A dónde va la rebelión boliviana

Escribe Julio Quintana

Tiempo de lectura: 6 minutos

El presidente boliviano Rodrigo Paz Pereira considera que su política de desgaste, represión y cooptación de la rebelión obrera y campesina contra su gobierno ha comenzado a dar resultados. Después de casi un mes y medio de bloqueos y movilizaciones, su ministro de Gobierno, Marco Antonio Oviedo, afirmó este viernes de que las medida de lucha “ingresan a su etapa final”, impulsada “por las propias bases sociales” (La Razón, 12/06).

Al menos circunstancialmente, los bloqueos han comenzado a refluir. Este domingo llegaban a 78, concentrándose en cinco departamentos -La Paz, Oruro, Potosí, Santa Cruz y Cochabamba- (El Deber, 14/06). La Federación Única de Trabajadores de Pueblos Originarios de Chuquisaca (Futpoch) decidió levantar los bloqueos en su último cabildo abierto y decretó el cuarto intermedio, hasta su ampliado ordinario del 20 de julio próximo (La Razón, 13/06). Bloqueos estratégicos como el que impedía el acceso a la planta de almacenamiento de YPFB de Senkata, en El Alto, también fue levantado (Los Tiempos, 14/06). Las organizaciones de los pueblos originarios de la provincia de Camacho, en La Paz, levantaron los bloqueos para “evaluar la situación y reorganizar sus acciones futuras”; han denunciado, asimismo, el “abandono de la dirigencia nacional del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) y de la Coordinadora de Defensa de las Markas y Ayllus (Codemac)” (la Razón, 13/06).

Crisis en la COB

Paz Pereira ha logrado introducir una fisura importante en la COB. La Confederación General de Trabajadores Fabriles (CGTFB) se ha bajado de la lucha a cambio de una abstracta “agenda de trabajo por la industria y la creación de empleo sin bloqueos” (El Día, 13/06). Las Centrales Obreras Departamentales de Cochabamba y Chuquisaca exigen a la COB un cuarto intermedio de la lucha y asistir a una “mesa de diálogo” con Paz Pereira (RENNO, 13/06), uniéndose a las Departamentales de Tarija, Santa Cruz y Potosí (El Deber, 14/06). El ampliado de la COB, que debía realizarse el sábado, fue aplazado para el domingo 14 y nuevamente suspendido por falta de “garantías de seguridad”, sin fecha de realización. (La Razón, 14/06). El ampliado de la COB de este domingo fue boicoteado por un pequeño grupo de “pititas”, que insultaron y arrojaron tomates a los dirigentes sindicales, sin que puedan ser desactivados por los dirigentes y sectores de organización del evento, que los superaban ampliamente en número. Pititas fue el nombre que adquirió la pequeña burguesía urbana paceña que se movilizó en favor del golpe de Estado de 2019 contra Evo Morales.

Por otro lado, el ampliado de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros (FSTMB), convocado para el sábado pasado en la ciudad de Oruro, fue levantado por falta de quórum. Sectores de base han criticado a su secretario ejecutivo, Andrés Paye, por no haber garantizado la presencia de la Federación en la última movilización de la COB y por debilitar la lucha encabezada por su actual comité ejecutivo (La Patria, 13/06).

…y en la Túpac Katari

La Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos (CSUTCB), Túpac Katari, y la organización de mujeres originarias, Bartolina Sisa, votaron continuar con la lucha por la renuncia de Paz Pereira, en un multitudinario cabildo realizado el sábado en la ciudad paceña de Los Andes. Sin embargo, sectores de base han denunciado a dirigentes medios y al secretario ejecutivo de la Túpac Katari, Vicente Salazar, por no jugarse a movilizar y masificar los bloqueos, con el fin de hacer progresar la idea de un “diálogo con el gobierno”.

Represión y fascismo

Con la promulgación de la ley de reglamentación del estado de excepción, realizada el martes pasado, Rodrigo Paz ha lanzado una ofensiva contra la rebelión de los obreros y campesinos bolivianos. Reprimió ferozmente una marcha de 50.000 personas convocada por la COB y la Túpac Katari en la Paz, que no fue organizada para resistir la asonada policial. En esa represión, se detuvo a más de 60 manifestantes e hirieron a más de un centenar. Entre los detenidos se encontraba el secretario ejecutivo de la Túpac Katari, Vicente Salazar, quien fue rápidamente liberado.

Después del fallido intento de despeje del corte de la localidad cruceña de San Julián, en donde participó la unión juvenil cruceña, el presidente boliviano no ha renunciado a enfrentar a las capas medias contra los obreros y campesinos rebelados. Según el diario cruceño El Deber (09/06), “un desconocido 'comité multisectorial nacional' realizó un cabildo abierto en La Paz, reuniendo a 5.000 personas. La reunión resolvió solicitar el establecimiento del 'estado de excepción'; la renuncia de dirigentes de la COB empezando por Mario Argollo y su directiva; aprehensión de Evo Morales y extradición a EE. UU.; diferimiento de 3 a 6 meses para todos los deudores de bancos; ley antibloqueo; quitar personería de la COB en 48 horas; finalmente fue impuesto un séptimo punto que es la renuncia del vicepresidente, Edmand Lara”. En Sucre, Chuquisaca, se realizó otro cabildo que también exigió la declaratoria del estado de excepción (ídem).

El intento policial de despejar el bloqueo de la ciudad paceña de Laja, en la provincia de Los Andes, fue derrotado por los manifestantes; dejando en claro que el reflujo no habilita en lo inmediato el progreso de la represión estatal y paraestatal.

Cooptación

Más que la represión y las maniobras de desgaste del gobierno, lo que incide en el principio de reflujo actual es la cooptación de dirigentes medios, y la tendencia al compromiso con el Gobierno por parte de las direcciones centrales de la COB y la Túpac Katari. En un largo reportaje subido al facebook oficial del actual comité ejecutivo de la COB, su secretario ejecutivo Mario Argollo ha repetido que accederían al ‘diálogo’ si las bases lo piden. También fue incapaz de delimitarse del planteo de Evo Morales que, al igual que la central obrera, pide la renuncia de Paz Pereira para una sucesión “constitucional”; y desde principios de junio se ha puesto a la cabeza de los ampliados de las seis Federaciones del Trópico de Cochabamba. El ejecutivo obrero solo se remitió a decir que “ningún viejo actor político puede colgarse de las movilizaciones”. Varios bloqueos han refluido o cambiado de composición por la participación de dirigentes y sectores vinculados al expresidente y al implosionado MAS.

La COB y la Túpac Katari no sólo no han establecido un planteo político de poder para los obreros y campesinos movilizados: tampoco han promovido la organización de la autodefensa frente a la represión policial y parapolicial contra los bloqueos y manifestaciones. Por esto mismo, no han buscado ni podido establecer una coordinación y homogeneización de las diferentes organizaciones y sectores autoconvocados que intervienen en el movimiento, como ahora lo denuncian las organizaciones originarias de la provincia paceña de Camacho o los mineros de base de la FSTMB.

En situaciones políticas caracterizadas por la irrupción de las masas contra un gobierno capitalista, las organizaciones sindicales pueden ser un factor de movilización revolucionaria a condición de sostener una orientación política revolucionaria, que solo puede venir de un partido revolucionario. Por su naturaleza social, la COB puede oficiar como un frente único de los explotados en lucha contra el capital, pero la homogeneidad política del proletariado es una tarea de partido, que interviene como tendencia interna de los organismos que crean las masas. La izquierda boliviana, por el contrario, ha desarrollado durante la rebelión en curso un seguidismo completo a la orientación democratizante de la COB.

Por caso, el POR Boliviano levanta el planteo de un gobierno obrero y campesino y la convocatoria a una asamblea popular para que se haga cargo del gobierno, pero sin delimitarse de la orientación de la COB (Masas N° 2885, 10/06/26). De este modo, el POR se ahorra chocar en términos revolucionarios con la dirección de la COB. La Lorci (PTS) se ha estrechado a exigirle a la dirección de la COB, como ocurre también en Argentina, que haga efectiva la huelga general en las fábricas, minas y demás lugares de trabajo (LID Bolivia, 24/05/26), como si la presión de las bases pudiera cambiar el carácter burocrático y antagónico a los intereses históricos de los explotados de su actual dirección. Ni la COB, ni la “izquierda” cuestionan la férrea defensa de la Constitución y del Estado “plurinacional”, por parte de las organizaciones campesinas y el movimiento indígena. Otros sectores se limitan a denunciar a la COB y la Túpac Katari, tildándolas de traidoras, sin desarrollar un planteo político.

Las direcciones de la COB, la Túpac Katari y otras organizaciones están cayendo en una desautorización política que deja planteado el llamado a las masas a crear comités de bases y un Congreso de esos comités. Argollo y Salazar, en cambio, esperan un reflujo para poder negociar con el Gobierno sin que ello precipite su defección de las centrales que dirigen, como ya lo hicieron en enero pasado en ocasión de la lucha contra el decreto 5503. Paz Pereira se entusiasma con poder derrotar la rebelión obrera y campesina en curso sin apelar al estado de excepción, como le exige la derecha cruceña; este ‘éxito’ le permitiría establecer una presidencia bonapartista. De imponerse la derecha cruceña, algo improbable, arriesgaría una aventura fascistizante. La debacle económica del “capitalismo andino” y del Estado “plurinacional”, que el extinto MAS y Evo Morales pusieron en pie para evitar un desarrollo revolucionario de la rebelión obrera y campesina de octubre de 2003, se encuentra en disolución. Por el momento, la rebelión boliviana contra Paz Pereira sigue en desarrollo relativo; la crisis por el desabastecimiento de combustibles y la inflación, y la tendencia al default del Estado Boliviano, no ha sido siquiera matizada. El indicador EMBI de JP Morgan pasó de niveles cercanos a 350 puntos básicos, a superar los 605 puntos el 22 de mayo, cerrando el mes con 576 puntos (La Razón, 14/06). Pero Paz cuenta con un apoyo del FMI, que agudizará la miseria social con una política de ajuste.

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