impone la estructura burocrática. Su continuidad y desarrollo serán fundamentales, independientemente del resultado electoral.
Se abre ahora un desafío decisivo: que el conjunto de la docencia de Campana (afiliada y no afiliada) tome en sus manos esta elección.
No se trata solo de votar, sino de intervenir activamente: debatir en las escuelas, organizarse, fiscalizar, romper la apatía que la burocracia busca imponer y transformar la elección en una instancia de movilización política.
La oficialización de la Lista Naranja-Marrón demuestra que se puede avanzar. La maniobra de la burocracia fue clara; su desenlace, también: fracasó.
Pero deja, además, una enseñanza de fondo. No se trata de reclamarle a la burocracia que haga lo que ha demostrado sistemáticamente que no quiere hacer. No es un problema de falta de presión ni una táctica para “dejarlos en evidencia”: la burocracia ya se ha evidenciado por sí misma, una y otra vez, en su negativa a luchar y en su integración al gobierno.
Insistir en ese camino solo contribuye a sembrar expectativas en quienes no van a dar respuesta. La tarea no es interpelarlos, sino superarlos.
Cada paso conquistado (como la oficialización de la lista) reafirma la necesidad de actuar con independencia de la burocracia, apoyándose en la organización desde abajo, en las autoconvocatorias y en la movilización.
Ahora la tarea es ir por más.
