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El 28 de abril de 1986, a las 21:00 horas, Radio Moscú emitió un escueto comunicado: "Se ha producido un accidente en la central nuclear de Chernobyl: uno de los reactores atómicos ha sufrido daños. Se están adoptando medidas para liquidar las consecuencias del accidente. Se está prestando ayuda a los afectados y se ha creado una comisión gubernamental." De esta manera, dos días después del hecho, la burocracia soviética reconocía parcialmente el accidente ocurrido el 26 de abril de 1986 en la central nuclear Vladimir Ilich Lenin, ubicada al norte de Ucrania, a casi 3 km de la ciudad de Prypiat. A la fecha, es considerado el peor accidente nuclear de la historia, con un saldo de 4.056 muertes y daños estimados en 7 billones de dólares. La lluvia radiactiva producto del accidente afectó zonas de Ucrania, Bielorrusia y Rusia, y 350.000 personas fueron forzadas a relocalizarse lejos de estas áreas. Tras el accidente, "trazas de depósitos radiactivos fueron encontrados en casi todos los países del hemisferio norte" (Benjamin Sovacool, The Costs of Failure: A Preliminary Assessment of Major Energy Accidents, 1907-2007, 2008).
El origen de la ciudad de Chernobyl se remonta a la Edad Media; se asienta en la confluencia de los ríos Prypiat y Uzh, a 133 km al norte de Kiev. La región es de suelo arenoso, con turberas y marismas, y escasamente poblada. La actividad principal era la ganadería lechera. En 1970, las autoridades soviéticas decidieron instalar allí la primera central nuclear de Ucrania, eligiendo la zona precisamente por su lejanía de los grandes centros de población. La nueva ciudad planificada, Prypiat, fue concebida para albergar hasta 200.000 habitantes. El primer bloque entró en funcionamiento en octubre de 1977, y los siguientes en 1978, 1981 y 1983. En 1986, Chernobyl representaba el 10% de la capacidad total de generación eléctrica de la URSS y contaba, junto con Leningrado, con la central nuclear más grande del país, con 4.000 MW. Desde sus primeros años de construcción, la central estuvo plagada de problemas: escasez de mano de obra calificada, alta rotación del personal, alcoholismo, baja moral y suministros deficientes.
La ratificación por parte del Kremlin llegó el 28 de abril, ocho horas después de que el gobierno sueco detectara altos niveles de radiación en los equipos de monitoreo de la central nuclear de Forsmark, cercana a Estocolmo. Las autoridades suecas buscaron aclaraciones a través de canales diplomáticos, pero sin éxito alguno. La noticia se extendió como reguero de pólvora entre los principales gobiernos de Occidente.
La presión internacional para que el gobierno soviético dé información de lo ocurrido crecía día a día. El 5 de mayo, en Tokio, los líderes del Grupo de los Siete pidieron al gobierno soviético que proporcionara de inmediato toda la información solicitada sobre el accidente. Del 27 de abril al 22 de mayo, se realizaron 22 visitas de diplomáticos extranjeros en Kiev. La KGB vigiló cuidadosamente sus movimientos, pinchó las conversaciones telefónicas y bloqueó las emisiones televisivas. En primera instancia la dirigencia soviética siguió la línea de un sabotaje externo. Horas después de la explosión la burocracia montó un plan de acción con el nombre en clave "Prípyat". Su esencia era buscar agentes de servicios especiales extranjeros en la central nuclear de Chernobyl. La KGB investigó si algún representante de la empresa alemana occidental Elbe-Kaiser había reclutado a alguien durante una visita a la planta en octubre de 1985. Interrogaron a empleados de la central nuclear que habían viajado de negocios al extranjero durante un año. Estudiaron la correspondencia del personal con instituciones extranjeras. Pero la KGB no obtuvo resultados.
En la Unión Soviética, los accidentes en centrales nucleares no eran infrecuentes, pero se clasificaban sistematicamente. Las autoridades y la KGB ocultaban información tanto al público como a los especialistas. Las fallas se trasmitían entre los trabajadores como rumores.
Por la envergadura de la explosión de Chernobyl fué la primera vez que el gobierno soviético reconocía un accidente en alguna de sus plantas nucleares, ya que en los treinta años anteriores se habían registrado "múltiples relatos de incidentes en plantas nucleares soviéticas, comenzando con una catástrofe importante: una aparente explosión de un depósito de residuos nucleares cerca de Cheliabinsk y Smolensk en 1958-59, que arrasó varios pueblos y contaminó suficientes lagos y vegetación como para hacer inhabitables todas esas zonas" (David R. Marples, "Chernobyl y la energía nuclear en la URSS", Instituto Canadiense de Estudios Ucranianos). En 1981, en la ciudad de Rivne, también ubicada en Ucrania, un generador de vapor nuclear se averió. Fue reparado, pero las autoridades soviéticas nunca admitieron el hecho. A finales de 1982, ocurrió otro accidente en la central nuclear armenia cerca de la ciudad de Metsamor. Un generador explotó y la sala de turbinas se quemó por completo. Poco después, durante el arranque de un reactor en la central nuclear de Balakovo, explotó una válvula de alivio. Vapor sobrecalentado a 300 grados Celsius llenó el espacio circular alrededor del recipiente del reactor y catorce trabajadores murieron. Sin embargo, no apareció información significativa sobre el incidente en los medios, solo breves y superficiales avisos en Pravda y, una vez más, rumores.
Durante todos esos años, impulsada por la carrera armamentística de la Guerra Fría, la burocracia soviética había sostenido el discurso de la fiabilidad del desarrollo nuclear, programa que el Estado soviético había iniciado formalmente el 20 de agosto de 1945, inmediatamente después de los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki, conformando un Comité Especial para el uso de la energía del uranio. Los estudios teóricos iniciados en 1943 arrojaron sus primeros resultados en 1946, cuando científicos soviéticos lograron la primera reacción nuclear en cadena autosostenida en Moscú. El 29 de agosto de 1949 se registró el ensayo exitoso de la primera bomba atómica soviética, la "Joe 1", en Semipalatinsk. La primera central nuclear del mundo fue inaugurada en 1954 en la ciudad de Óbninsk.
Ese relato sobre la "fiabilidad del desarrollo nuclear" llevó a que la burocracia soviética no contemplara siquiera la posibilidad de que un accidente de semejante envergadura pudiera ocurrir. Mientras el gobierno encabezado por Gorbachov entregaba información a cuentagotas, los satélites norteamericanos fotografiaban la zona del desastre y el reactor, lo que llevó a Kenneth Adelman, director de la Agencia de Control y Desarme de Armas, a calificar de "absurda" la cifra oficial de dos muertos, abriendo un debate sobre el número de víctimas y provocando una escalada en la tensión entre la URSS y Estados Unidos. Los medios soviéticos siguieron la línea bajada por el Kremlin y contratacaron con propaganda sobre accidentes en centrales occidentales, especialmente en Three Mile Island (EE.UU., 1979) y Sellafield (Reino Unido, 1957).
La burocracia, consciente de la crisis política y social que se abría con la explosión, tardó dieciocho días en reconocer oficialmente el desastre nuclear. En Prensa Obrera del 15 de mayo de 1986 puede leerse que "el aparato de la burocracia quedó inmovilizado frente a la catástrofe”. Las autoridades locales mantuvieron silencio durante dos largos días después del estallido del reactor número 4 de la planta. Recién el 28 de abril el Kremlin fue informado de la gravedad de la situación por el primer ministro ucraniano, Alexander Lyashko. La evacuación comenzó a realizarse otros dos días más tarde, el 2 de mayo, cuando el primer ministro soviético, Nikolai Ryzhov, hubo de dar órdenes oficiales. El régimen burocrático resultó así el gran responsable de las víctimas del hecho y la amplitud de los daños." Durante este período, gran parte de la población estuvo expuesta sin saberlo al yodo-131, debido a la negativa de la burocracia de admitir la catástrofe y a la desinformación sistemática, lo que provocó una propagación masiva del cáncer de tiroides en los años siguientes.
El 14 de mayo, Mikhail Gorbachov, Secretario General del PCUS, realizó finalmente una alocución televisiva sobre el desastre de Chernobyl, más de la mitad de la cual estuvo dedicada a la cobertura occidental del accidente y a la "montaña de mentiras" que ésta habría acumulado. Gorbachov elogió el papel de los trabajadores soviéticos en la superación de una dura prueba que había costado la vida a V. N. Shashenok, ajustador de sistemas automáticos, y a V. I. Khodemchuk, operador, y provocado intoxicaciones por radiación en 299 personas, siete de las cuales ya habían fallecido. Gorbachov no estaba dispuesto a decir nada que pudiera comprometer el desarrollo de la energía nuclear en la URSS y Europa del Este.
Pavel Palazhchenko, intérprete de Mijaíl Gorbachov, recordó más tarde que Moscú estaba "al borde del pánico" y "los rumores se extendieron por toda la ciudad. Pocos confiaron en la versión oficial (...) Los medios estatales, tanto por costumbre como por miedo a causar pánico, minimizaron las consecuencias del desastre. El ambiente en Moscú era sombrío y a menudo enfadado. En resumen, era un ambiente de profunda desconfianza hacia las autoridades".
Boris Yeltsin, quien al momento de la explosión era el líder del Politburó moscovita, informó en Hamburgo que el desastre se debía a un "error humano". Sin embargo, a su regreso a Moscú no consideró necesario informar a la población sobre el asunto. Es decir, que la burocracia se mostró abierta con el imperialismo, pero encubrió los hechos ante su propio pueblo (Prensa Obrera, 15/05/1986).
El 27 de marzo de 1986, apenas un mes antes del accidente, la periodista Liubov Kovalevska publicó en la Literaturna Ukraina un demoledor artículo describiendo el caos constructivo del quinto reactor: los problemas del primer bloque se habían transmitido al segundo, del segundo al tercero, "y junto con ello se habían expandido y agravado". El hormigón prefabricado llegaba con defectos, las estructuras metálicas con fallos, y el plazo para terminar el quinto reactor había sido reducido de tres a dos años por una decisión política, sin que nadie estuviera preparado para ello.
El artículo de Kovalevska estaba basado en testimonios de trabajadores. Estos señalaron que el plazo de construcción de la planta había sido recortado de tres a dos años, lo que generó graves problemas estructurales. Los directores de la obra habían permitido que esos errores se acumularan, "causando indignación entre los trabajadores y un sentimiento de enemistad contra la dirección de la planta", lo que se conjugó con "la torpeza y la incapacidad de los ingenieros y técnicos para organizar el trabajo, disminuyendo la capacidad para exigir esfuerzo a las brigadas". El artículo describía con claridad "escasez de equipos y materiales, baja moral laboral, defectos en el equipamiento, plazos poco realistas y un relajamiento de los estándares de construcción." Los propios trabajadores habían advertido que "el trabajo de la obra pudo haber avanzado ininterrumpidamente sobre la base de la adhesión a la tecnología, pero esto es exactamente lo que no ocurrió". Kovalenska concluía que los suministros de materiales habían sido "siempre" escasos y deficientes, redundando en una "pobreza del sistema de construcciones que, desafortunadamente, se convirtió en lo característico del sistema".
El artículo de Kovalenska estuvo precedido por informes que detallaban la mala calidad de la industria nuclear soviética y sus efectos sobre el medioambiente, dando cuenta de que los problemas eran conocidos por la burocracia y que no se hicieron intentos reales para solucionarlos. En un reflejo de autopreservación, ante los sucesos la burocracia decidió mantener un "estado de normalidad" para evitar el pánico. Los primeros informes minimizaron el alcance de la explosión y la difundieron como un caso ordinario de "daños en el reactor", sin advertir a la población sobre las consecuencias de la exposición a la radiación. Esto quedó claramente de manifiesto en los primeros momentos del accidente: los bomberos, entre los primeros en atender la explosión, no eran conscientes de los niveles de radiación y carecían de ropa y equipamiento adecuados para una catástrofe de tal magnitud. De manera similar, el personal médico de la central que asistió a las víctimas no estaba debidamente informado ni disponía de medicamentos ni indumentaria adecuada. Los efectos sobre la salud de la población podrían haberse minimizado si se hubieran distribuido pastillas de yodo no radiactivo o si, al menos, se hubiera advertido a la población que evitara las zonas más afectadas. La ciudad más cercana al desastre, Prypiat, situada a tres kilómetros, no fue evacuada hasta el 27 de abril, lo que significa que su población ya había estado expuesta a altos niveles de radiación, con muchos vecinos experimentando síntomas como vómitos, sabor metálico en la boca y dolores de cabeza.
El caso de Chernobyl se convirtió en la manifestación de la incapacidad de la burocracia frente a la creatividad y el espíritu crítico de los trabajadores, quienes "demostraron ser capaces de prever o de evitar lo ocurrido" (Prensa Obrera, 15/05/1986). Trotsky había advertido que cuanto más complejo se vuelve el proceso productivo, más torpe resulta la burocracia para conseguir buenos resultados, los que son incompatibles con un régimen totalitario, que ocultaba datos e información. La obtención de buenos resultados supone libertad de crítica y de iniciativa de los trabajadores.
En medio del fatalismo se extendió por la zona de la catástrofe una broma ilustrativa de la situación en la que estaban inmersos los trabajadores y población en general: "En el cielo, una víctima de Chernobyl y un residente de Kiev se encuentran. ' ¿Qué te trae por aquí?' pregunta el residente de Kiev. 'Radiación', responde la víctima de Chernobyl. '¿Y tú?' 'Información', dice el residente de Kiev”.
Para 1986, la central de Chernobyl era una de las más grandes del mundo y estaba orientada a un programa militar estratégico del ejército soviético. Los planes de la burocracia contemplaban transformarla en la mayor del mundo, incorporando 12 reactores capaces de generar 12.000 MW. Al momento del accidente, 4 reactores estaban en funcionamiento y 2 se encontraban en construcción. Durante la noche del 25 al 26 de abril, los técnicos llevaban adelante un experimento destinado a "probar el rango inercial de la unidad turbo - generadora de la central nuclear."
A través de dicho experimento, los científicos buscaban determinar cómo funcionaría el reactor ante una pérdida del suministro eléctrico externo y si podría autoabastecerse durante ese lapso mediante la reducción de su potencia. En el transcurso de la prueba, "se redujo la potencia del reactor, provocando inestabilidad en el núcleo del reactor número cuatro: primero bajando la potencia más de lo esperado, y luego produciendo un aumento brusco al que los técnicos no pudieron poner freno, causando un severo sobrecalentamiento tanto del núcleo como del agua de refrigeración."
El experimento había comenzado el 25 de abril, pero se extendió hasta las primeras horas del día siguiente. En la madrugada del 26 se procedió a la desactivación de las medidas de seguridad y al corte del suministro eléctrico. A la 1:24 de la madrugada, entre 40 y 60 segundos después del corte, se produjo una gran explosión en el núcleo, generando una nube de vapor e hidrógeno. Segundos más tarde, toda el agua de refrigeración se evaporó del interior de la vasija del núcleo. La presión se elevó súbitamente, provocando una explosión que rompió los muros de contención. Menos de tres segundos después se registró una explosión mucho más violenta, motivada por la entrada de aire exterior a la vasija, que reaccionó con las 2.500 toneladas de grafito utilizadas en el reactor como moderador de neutrones, provocando a su vez un gran incendio, con una potencia equivalente a entre tres y cuatro toneladas de TNT. Esa segunda explosión hizo volar por el aire la tapa del reactor - de más de 1.200 toneladas de peso -, destruyó el edificio del reactor, avivó el incendio y expulsó al exterior combustible nuclear y productos de la fisión. Como consecuencia, el reactor número cuatro quedó completamente expuesto: los residuos contaminantes se liberaron sin contención alguna, ascendieron a la atmósfera y fueron dispersados por el viento, arrojando un centenar de radionúclidos distintos, cada uno con diferente tiempo de permanencia en el ambiente y distinto poder tóxico.
Fuentes presenciales confirmaron que la primera explosión tuvo un brillo rojizo y la segunda una coloración azul celeste, tras la cual se habría observado un hongo atómico sobre la central. Según los expertos, ambas explosiones fueron de naturaleza térmica, por lo que la radioactividad comenzó a emitirse desde el cuarto reactor, ya destruido e incendiado, contaminando su entorno tanto inmediato como mediato.
Las pericias realizadas con posterioridad concluyeron que la explosión nuclear fué resultado de una cadena de factores. El reactor tendría que haber sido apagado antes del experimento, pero el cierre se postergó nueve horas debido a la proximidad de las celebraciones del 1.° de mayo y a la necesidad de electricidad para cumplir con el plan de producción. Por estos motivos, la fase central del experimento debió realizarse durante el turno nocturno, cuando estaban a cargo los técnicos menos especializados.
El gobierno soviético concluyó que el personal no siguió las normas de seguridad correspondientes. El director de la central, V. P. Bryukhanov, y el ingeniero jefe N. M. Fomin fueron condenados a 10 años de prisión; el ingeniero jefe adjunto A. S. Dyatlov, a 5 años; el jefe de la sala del reactor A. P. Kovalenko y el responsable del turno B. V. Rogozhkin, a 3 años; y el inspector estatal Y. A. Laushkin, a 2 años. La investigación oficial concluyó que el accidente se debió a un encadenamiento de causas: fallos en los sistemas de seguridad, incumplimiento de medidas reglamentarias, falta de protocolos y estudios previos adecuados, ausencia de controles exhaustivos durante el proceso, y graves deficiencias estructurales combinadas con errores humanos.
El desarrollo de la energía nuclear iniciado por la URSS en la década de 1940 se extendió a toda Europa del Este a través del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), que estableció una red unificada entre la URSS y los países satélites. En este esquema, Ucrania cumplía un rol fundamental: sus dos líneas de transmisión de 750 kilovoltios la conectaban con la red del Este europeo. Mediante un sistema "cooperativo", cada país miembro aportaba distintos recursos: Rumania suministraba tanques de agua; Alemania Oriental, grúas; Hungría, equipos de recarga y tratamiento de agua; Bulgaria, bombas y condensadores; Polonia, presurizadores e intercambiadores de calor; Yugoslavia, grúas y componentes; y Checoslovaquia fabricaba reactores de agua presurizada en su planta Skoda. De esta manera, el programa otorgaba a la URSS un enorme control sobre las economías de sus aliados.
En este entramado, Ucrania cumplía un rol estratégico al proveer energía eléctrica a Rumania, Bulgaria, Polonia y Hungría a través de cuatro centrales nucleares. Su importancia radicaba en ser la región más industrializada del bloque -exceptuando a Rusia-, con complejos de acero, carbón y productos químicos.
Mientras la burocracia proclamaba la seguridad del complejo nuclear soviético, en 1979 los académicos Dollezhal y Koriakin publicaron en Kommunist - revista teórica del PCUS - un artículo pionero que expresaba serias preocupaciones sobre la expansión de la energía nuclear en la parte europea de la URSS: agotamiento de recursos hídricos, pérdida de terrenos agrícolas para embalses de enfriamiento, problemas de transporte de residuos y riesgo creciente por la concentración de plantas en zonas densamente pobladas. Los autores proponían construir los complejos nucleares en zonas remotas. El artículo fué posteriormente refutado en la prensa soviética.
Un anticipo de lo que ocurriría en Chernobyl se produjo en julio de 1983, cuando en el complejo de ingeniería nuclear Atommash -dedicado a la fabricación de reactores y ubicado en la ciudad rusa de Volgodonsk- se emitió un decreto del Consejo de Ministros por "flagrantes violaciones de la disciplina estatal". La causa fue que los responsables habían ignorado el ascenso del nivel freático en la zona, lo que provocó el hundimiento de los edificios. Varios trabajadores abandonaron la planta y corrió el rumor de que "Volgodonsk se hunde". Por su parte, Stepánovich Neporzhny, ministro de Energía y Electrificación de la URSS, habría señalado a un congresista estadounidense que, antes de Chernobyl, se habían producido "varios accidentes", incluyendo una explosión y una fuga radiactiva. En 1976, opositores checoslovacos reportaron dos accidentes graves en la central de Jaslovske Bohunice. En 1981, hubo reportes de sobrepresión en la central de Rovno que dañó un generador de vapor. En agosto de 1985, un desertor estonio denunció un depósito de residuos nucleares en Tallin con condiciones primitivas y al menos una muerte por fuga radioactiva.
Chernobyl, de manera catastrófica, se convirtió en un punto de inflexión en el programa de reestructuración económica y política anunciado por Gorbachov, y puesta en marcha el 23 de abril de 1985, bajo el nombre de Perestroika, que a través de la liberalización de la economía buscaba superar el largo estancamiento económico, y se combinaba con la Glásnot, encargada de introducir reformas políticas y sociales.
Mijaíl Gorbachov aseguró en el año 2006 -cuando se cumplieron 20 años de la explosión nuclear de Chernobyl- que a su juicio, ésa "fue quizás la verdadera causa del colapso de la Unión Soviética", introduciendo la idea de la "muerte por ecocidio" de la URSS (Joachim Radkau, Age of Ecology, Cambridge: Polity, 2014).
De alguna manera, Chernobyl se convirtió en una “prueba de fuego” para los “reformadores”. El intento del Kremlin de ocultar la gravedad de la explosión, sobre todo a la población de la URSS, socavó la poca confianza con la que la burocracia contaba. La humillación internacional y el caos administrativo en el que se sumió la burocracia, llevaron a Gorbachov a acelerar la Glásnot. A su vez la catástrofe dio impulso a los movimientos nacionalistas, que vieron en la gestión que realizó Moscú de la catástrofe, como un desprecio. Rápidamente las protestas ecológicas, que antecedían a Chernobyl, se convirtieron en protestas políticas contra el régimen.
Una de las primeras medidas tomadas por la burocracia fue la de clausurar 19 centrales nucleares, reduciendo a la mitad la generación de energía eléctrica, provocando una crisis de abastecimiento, lo que llevó a la burocracia a pedirle ayuda al imperialismo norteamericano. Un año antes la URSS había adherido a Agencia Internacional de la Energía (AIE), poniendo bajo supervisión total el desarrollo de energía nuclear por parte del imperialismo. Por éstos movimientos la burocracia se preocupó por responder a las críticas de la prensa burguesa internacional sobre la “desinformación”. El 8 de mayo, el director de la AIE, Hans Blix, flanqueado por Yevgueni Velikhov, físico y vicepresidente de la Academia de Ciencias de la URSS, fue llevado en helicóptero hasta la planta misma. Mientras tanto, Vitaly Churkin, enviado diplomático acudía al congreso norteamericano para informar a los senadores sobre los pormenores del “accidente”.
A la explosión le siguió una purga por parte de la burocracia que incluyó destituciones, reprimendas y encarcelamientos. El 20 de julio de 1986, el Politburó del PCUS destituyó al Primer Viceministro de Energía Shasharin y realizó una severa advertencia al Ministro de Energía Maiorets. El jefe del Comité de Seguridad Nuclear, Kulov, también perdió su cargo, al igual que el Viceministro Emelianov, quien había sido uno de los principales portavoces soviéticos sobre el desastre. El director de la central, Briukhanov, y el ingeniero jefe Fomin - quien había declarado en febrero de 1986 que la planta era "absolutamente segura" - fueron destituidos y expulsados del Partido Comunista. La misma suerte corrieron varios funcionarios locales por "abandonar sus puestos en el momento más difícil". En cuanto al Partido Comunista de Ucrania, la situación fue más ambigua: el secretario del óblast de Kiev, Revenko, fue señalado, pero no destituido de inmediato. El líder ucraniano Shcherbytsky, a quien muchos analistas occidentales daban por destinado a ser el chivo expiatorio, sobrevivió políticamente y presidió el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Ucrania el 11 de julio para analizar el impacto de Chernobyl.
La explosión tuvo repercusiones inmediatas en toda la región. En Checoslovaquia, el movimiento de derechos humanos Carta 77 criticó duramente la falta de información de su gobierno, que tardó cinco días en realizar cualquier declaración pública. En Polonia -el país más afectado por la nube radioactiva-, las concentraciones de yodo-131 en la leche aumentaron hasta un 72% por encima de los niveles permitidos para niños, lo que generó protestas. En Yugoslavia, ya existía un poderoso movimiento antinuclear previo al accidente. También se registraron movilizaciones antinucleares en Europa Occidental y Estados Unidos. En Italia, por ejemplo, la catástrofe motivó la convocatoria de un referéndum en 1987 en el que la ciudadanía rechazó la energía nuclear con un 80% de los votos, lo que llevó al cierre de las tres centrales operativas en el país.
Uno de los movimientos que se vieron potenciados tras Chernobyl fue el econacionalista. Surgido durante los inicios de la Perestroika con un fuerte activismo antinuclear como eje, se vio favorecido por la ausencia de una oposición política organizada. Jane I. Dawson, autora de Econacionalismo. Activismo antinuclear e identidad nacional en Rusia, Lituania y Ucrania, sostiene que ése activismo fue una de las fuerzas sociales más dinámicas de la época: funcionó principalmente como sustituto de un nacionalismo latente y como medio para exigir mayor autodeterminación local bajo el sistema soviético. Según la autora, fue un esfuerzo político que reflejaba sentimientos antisoviéticos ampliamente extendidos y un resentimiento contra la dominación de Moscú, y que en gran medida desapareció con la disolución de la URSS.
Los acontecimientos de Chernobyl acentuaron la tendencia de la burocracia a buscar un acercamiento con el imperialismo. En esta línea, en noviembre de 1985, Ginebra se convirtió en el epicentro de la política internacional cuando Reagan y Gorbachov celebraron la primera cumbre bilateral sobre control de armas nucleares. Gorbachov comunicó rápidamente al Politburó que en Ginebra se habían creado las condiciones para pasar de "un peligroso estado de confrontación a la búsqueda constructiva de vías de normalización de las relaciones." El evento significó un paso crucial hacia la firma de tratados futuros, como el Tratado INF (Intermediate - Range Nuclear Forces), que eliminó misiles de alcance intermedio en Europa.
Esta tendencia venía de larga data. El Estado obrero asumió, bajo el stalinismo y sus predecesores, un doble caracter: burgués en cuanto a la distribución desigual de los bienes, y socialista, en tanto y en cuanto mantenía la propiedad social de los medios de producción. Este movimiento de pinzas, llevó, en el largo plazo a la burocracia de la URSS y de los Estados Obreros a establecer una relación social profunda con el capitalismo internacional, con el objetivo de consolidar una posición y obtener crecientes beneficios aprovechándose de su rol de intermediario entre el capitalismo y la estructura estatal creada en la URSS y en su zona de influencia.
En el marco de la Guerra Fría, el desastre de Chernobyl expuso el atraso tecnológico de la URSS en relación con las potencias capitalistas de Occidente, lo que redundaba en el bajo nivel de productividad de la economía acentuando las normas burguesas de distribución, con el objetivo de estimular el crecimiento y superar el atraso.
Chernobyl se convirtió en un mojón del largo proceso de destrucción de las conquistas sociales de la Revolución de Octubre a manos de la burocracia contrarrevolucionaria, que se sirvió de “los inmensos recursos de la propiedad estatizada y de la planificación económica le sirvieron a la burocracia para dar un impulso inicial a la expansión de las fuerzas productivas, pero por sobre todo para resolver sus propias necesidades sociales a costa de las masas. Mientras se trató de un crecimiento en extensión y de saltar las primeras etapas de la industrialización la burocracia pareció jugar un rol ‘progresivo’, claro que a costa de enormes sacrificios de las masas y de espantosos derroches y despilfarros. Pero cuando hubo que entrar en un desarrollo más complejo y sofisticado la loza del despotismo burocrático reveló sus límites absolutos: sin libertad política no hay libertad de creación, y sin ésta es imposible el desenvolvimiento económico. A medida que se fue acentuando el estancamiento y luego el retroceso, el despilfarro en beneficio propio, el acaparamiento y el saqueo cobraron alturas gigantescas. Mucho antes de la Perestroika, la planificación económica había perdido su contenido y lo mismo vale para la propiedad estatal. La salud seguía figurando como un derecho inalienable de los soviéticos, pero en los hospitales no había medicamentos ni camas, y aunque la producción agrícola en algunas ramas crecía, los productos no aparecían en el mercado. O la burocracia acaba con el Estado obrero o la revolución proletaria acaba con la burocracia, fue el pronóstico histórico de Trotsky” (Jorge Altamira, Revolución y contrarrevolución en la URSS, En Defensa del Marxismo, 1/10/1991).
Luego de la explosión los ingenieros soviéticos diseñaron y pusieron en pie el primer sarcófago. La construcción comenzó el 20 de mayo y se extendió por 206 días. Se trató de una estructura apresurada de hormigón y acero que pretendió sellar el averiado reactor 4, para reducir la emisión de material radiactivo. Aunque provisionalmente efectiva, se necesitaba una solución más fiable y duradera. En 2016, se construyó sobre el sarcófago una enorme estructura de acero -llamada Nuevo Confinamiento Seguro (NCS)- para proteger al mundo de la radiación de Chernobyl. La construcción de la estructura, conocida como "el arca", más alta que la estatua de la Libertad y el Big Ben, duró 10 años y costó más de US$ 2.000 millones, recaudados por decenas de países donantes. El NCS fue diseñado para sellar herméticamente durante 100 años el reactor 4 (BBC, 23/4).
Sin embargo, en febrero de 2025, un dron ruso dañó la carcasa sellada de este refugio. No se registraron fugas de radiación, pero se necesitan al menos 500 millones de euros para reparar la estructura, según estimaciones del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Según los fiscales ucranianos, desde junio de 2024 se han registrado al menos 92 drones rusos volando en un radio de hasta cinco kilómetros desde el refugio sobre el reactor.
El 31 de mayo de 2022, el ejército ucraniano logró disuadir a las tropas rusas que se encontraban en la Zona de Exclusión de Chernobyl, que en su retirada “saquearon laboratorios de control radiológico, dañaron sistemas y equipos esenciales (...) los daños estimados derivados de la ocupación rusa de la zona de exclusión ascienden a unos 100 millones de euros” (La Nación, 26/4). Luego de ser expulsadas de Chernobyl, también en 2022, las tropas rusas ocuparon la central nuclear de Zaporiyia, la más grande de Europa, operada bajo la supervisión de la estatal rusa Corporación Estatal de Energía Atómica de Rusia (ROSATON) y sus 6 reactores se encuentran en “parada fría”, es decir apagados, debido a los riesgos derivados de la guerra. En medio de la conflagración, Ucrania ha demandado a la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), dirigida por el argentino Rafael Grossi, que imponga sanciones contra ROSATON y la Federación Rusa. A pesar de que la OIEA no tiene capacidad de llevar adelante sanciones, sus informes técnicos han sido utilizados por el imperialismo para imponer sanciones. En enero de 2025 el gobierno de los EE. UU. realizó un bloqueo de activos y transacciones contra ROSATON, llevando adelante una expropiación de facto de todos los bienes de esta entidad en suelo estadounidense.
La Zona de Exclusión de Chernobyl , con una superficie de unos 2.600 kilómetros cuadrados, sigue cerrada para residencia permanente. Unos 2.250 empleados trabajan en el territorio de la central, quienes llevan a cabo el desmantelamiento gradual de la instalación. El último reactor de la central nuclear de Chernobyl fue cerrado en el año 2000. Según algunas estimaciones, las áreas más contaminadas alrededor de la central no podrían ser aptas para la vida humana segura durante unos 20.000 años.
Chernobyl se presentó como una estocada de muerte para la URSS, pero también para las conquistas sociales producto de la Revolución de Octubre. Las limitaciones de participación política y económica impuestas sobre las masas, aseguró la supervivencia de la burocracia, que se reconvirtió en restauracionista del capital en los ex Estados Obreros y de la que el gobierno de Putin, en guerra con Ucrania hace cuatro años, entre otras variables, por el control de la energía y minerales raros, es heredero.
