Escribe Jorge Altamira
Por un 1 de Mayo contra la guerra imperialista y el abatimiento del imperialismo mundial.
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En la noche del martes 21 (algunos medios dicen que sería el miércoles 22), tendría fin la tregua pactada por dos semanas entre los gobiernos de Estados Unidos e Irán. Los medios de comunicación coinciden en que la brecha entre las posiciones de uno y otro es insuperable. Para el Wall Street Journal esto significaría la reanudación de los bombardeos del Pentágono y la fuerza aérea del estado sionista contra Irán. Donald Trump ha amenazado con proceder a la destrucción completa de toda la infraestructura civil de Irán. El diario israelí Haaretz opina, por el contrario, que habría una extensión temporal del cese del fuego, aunque también presume que podrían reiniciarse las hostilidades, porque es lo que ha sucedido siempre antes que el presidente de Argentina visita Israel.
Las negociaciones para un acuerdo duradero fracasaron al día siguiente de la primera reunión entre las partes – una encabezada por el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, la iraní por el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Argahchi. Además de reclamar la libre navegación por el estrecho de Ormuz, la delegación norteamericana reclamó la entrega a Washington del uranio enriquecido por parte de Irán; el cese por veinte años de las investigaciones nucleares de este país; la ruptura con la milicia shiita Hizbollah; y la supervisión de las exportaciones de petróleo y gas licuado de Irán, por parte de Estados Unidos. En estas condiciones, el cese del fuego se convertía en un ultimátum a Irán y en un medio para conseguir en la mesa de negociaciones lo que Trump y Netanyahu no habían conseguido por medio de una guerra de altísimo impacto destructivo. Irán rechazó la extorsión y reclamó, además, el cese de las sanciones económicas al país y el pago de una indemnización por las destrucciones ocasionadas por la agresión norteamericano-sionista. Trump y Netanyahu alegaron, ulteriormente, que las negociaciones no incluían el cese de la agresión sionista contra Líbano, un punto decisivo de la guerra.
Irán, de todos modos, liberó el pasaje por el estrecho de Ormuz, un reclamo fuerte de China, que fue quien movió los hilos para que Pakistán, un aliado de la República Popular, oficiara de mediador para realizar el encuentro. Lejos de acogerlo como una concesión, Trump lo tomó como un desaire político, y ordenó el bloqueo de los puertos iraníes, agravando, de este momento, la crisis de oferta de petróleo y de gas a nivel mundial. Este agravamiento de la crisis desmintió a todos aquellos que dedujeron del fracaso estratégico del imperialismo norteamericano para doblegar a Irán, el fin de la guerra y la retirada en chancletas de Trump. Trump, por su lado, inventó una negociación entre las autoridades oficiales de Líbano con Israel, para sacar de las negociaciones la anexión de Líbano que Netanyahu persigue sin vacilaciones.
El impasse estratégico y la reanudación formal de una guerra que nunca cesó, forzó a Xi Jinping, el presidente de China, a reclamar en forma pública, por primera vez, la reapertura de Ormuz y la finalización del bloqueo de Trump a los puertos iraníes. La cuestión es vital para China, que importa la mayor parte de su petróleo desde Irán y que ha anudado en torno a los puertos del Medio Oriente y el Mediterráneo oriental una cadena de inversiones en su Iniciativa de la Ruta de la Seda. Es en torno a este reclamo que China pretende encarar por vía de negociaciones un acuerdo para el cese de la guerra contra Líbano y las cuestiones nucleares de Irán. Xi Jinping ha publicitado esta propuesta con el propósito de agrupar a un frente que incluya a la Unión Europea; a los países que tienen acuerdos con los Brics, en especial Arabia Saudita, Egipto y Turquía; y, como gran apuesta, sustraer a los emiratos del Golfo de la tutela de Washington. Este escenario pone en la superficie lo que para muchos resulta invisible a los ojos: que se desarrolla una guerra mundial, con teatro en Irán, Líbano, Ucrania, Rusia, pero que cuyos protagonistas estratégicos son Estados Unidos, por un lado, y China, por el otro. Xi Jinping no busca la satisfacción de los reclamos de Irán y una derrota del imperialismo norteamericano; todo lo contrario, ofrece una vía de salida en función de sus propios intereses económicos internacionales. La economía de China ofrece una deflación persistente, al igual que una sobreproducción tal, que la prolongación de la guerra en el Medio Oriente puede afectar en forma catastrófica. La posición histórica de China, en su recorrido por el capitalismo, no se encuentra menos en crisis que la del imperialismo norteamericano. Japón ya está afilando sus armas para intervenir en un conflicto militar que tendría como paisaje otro estrecho – el de Taiwán. La flota norteamericana abordó un buque vinculado a China en el mar Arábigo, en cumplimiento del bloqueo a Irán.
En el otro extremo del planeta, una delegación norteamericana se ha hecho presente en Cuba, para forzar una privatización masiva de la Isla y el ingreso masivo de capital extranjero bajo supervisión de Estados Unidos. Con este programa bajo el brazo, Trump ha amenazado al gobierno de Cuba con una incursión militar, que será, en sus palabras, lo que seguirá a la ampliación de la guerra contra Irán. Ninguno de los ‘amigos’ de Cuba ha desafiado el bloqueo trumpista total de la Isla; plantean una intervención diplomática de la ONU. El ámbito geopolítico de la guerra es mayor que el de la segunda guerra mundial. En este contexto, la crisis política progresa a todo vapor en Estados Unidos – y en Irán. El Wall Street Journal trata a Trump, en su edición de hoy, como un tonto o iluso (“sucker”), que se contradice a cada paso, entre amenazas bíblicas y retrocesos vergonzosos. Diversos medios aseguran que el gobierno oficial de Irán, de un lado, y la Guardia Revolucionaria, del otro, se mueven en sentido contrario acerca de un cese del fuego que no fuerza al cese de la agresión sionista a Líbano. La presión de la burguesía de Teherán y China se ejerce en favor del gobierno oficial. La Guardia Revolucionaria habría llamado a movilizaciones populares para apoyar la guerra de defensa nacional de Líbano. En cuanto a Estados Unidos, hay llamados para una huelga general en Minneapolis el 1 de Mayo, día que no es reconocido como tal en el país que protagonizó las masacres que lo convirtieron en la Jornada Internacional de los Trabajadores.
Se haga efectivo o no el plazo del cese del fuego que vence hoy martes, o mañana miércoles, la escalada de la guerra imperialista prosigue. Un retorno al ‘status quo ante’ es sólo una ilusión interesada. Es necesario una gran movilización de masas contra la guerra, que dé expresión a las penurias, carencias y ajustes que sufre la humanidad trabajado. Javier Milei es un abanderado de la guerra imperialista, es decir un enemigo de los trabajadores de Argentina y de la misma independencia nacional.
Este 1 de Mayo será para Política Obrera una jornada internacional de lucha por poner fin a la dominación (en bancarrota) del imperialismo.
