Escribe El Be
Que el gobierno cubano publicite sus negociaciones con Trump y abandone la diplomacia secreta.
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El director de la CIA, John Ratcliffe, voló a La Habana el jueves pasado para reunirse con el nieto del expresidente cubano Raúl Guillermo Rodríguez Castro y altos cargos del gobierno. La visita se realizó en medio de una crisis humanitaria acuciante. También esta misma semana el gobierno norteamericano redobló las sanciones contra la isla y ha amenazado con procesar al expresidente Raúl Castro (2008-2018) por acontecimientos de hace casi 30 años. Al mismo tiempo se ha registrado una cantidad récord de vuelos de inteligencia y vigilancia de Estados Unidos sobre la isla.
El temario de la reunión con el director de la CIA permaneció en un estricto secreto. Un comunicado de EEUU asegura que las conversaciones incluyeron “cooperación en materia de inteligencia, estabilidad económica y cuestiones de seguridad. Según el New York Times (15/5), Ratcliffe “visitó la zona para presentar una exigencia tajante: cerrar las estaciones de escucha rusas y chinas y tomar medidas para reabrir la economía”.
El departamento de Justicia de EEUU ha dejado trascender la intención de procesar a Raúl Castro por el derribo, en 1996, de las avionetas de la organización de exiliados Brothers to the Rescue (Hermanos al Rescate), un grupo de provocación contra Cuba. CBS News cita a funcionarios estadounidenses no identificados. “En lo que quizás sea el secreto peor guardado del sur de Florida, los fiscales federales de Miami están trabajando para lograr una acusación formal contra Castro”, afirma el NYT (15/5). El número de acusados y los cargos exactos aún están en discusión, pero podrían incluir también cargos por tráfico de drogas. Se trata de los mismos argumentos, que luego fueron desechados, que la administración Trump utilizó en la acusación federal contra Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela, como pretexto para un secuestro en Caracas en enero pasado.
Mientras tanto, Estados Unidos también ha incrementado los vuelos de reconocimiento militar y de inteligencia alrededor de la isla. Se realizaron al menos 25 vuelos de vigilancia e inteligencia utilizando aeronaves tripuladas y drones desde principios de febrero. Brian Latell, ex analista de la CIA, afirmó no recordar semejante despliegue ni siquiera durante la Guerra Fría. La mayoría se realizaron cerca de La Habana y Santiago de Cuba. Para algunos analistas, estos vuelos forman parte de lo que se prevé sería una incursión militar semejante a la realizada en Venezuela. El incremento de los vuelos, sin embargo, ha sido llamativamente público. “Este tipo de misiones de inteligencia suelen realizarse en secreto. El uso de aeronaves visibles públicamente demuestra que el gobierno estadounidense parece interesado en intimidar a los funcionarios del gobierno cubano y hacerles sospechar que podría haber una acción militar”, asegura el NYT (13/5). “Se desconoce si el ejército estadounidense se está preparando para una incursión similar [a la de Venezuela] en Cuba, aunque probablemente la operación no sea inminente. Un gran número de efectivos de las Fuerzas de Operaciones Especiales estadounidenses están desplegados en Oriente Medio, en caso de que se reanuden las hostilidades contra Irán” (ídem).
Las sanciones de Estados Unidos contra Cuba han provocado la salida la semana pasada de la minera canadiense de cobalto y níquel Sherritt, asociada al grupo Gaesa, el más poderoso conglomerado de empresas en Cuba, bajo control de los militares. El gobierno de Estados Unidos otorgó a las empresas extranjeras un mes para liquidar cualquier negocio que mantengan con Gaesa.
La reunión del director de la CIA se realizó con altos funcionarios cubanos de seguridad e inteligencia. El protagonismo de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto de Raúl Castro, causó inquietud entre algunos sectores cubanos, “que se quejaron de que el nieto de Raúl no ostenta ningún cargo oficial en el gobierno” (The Guardian, 15/5). La principal sospecha es que Estados Unidos está intentando forzar una división en el gobierno. Para desmentir esta versión, el presidente de la isla, Miguel Díaz-Canel, ofreció una rueda de prensa para confirmar las conversaciones y la participación de Castro. En un comunicado del periódico estatal Granma, se explica que la "dirección de la revolución aprobó la realización de esta visita" de la CIA. La “dirección de la revolución” incluye al expresidente Raúl Castro y otros líderes que no necesariamente ocupan cargos en el Gobierno. “A diferencia de Maduro, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel es considerado una figura decorativa al frente de un Partido Comunista altamente organizado y una infraestructura militar que controla todos los aspectos del poder nacional” (Washington Post, 14/4). Un diplomático cubano que habló bajo condición de anonimato para el Washington Post, afirmó que “existe la sensación general de que Díaz-Canel no puede permanecer mucho tiempo más en el cargo” (ídem).
Las reuniones bilaterales secretas se vienen sosteniendo desde hace varias semanas Según algunos medios, Raúl Guillermo Rodríguez Castro se ha convertido en la “eminencia gris” de la diplomacia secreta cubana. Medios estadounidenses confirman que Rodríguez Castro ya había sostenido un encuentro preparatorio en febrero con el secretario de Estado, Marco Rubio, en San Cristóbal y Nieves, allanando el camino para la crucial cita de La Habana. Junto al nieto de Castro se sentó el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas, jefe supremo del aparato de control social. En otras palabras, las reuniones con la CIA las lleva adelante el ala militar del gobierno cubano. “Para la Casa Blanca, tratar con los herederos de la seguridad del Estado y la familia Castro –en lugar de la burocracia civil del presidente Miguel Díaz-Canel– responde a una certeza analítica: en Cuba, el poder real sigue vistiendo uniforme y respondiendo al apellido histórico” (Perfil, ídem).
Pero el poder militar no es sólo militar: este sector dirige lo que se ha llamado un verdadero "estado paralelo" con la empresa Gaesa. Según el Financial Times (18/5), es justamente el “hermético grupo Gaesa” el que “está en el centro de las conversaciones con la administración Trump”. Los dominios de Gaesa representan hasta el 40% del PIB del país, según algunas estimaciones. Algunos economistas cubanos sostienen que “Gaesa se ha convertido en un poderoso interés creado para las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia —un complejo militar-industrial cubano”. El FT afirma que “cualquier negociación que busque impulsar el sector privado en la isla tendrá que enfrentarse a la enorme influencia política y económica de Gaesa”. Desde su creación, durante el “período especial”, luego de la disolución URSS, Gaesa tomó el control de un número significativo de hoteles del país, así como de empresas de importación y exportación, supermercados, gasolineras, fábricas, puertos, bancos, etc. “Como resultado, Gaesa domina muchos de los sectores de la economía que generan divisas, algo que a Cuba le falta desesperadamente” (ídem). Hasta su fallecimiento en 2021, Gaesa fue dirigida durante más de una década por Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, un general que era yerno de Raúl Castro. Su hijo, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, que lleva las negociaciones con Estados Unidos, tiene estrechos vínculos, se cree, con los actuales líderes de Gaesa.
Para Tom Shannon, ex alto funcionario del Departamento de Estado: "El hecho de que estemos llevando a cabo conversaciones a través de nuestros servicios de seguridad pone de manifiesto que nuestro propósito no es el cambio de régimen, sino la gestión del régimen". Hace algunas semanas, el NYT se preguntaba si alguno de los miembros de la dinastía Castro que tomó el control de las negociaciones con Estados Unidos podría ser “la "Delcy cubana” (28/3). El diario argentino Perfil asegura que fuentes norteamericanas confirmaron que “Washington dejó de lado las exigencias maximalistas de una transición democrática formal inmediata, concentrando su presión en dos demandas pragmáticas: una profunda liberalización de la economía privada cubana y el fin de la cooperación estratégica militar con Rusia y China en el Caribe”. Pero el secretario de Estado, Marcos Rubio ha sugerido que Estados Unidos podría conformarse con amplias reformas económicas al sistema cubano en lugar de cambios drásticos en su estructura política. En una entrevista, el miércoles 13, con Fox News, Rubio afirmó que dudaba que fuera posible “cambiar la trayectoria de Cuba mientras estas personas estén al mando de ese régimen”. Rubio también puso sobre la mesa la exigencia del regreso de los cubanos expatriados a la isla como residentes, inversionistas o ambas cosas, en particular los 1,3 millones de cubano americanos en Estados Unidos. Rubio también destacó la importancia de los “importantes yacimientos minerales” y la existencia en Cuba de “algunos de los minerales de tierras raras, algunos de los mejores del mundo”.
La política del gobierno cubano hacia el interior de la isla sigue siendo de completo hermetismo. El Granma “informó” que la reunión tuvo como objetivo abordar "la situación actual" entre ambos países, sin mayores detalles. El gobierno cubano presentó la visita de Ratcliffe como un intento de reducir tensiones, “en un contexto marcado por la complejidad de las relaciones bilaterales, con el objetivo de contribuir al diálogo político entre ambas naciones”. En su comunicado, agregó que los intercambios permitieron demostrar que Cuba “no constituye una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.”, además de rechazar las acusaciones vinculadas a una supuesta presencia china en la isla. “Una vez más se evidenció que la isla no alberga, no apoya, no financia ni permite organizaciones terroristas o extremistas; ni existen bases militares o de inteligencia extranjera en su territorio, y nunca ha apoyado ninguna actividad hostil contra EE.UU. ni permitirá que desde Cuba se actúe contra otra nación", subraya el texto. El comunicado del gobierno cubano concluye diciendo que en el encuentro ambas partes mostraron su interés "en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones, regional e internacional". El gobierno de Díaz-Canel respondió a las presiones de Estados Unidos con la campaña "Mi firma por la patria", en defensa de la soberanía nacional. El gobierno no ha informado cuántas firmas ha logrado recoger.
Mientras tanto, la crisis eléctrica ha provocado nuevas protestas en distintos puntos de la isla donde los apagones esta semana han durado hasta 22 horas seguidas. Vecinos de distintos barrios de La Habana realizaron cacerolazos y protestas callejeras al grito de “¡Enciendan las luces!”. Cerca del 65% del territorio cubano sufrió cortes simultáneos el martes 12 pasado. La crisis se va a agudizar con la suba de las temperaturas, con la llegada del verano. La gente tiene dificultades para dormir sin ventiladores o para mantener los alimentos refrigerados. El ministro de Energía, Vicente de la O Levy, aseguró públicamente que ya “no tenemos absolutamente nada de combustible ni absolutamente nada de diésel. No tenemos reservas”. Esa misma noche, en La Habana se golpearon cacerolas y sartenes y quemaron barricadas en las calles. También se reportaron enfrentamientos con la policía. Los apagones obligan a muchos cubanos a dormir en las terrazas para escapar del calor, mientras que otros se despiertan a horas intempestivas cuando hay una breve ráfaga de luz para preparar café, cargar los teléfonos y cocinar la comida del día siguiente. La situación se ha vuelto insostenible.
Mientras tanto, Cuba divulga cómo actuar en caso de ataque de Estados Unidos (Deutsche Welle) y algunos medios han publicado que Rusia habría enviado 300 drones, describiendo posibles ataques al estado de Florida en caso de una invasión norteamericana. Se diseñaría otro caso de guerra asimétrica, lo que supondría la existencia o necesidad de un arsenal mayor por parte de Cuba. Los acontecimientos en Bolivia, por otro lado, han suscitado un pronunciamiento conjunto de los gobiernos del Escudo de las Américas, en apoyo del gobierno de Paz – el primer paso para una intervención militar extranjera. Es necesario llamar a las masas latinoamericanas a una movilización internacional en defensa de Cuba (y de Bolivia). En cuanto a Cuba, se impone el reclamo de que el gobierno publicite sus negociaciones con la CIA y abandone la diplomacia secreta, para que el pueblo cubano tome en sus manos la respuesta a esta avalancha imperialista. Lejos de esto, Díaz Canel ha aceptado que la Iglesia distribuya una ‘ayuda humanitaria’ de 100 millones de dólares provista por el mismo Trump. La “ayuda humanitaria” es un pretexto para la infiltración de las ONGs del imperialismo y para justificar a gobiernos, como el de México, que se sirve de ese auxilio para justificar su aceptación del bloqueo establecido por Trump. Es necesario plantarse políticamente, con el entendimiento de que hay que defender a Cuba sin condiciones, con un planteo político independiente de su gobierno.
