Escribe Salvador Pascual
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El intendente Javier Martínez (¿ex? PRO) siguiendo el libreto de Milei, ha anunciado que los próximos aumentos salariales de los empleados municipales serán definidos por decreto del Ejecutivo. El anuncio tuvo lugar luego de que el Sindicato de Obreros y Empleados Municipales (SOEM), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y el Sindicato de Obras Sanitarias de la PBA, no aceptaran la última propuesta paritaria del Ejecutivo.
Los bloques de concejales de Fuerza Patria y de La Libertad Avanza habían aprobado un proyecto de ordenanza para "recomponer" el salario de los municipales, ajustándose los aumentos paritarios según el IPC (Índice de Precios al Consumidor) del INDEC. El proyecto de ordenanza también establece que los aumentos salariales de los trabajadores municipales deberían ser mediante el acuerdo paritario con la representación colectiva de los sindicatos, aunque sujetos a esta ´recomposición´ preestablecida. Los salarios municipales, actualmente, no llegan al millón de pesos. El Ejecutivo vetó el proyecto de ordenanza, quedando sin efecto hasta tanto el Concejo Deliberante vuelva a sesionar. Peronistas y libertarios han hecho la del tero, gritar en un lado y poner los huevos en el otro.
El “aumento” propuesto por Martínez fue de unos míseros $ 13.430 para la primera categoría, que al día de hoy reciben un salario de bolsillo de $ 803.482.
Ante los atropellos de Martínez, el secretario general de SOEM, Adalberto Enríquez, declaró que “no hay más tareas ni estrategias legales para abordar la situación”. No es de extrañar la postura adoptada por los burócratas sindicales vernáculos, que, lejos de movilizar a los trabajadores municipales, vienen acordando desde hace años paritarias salariales a la baja. Los municipales de Pergamino, al igual que los del resto de la provincia, se encuentran en extremas condiciones de precarización laboral, con salarios de indigencia. La mitad de la planta municipal son monotributistas, sin contrato, ni aguinaldo, ni vacaciones pagas, ni licencias médicas, ni estabilidad laboral. Enríquez, al ser consultado en medios locales sobre la posibilidad de un paro, respondió que "no estaban dadas las condiciones". Los burócratas sindicales, agentes burgueses hacia dentro de las filas del movimiento obrero, son un factor de desorganización de los trabajadores. No recorren los lugares de trabajo municipales ni tienen en su perspectiva la convocatoria de una asamblea general de municipales, para discutir la cuestión salarial y las condiciones de trabajo, llevando a una inacción, de la cual abreva el Ejecutivo.
Martínez, incluso antes de Milei, enarboló la bandera del “déficit cero”, a costa de los trabajadores. Con un presupuesto municipal de 70 mil millones de pesos para este año, el intendente, aspirante a gobernador de la provincia, repite como un mantra que "no cierran los números de la balanza financiera local", mientras premia con exenciones impositivas al sector de los agro negocios y los amigos de la obra pública. Ante este cuadro de situación, los trabajadores municipales debemos trazar una perspectiva de intervención mediante la organización propia de las bases, a través de la discusión, coordinación y elaboración de un plan de lucha, tomando las riendas de la autoconvocatoria por fuera de las cúpulas sindicales, teniendo como eje una huelga general por tiempo indefinido.
Por una asamblea de todos los trabajadores municipales afiliados y no afiliados para decidir un plan de lucha que derrote el ajuste de Javier Martínez y todos los bloques patronales que actúan dentro del Concejo Deliberante a espalda de los trabajadores. La complicidad de la burocracia sindical en el empobrecimiento masivo plantea la necesidad de poner en pie una nueva dirección para la clase obrera.
