Escribe Joaquín Antúnez
Erdogan utiliza sus leyes mordaza contra los sindicatos y el periodismo.
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El dirigente Mehmet Türkmen, presidente del sindicato textil independiente (BİRTEK-SEN) ha recibido, según denuncia su propio abogado, Esmer Özer, maltratos físicos y psicológicos durante su detención en la prisión de Gaziantep.
Türkmen se encuentra detenido desde el 16 de marzo por haber pronunciado un discurso de solidaridad con los trabajadores de la fábrica de alfombras Sırma en Gaziantep, que habían dejado de trabajar por el impago de sus salarios. Enfrenta un pedido de prisión de 1 a 3 años, así como una inhabilitación permanente para ocupar cargos sindicales y políticos.
En el expediente judicial figura una denuncia realizada “de oficio” por un fiscal, acusando formalmente a Türkmen de violar el artículo 217/A del Código Penal turco por “difundir públicamente información engañosa”. En la presentación realizada por el abogado Özer se esclarece esta situación: “El propietario de Sırma Carpet es el hijo de uno de los empresarios más importantes de Gaziantep. En su intervención, mi cliente mencionó a un trabajador al que le arrancaron los brazos en la fábrica Şireci Textile en diciembre y dijo que ningún empresario había rendido cuentas por ello. El fiscal alega que el trabajador no presentó ninguna denuncia y, por lo tanto, acusa a mi cliente. Pero hay un mundo de diferencia entre lo que un sindicalista entiende por exigir responsabilidades y lo que entiende un fiscal. El fiscal considera que el papeleo es rendir cuentas, mientras que un líder sindical ve las condiciones que causaron el accidente y la falta de un castigo disuasorio como un incumplimiento de la responsabilidad de rendir cuentas. Nos enfrentamos a este proceso judicial simplemente porque dijo que los trabajadores no deberían perder sus brazos y piernas” (ANF, 10/05).
La situación de detención de Türkmen es completamente infrahumana, violando todos los criterios básicos de detención. El abogado defensor ha denunciado esta situación: “Estas salas están diseñadas normalmente para 20-25 personas, pero actualmente albergan a 60-65 reclusos”. (Ídem) Estas denuncias son acompañadas por el sindicato BİRTEK-SEN, que el propio Türkmen preside, pero dejado de lado por el conjunto de los dirigentes sindicales. El silencio más abrumador lo realiza la central obrera “progresista” y “opositora” a Erdogan (DISK) que no ha emitido su solidaridad ni con Türkmen ni con ninguna de las luchas obreras que se han librado en el último periodo en Turquía, a medida que la inflación crece y las patronales continúan incrementando sus abusos en los ritmos de trabajo e incumpliendo los pagos de salarios en tiempo y forma, sin contar los paupérrimos salarios que abonan. En los días previos a una audiencia judicial, prevista para este martes 12 de mayo, fue sometido durante al menos 4 días a un régimen de aislamiento total. El motivo habría sido su persistencia en denunciar las condiciones infrahumanas a las que son sometidos los presos en su pabellón y la apremiante situación de un compañero de celda que sufría complicaciones médicas sin que su salud interese a los guardiacárceles.
Represión
La represión contra el movimiento obrero y la prensa opositora, una constante de Erdogan, se ha visto intensificada en los últimos meses. El ascenso de las luchas obreras, al margen de la burocracia oficial y “opositora”, tiene relación con el surgimiento de nuevos dirigentes independientes en el movimiento obrero y las necesidades de una nueva generación de trabajadores. El apoyo popular a la movilización sobre Ankara, capital del país, por parte de los mineros de Doruk -que recorrieron más de 200 kilómetros para lograr su objetivo- terminó por derrotar la feroz represión del gobierno que había detenido a los principales dirigentes del sindicato minero (Başaran Aksu y Gökay Çakır) y a más de 110 trabajadores.
La lista de dirigentes sindicales detenidos va en franco crecimiento. Por nombrar solo algunos casos, encontramos: Esra Işık, líder comunitaria que lucha contra la destrucción del bosque de Akbelen en Muğla; İleri Devrim Yurtsever, presidente del Sindicato de Trabajadores de la Construcción Naval, Transporte Marítimo, Almacenamiento y Almacenamiento (LİMTER-İŞ); su secretario general, Beycan Taşkıran; Kenan Hesas, miembro de la junta ejecutiva general; el ex presidente Kanber Saygılı; y los ex ejecutivos Aydın Kılıçdere y Hakkı Demiral están encarcelados desde principios de febrero.
Asimismo, el sindicato de periodistas denuncia que 14 periodistas permanecen en prisión debido a su actividad periodística, entre ellos Merdan Yanardağ, exdirector del canal de televisión TELE1; Alican Uludağ, reportero de DW Türkçe; e İsmail Arı, reportero del diario BirGün.
El gobierno de Erdogan está jugado a una feroz represión contra los trabajadores turcos y cualquier manifestación política de oposición a su gobierno. En el marco de la intensificación de la guerra imperialista en Medio Oriente, el gobierno turco se ha colocado al servicio de la “diplomacia”, es decir, una capitulación de Irán ante Trump y Netanyahu. Mientras se contempla que cerca de un 90% de la población turca rechaza la guerra no provocada de Trump y Netanyahu contra Irán. La represión de Erdogan, en el marco de una intensificación de la guerra imperialista, recuerda (por si hiciera falta) el carácter irreconciliable entre los intereses de los trabajadores y los capitalistas.
