1° de Mayo, a las 15 horas: Acto de Política Obrera en el Salón Unione e Benevolenza. (Perón 1372. CABA).
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Un cuarto de siglo después de la mayor victoria del imperialismo internacional de todo el período posterior a la segunda guerra mundial, como ha sido la disolución ‘pacífica’ de la Unión Soviética y la re-imposición del capitalismo en China y otros países, encontramos a ese mismo imperialismo impulsando una nueva guerra mundial y enfrentando una crisis de la dominación política mundial. Lo que fue presentado como la manifestación de la superioridad histórica del capitalismo, se ha convertido en otra manifestación irrefutable de su decadencia histórica. Esta decadencia obedece al impasse alcanzado por sus contradicciones inherentes como sistema de explotación del trabajo humano. Esas contradicciones han estallado en todas sus dimensiones, planteando su superación por medio de la guerra. La OTAN, el ancla insustituible de la contrarrevolución burguesa en su guerra irreconciliable contra la clase obrera, ha ingresado en una etapa de guerra civil entre los estados capitalistas mismos. La crisis irreversible de la hegemonía del imperialismo norteamericano, el único imperialismo verdaderamente internacional en toda la historia última del capitalismo, ha sido el detonante de esta guerra mundial. La guerra es el instrumento para hacer frente a las contradicciones ‘nacionales’, que se combina con la represión, el rearme y la tendencia a abolir los métodos democráticos de gobierno.
La declinación del imperialismo hegemónico no puede ser superada por otro nuevo imperialismo ascendente, sino por medio de una guerra misma, ni puede dar paso a una gobernabilidad “multipolar”, que va en contra de la tendencia del capitalismo a la rivalidad, a la concentración de capital y su correlato – la dominación de una potencia sobre otra. Esta contradicción sustancial impide el establecimiento de un gobierno mundial y el establecimiento de una economía planificada en beneficio de un interés general. Todos los grandes estados nacionales denuncian que enfrentan un problema “existencial”, dando una expresión deformada y chovinista a su agotamiento como sistema de dominación cuando las fuerzas productivas han alcanzado un desarrollo internacional impresionante, que solamente podría progresar sin guerras, crisis o bancarrotas mediante la planificación mundial y una coordinación de intereses y aspiraciones homogéneos – como son los de los trabajadores y de la humanidad. Donald Trump pretende resolver el problema “existencial” del imperialismo norteamericano y del capitalismo en su conjunto amenazando con retrotraer a Irán a la “Edad de Piedra”; es lo que ha hecho al impulsar el genocidio contra el pueblo palestino como método de guerra – que ahora se extiende a Líbano.
La guerra ha acentuado las penurias de las masas en todo el mundo y diseminado un número de minas explosivas en las entrañas de la economía mundial. El impacto se ha traducido en grandes movilizaciones populares que, en el caso de Estados Unidos, ha asumido el carácter de una crisis de régimen político. La metrópoli del imperialismo internacional está más cerca de “un cambio de régimen” que cualquier otro país. El pago de los intereses de la deuda pública -más de un billón de dólares- se ha convertido en el primer rubro de gasto del Tesoro estadounidense. La economía mundial se ha convertido en un entresijo de endeudamiento recíproco cinco veces superior al producto bruto mundial, que sólo espera una chispa para provocar una explosión que empequeñece a todas las crisis precedentes. La guerra y la crisis financiera afecta a la humanidad en su conjunto y es la premisa de una alternativa socialista revolucionaria.
En el precario equilibrio internacional que ha precedido a la guerra, los gobiernos de centroderecha y de centroizquierda se han turnado como el método más conveniente de la dominación imperialista. En la transición a la guerra perdieron cualquier autoridad que pudieran haber tenido, lo que ha dado paso a una gran fragmentación política y al crecimiento de la ultraderecha. A diferencia del pasado, ningún bando imperialista ha ingresado a esta guerra con el estandarte de la democracia contra el ‘autoritarismo’. En cuanto a lo que se distingue como “extrema izquierda”, habiendo caracterizado a la victoria de las restauraciones capitalistas como un relanzamiento de la democracia burguesa, se ha adaptado sin vacilaciones a la variante parlamentaria del estado, sin cosechar absolutamente nada en términos de desarrollo o crecimiento, pero aportando su política para apartar a los trabajadores de la lucha de clases. Es lo que ha ocurrido en Argentina con el FIT U, que conmemorará el 1 de Mayo en medio de denuncias de complicidades recíprocas con el peronismo y de ‘traición’ a los trabajadores que ocupan una parte de las instalaciones de FATE. En cuanto a la guerra misma, su caracterización como un “caos” y un “desorden” mundial, y no como el estallido de las contradicciones del capitalismo en declinación, responde a su apoyo a la guerra de la OTAN, que abastecería de armas a una lucha de emancipación nacional (en este caso de Ucrania) contra Rusia, cuando su propósito es la anexión de Ucrania a la UE y a la OTAN, y a la preparación de una guerra directa contra Rusia. Con esta oposición a la guerra imperialista por ‘elección’, una sí la otra no (Irán), rechaza intervenir en la guerra con un llamado universal a los trabajadores contra todas las guerras imperialistas y contra todos sus gobiernos. De ahí el “caos” y el “desorden”. No hay tal cosa en el asalto a Venezuela y en la amenaza de invadir Cuba.
La crisis de dominación del capitalismo se conjuga con la mayor crisis dirección de la historia. Tanto una como la otra resaltan la vigencia del programa y el método de la IV Internacional, la cual debe ser refundada como organización. El abismo entre la crisis capitalista y la guerra, de un lado, y la madurez del proletariado internacional para enfrentarla, por el otro, es enorme. Pero los tiempos de la historia no se encuentran sometidos a la regularidad del giro de la Tierra. Lo que importa es la claridad que tenga una vanguardia y la capacidad que demuestre para desarrollar una experiencia común con los obreros más avanzados y la clase obrera como tal.
En medio de una crisis histórica del orden de dominación imperialista y la extensión de la guerra, Argentina asiste a los estertores del hundimiento liberticida, es decir a un período de agudización de la crisis y de la lucha de clases, que la burguesía, incluida la ‘extrema izquierda’ intentarán domesticar con el señuelo del recambio electoral. Javier Milei, el agente a sueldo de Trump y Netanyahu, y una criatura de la guerra imperialista mundial, ha entrado, hace tiempo, en un período de declinación, con relativa rapidez. Lo llevó al gobierno el fracaso del peronismo, en especial en la pandemia, cuando subsidió fuertemente a las patronales y dejó en la vereda a los trabajadores y la juventud. Le dio viabilidad una operación política de Sergio Massa para sacar al macrismo de la segunda vuelta. Pero el gobierno pasó efectivamente al macrismo, por medio de Luis Caputo y su programa de ‘shock’. La burguesía de Argentina le está buscando un reemplazante, bajo la forma de “un gran frente nacional” de populistas y liberales, de peronistas, macristas y renegados del mileísmo, para evitar el ingreso a una crisis política sin contención. Milei ha enganchado a su gobierno a las Fuerzas Armadas mediante la incorporación al ministerio de Defensa del comandante en jefe del Ejército. Ha convertido al estado en una oficina de espionaje ciudadano, con facultades policiales y establecido un proto gobierno por decreto. El peronismo y la burocracia sindical lo han mantenido en pie mediante el mayor sabotaje a las luchas obreras y educacionales de toda la historia. El FIT U aportó a esta política con un seguidismo sin fractura a la burocracia sindical (“por un plan de lucha de la CGT”), y ahora se convirtió en el responsable del aislamiento e inmovilismo de la lucha de los trabajadores del Neumático. FATE marca un punto de inflexión del FIT U – un instrumento de izquierda de la patronal criolla.
En vísperas de un Primero de Mayo, nuestro Partido, Política Obrera, convoca a los luchadores de Argentina y de todo el mundo a explotar la crisis planteada por la guerra imperialista – en primer lugar para construir y desarrollar un partido revolucionario internacionalista y la IV Internacional. Es la condición para asegurar la victoria política socialista de la clase obrera. La construcción de un partido de trabajadores no debe ser aceptada como un partido sin delimitación política, que promueve la confusión y el movimientismo, sino todo lo contrario, un partido que eduque una vanguardia obrera con una consciencia socialista internacional. Lo contrario es simplemente un embuste.
Abajo la guerra imperialista. Abajo los gobiernos imperialistas. Por una acción de masas internacional contra la guerra imperialista y por la victoria de las naciones oprimidas contra el imperialismo.Por gobiernos de trabajadores. Por un partido obrero internacionalista. Por la IV Internacional.
