IV Congreso de Política Obrera

Resolución política electoral

Presentada el 31 de marzo de 2026, aprobada en el IV Congreso de Política Obrera (17 al 19 de abril de 2026).

Tiempo de lectura: 4 minutos

  1. Argentina ha ingresado en la etapa electoral de 2027 de un modo ‘sui-generis’. Las encuestas de opinión no buscan obtener una intención de voto de los consultados, pero la reemplazan por una compulsa de imagen de los candidatos principales. Se abre, de este modo, una etapa pre-electoral. En esta fase, la agenda principal tiene que ver con varias reformas electorales, que deberían entrar en vigencia este año – la reforma de la “arquitectura institucional”. En el paquete entran la eliminación de las Paso y el cese del financiamiento público a los partidos, o incluso las condiciones para su legalización. No parece, por ahora, que estuviera en juego el ballotage, cuya derogación podría entrar en la agenda si persiste la fragmentación de la oposición. Una política “preelectoral” significaría, en primer lugar, fijar una posición frente a una eventual nueva “arquitectura” y, en segundo lugar, frente a los realineamientos que produzca en la oposición, tanto en relación a estos cambios, como a las divisiones y alianzas que dejen como resultado.
  2. Dado el desarrollo que viene asumiendo la guerra imperialista mundial y el atrofiamiento del plan económico del gobierno no se debe descartar, de ningún modo, una crisis extraordinaria de gobierno. Su impacto en el diseño político-electoral o anti-electoral deberá ser evaluado a través de una participación activa en el desarrollo de conjunto de los acontecimientos, incluidas las modificaciones en el escenario pre-electoral. Entre mayo y noviembre están previstas elecciones que podrían incidir fuertemente en esta etapa – en Colombia, Brasil (en octubre) y Estados Unidos (en noviembre). Los pronósticos oscilan entre un probable triunfo del candidato de Petro (pero de ningún modo seguro); un ballotage Lula-Bolsonaro hijo; y una derrota aplastante de Trump. Los resultados tendrán una influencia secuencial en Argentina, con la posibilidad de que la derrota de Trump, combinada con el estallido de la crisis en desarrollo en Argentina, afecte decisivamente las posibilidades electorales de Milei e incluso una caída del gobierno. Las expectativas que todo este desarrollo cree respecto a una reelección de Milei o a su derrota, afectará la situación política de cada momento de la etapa.
  3. Del lado del oficialismo no está en cuestión, por supuesto, la candidatura de Milei a una reelección, pero sí el armado de la lista final, al cual LLA intenta atraer a varios sectores peronistas; también, por supuesto por las aventuras judiciales de la camarilla liberticida, comprometida en la corrupción hasta los tuétanos. Las peleas dentro de la camarilla oficialista pueden ser neutralizadas, aunque hasta cierto punto, en la situación corriente, pero con un impacto creciente a la luz de los desafíos electorales del oficialismo.

El tema más interesante es si la oposición puede unirse en un “frente grand(ísimo), como ocurrió con Lula en las elecciones de 2022 en Brasil, con participación de aquellos que promovieron el golpe contra Dilma Roussef y la condena contra Lula. Es lo que buscan Kicillof, por un lado, y Macri, por el otro, mientras disputan su liderazgo en UxP, el primero, y el PRO-radicalismo, el segundo. Es el tipo de asociación política que impulsan Rocca, Madanes, los capitanes textiles y un sector de bancos. Una repetición en Argentina del Gran Frente en Brasil, en 2022, sería, por cierto, un golpe en el bajo vientre del FITU, porque tendría que lidiar contra el “voto útil” mucho más que el pasado. Provocaría, de inmediato, una crisis entre sus camarillas. Es claro, a esta altura del desarrollo de la presente resolución, que la ausencia de una política de nuestra parte en esta etapa ‘preelectoral’, nos dejaría afuera de la etapa electoral.

  1. Los sondeos de opinión atribuyen un ascenso al FITU. Es cierto que esta información debe ser tomada con prudencia, porque el crecimiento de Bregman no acompaña a Del Caño o Castillo. El resto del FITU ha entrado en un cono de sombra. El FITU quedaría en una situación conveniente si no tiene lugar el gran frente opositor ‘a la brasileña’, pero sólo hasta cierto punto. Según como se diseñe una división del frente patronal de oposición, existe la probabilidad de que el MST se incorpore a una de sus variantes, como ha ocurrido el 24M (junto a Izquierda Socialista), o sea rompa con el FITU. El mismo PTS podría ser solicitado por el cristinismo para formar un frente ultra nacional y ultra popular, como se sugiere con frecuencia creciente en las redes. Una asociación con el cristinismo (él solo o acompañado por otros sectores patronales, aunque menores) podría dar ventajas para nada despreciables al PTS, como la candidatura a la jefatura de gobierno de CABA para Bregman o un número de candidatos ‘expectables’ a legisladores, por ejemplo, veinte diputados y hasta uno o dos senadores. El “frente de candidaturas” se acaba de poner en práctica en el SUTEBA con la Azul y Blanca del peronizado PCR.

Política Obrera tiene la obligación de hacer consciente esta situación en su conjunto y los alineamientos de fuerzas políticas en presencia para combatir una tendencia al oportunismo electoral, que se agigantará a medida que se aproximen las elecciones.

  1. Este escenario político preelectoral se nos presenta como “un bocado para cardenal”. Ciertamente, ocupamos una posición marginal, pero estamos ante una gran oportunidad para atenuarla y superarla mediante nuestros recursos de lucha política. Desde la “arquitectura institucional’ de Milei, de naturaleza proscriptiva, hasta el oportunismo corrupto del partido del gobierno y de los partidos patronales, pasando por el de la ‘izquierda’, esencialmente de adaptación al orden político capitalista, es decir arribista, debemos desarrollar una denuncia de alto nivel político. Con una utilización realmente efectiva de los medios de propaganda existentes, este trabajo de delimitación, en el terreno de la propaganda, nos serviría para atraer el interés de los activistas obreros más politizados y de una intelectualidad (incluidos los estudiantes) vinculada a la lucha de clases y con inclinaciones de izquierda o marxistas. Entraríamos a la campaña electoral con un activo de posiciones políticas que fue sometido a la prueba de los acontecimientos. Podríamos servirnos de esta convergencia política para llamar ulteriormente a un Frente Socialista de Trabajadores o a un Frente Revolucionario de Trabajadores, en una coyuntura obrera internacional de radicalización.

La campaña preelectoral deber servir, como resulta obvio, para asegurar la legalidad nacional y aumentar las de distrito. Pero el sustento de esta labor organizativa debe ser la labor política, que es la que inmuniza contra las vacilaciones organizativas. Debemos tener una sección permanente en el periódico y una difusión sistemática y variada en redes sociales. Necesitamos multiplicar charlas y conferencias, debates públicos y asambleas abiertas regulares – ir a la radio y televisión munidos de esta resolución y de la lucha política-ideológica a emprender en todos los medios, incluso los grandes medios de prensa nacionales.

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