Elecciones anticipadas en Israel

Escribe Olga Cristóbal

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El Parlamento israelí votó el 21 de mayo, con una sola abstención, autodisolverse y convocar a elecciones anticipadas (la fecha prevista era el 27 de octubre). Es una votación preliminar y son necesarias tres, pero se descuenta que será aprobada. La iniciativa surge de la ultraderecha religiosa, integrada al gobierno cuya partida de defunción acaba de firmar. También las distintas variantes del sionismo laico presentaron sus propios proyectos.

En el caso de los partidos religiosos, la crisis se explica por la creciente presión contra un proyecto de ley que obligaría a más hombres jaredíes a alistarse en el ejército. Los partidos que impulsaron la ley son Judaísmo Unido de la Torá, Shas, Nueva Esperanza, Sionismo Religioso y Poder Judío, estos dos últimos liderados por los ministros Bezalel Smotrich e Itamar Ben Gvir, representantes de los colonos fascistas.

Unos días antes, Netanyahu les había comunicado que la ley de exención militar para los alumnos de los centros talmúdicos no sería aprobada antes de las elecciones porque no solo enfurece a los opositores laicos, sino que genera malestar también en las filas de su propio partido, el Likud. Los jaredíes se niegan a ingresar al ejército porque, dicen, ellos sirven a Israel leyendo la Torá.

El jefe del ejército, Eyal Zamir, imputado por genocidio y crímenes contra la humanidad, advirtió recientemente ante una comisión parlamentaria que, sin el reclutamiento de los ortodoxos, la autoridad castrense podía colapsar por la falta de soldados. No se trata solo de soldados: The Washington Post informó la semana pasada que Estados Unidos gastó “muchas más municiones de alta gama defendiendo a Israel en medio de las hostilidades con Irán que las propias fuerzas israelíes”. Sin piedad, el diario de Jeff Bezos afirma que Netanyahu logró que “Israel dependa más que nunca de la protección de Estados Unidos, incluso cuando la impopularidad de su país crece en Estados Unidos”. (Gallup informa que, por primera vez, los estadounidenses simpatizan más con los palestinos que con Israel. El Pew Research Center señala que el 60 % de los estadounidenses tiene una visión desfavorable de Israel, frente al 42 % en 2022.)

Indiferente a estas cuestiones, la facción judía ultraortodoxa anunció que defenderá hasta el final la no integración al ejército, que ya no considera al primer ministro como un socio y que buscarían adelantar las elecciones.

Si se vota la disolución, los comicios deberán celebrarse en un plazo máximo de cinco meses. Los ultraortodoxos prefieren que sea en las festividades judías de setiembre, lo que haría aumentar la concurrencia. Pese a su interés en retrasar las elecciones lo máximo posible, a Netanyahu también le conviene que no coincidan con el aniversario del 7 de octubre de 2023. “Su lógica es clara: si las elecciones son un referéndum sobre el 7 de octubre, los votantes deberían poner fin a la carrera política de Netanyahu” (Haaretz 21/5).

"Este es el principio del fin para el peor gobierno de la historia de Israel", ha tuiteado Benny Gantz, exaliado de Netanyahu. "Estamos listos", escribió el jefe de la oposición, Yair Lapid, que creó una alianza llamada Juntos con el exprimer ministro Naftali Bennett y espera formar el próximo gobierno. Juntos ya avisó que, a diferencia de 2021, esta vez no integrará ningún partido de los llamados árabes israelíes (palestinos) al frente porque es una coalición exclusivamente sionista (sic). En esa oportunidad Bennet y Lapid fueron con Raam, un partido islamista conservador.

Por el lado de los partidos árabes izquierdistas, tres de ellos (Hadash, Taal y Balad) anunciaron que irán unidos en las próximas elecciones, e invitaron a Raam (Lista Árabe Unida), de derecha, a sumarse para "aumentar la participación electoral, ampliar la representación árabe y derrocar al gobierno de extrema derecha". Lo mismo habían hecho en 2015 y 2020. La unidad se justifica, dicen, por “la importancia de la unidad ante los peligros existenciales".

Según Haaretz, la Lista Árabe Unida (Raam) estaría dispuesta a una alianza siempre que "cada partido conserve su propia plataforma, libertad y diálogo con sus votantes sin restricciones". O sea, incorporase a un gobierno de coalición del frente sionista de oposición a Netanyahu.

La población árabe israelí representa el 21 % de los ciudadanos israelíes y un 15 % del censo electoral. Cuando se presentaron juntos en marzo de 2020, obtuvieron un récord de 15 escaños sobre 120 en la Knesset, lo que la convirtió en la tercera fuerza política del país. Esta semana, el Canal 13 informó que los aliados de Netanyahu buscan declarar a Ra’am organización terrorista antes de las elecciones. (Israel Noticias 25/5)

Por otra parte, no todo está roto entre el carnicero de Tel Aviv y sus aliados. The Times of Israel asegura que, entre bambalinas, la coordinación entre las formaciones ultraortodoxas y Netanyahu continúa. "Existe una auténtica crisis de confianza entre ellos [los partidos ultraortodoxos y Netanyahu], pero eso no significa que no estén coordinándose sobre cómo y cuándo disolver la Knesset de una manera que maximice sus intereses políticos”, sostiene.

Según las últimas encuestas (Kan 11), la alianza Bennett-Lapid es la única capaz de desafiar al Likud de Netanyahu, que obtendría 26 diputados y Juntos, 25. La paridad podría romperse si Bennett logra sumar al exjefe del Ejército Gadi Eisenkot, autor de la teoría que justifica la masacre de civiles “para que presionen a sus dirigentes”. Desde 2023, Israel la aplicó con convicción en la Franja de Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria, Irán, Irak y Yemen.

Otra cuenta pendiente de Netanyahu es el juicio por corrupción que lo llevaría a la cárcel apenas deje el cargo. Trump ha pedido repetidamente que lo indulten. El presidente de Israel, Isaac Herzog, promueve negociar “un acuerdo de conformidad”, que implicaría la retirada de la política de Netanyahu. No está claro que lo acepte.

En un contexto de gran polarización política y social, Herzog convocó la semana pasada una “Conferencia Presidencial por un Futuro Común para Israel” que sesionó con la presencia de varias federaciones sionistas de Estados Unidos. Herzog la describió como “un esfuerzo por calmar los ánimos de cara a la campaña electoral”. La mayoría de los israelíes considera la polarización social como el mayor peligro para el país, incluso más grave que la amenaza iraní según una encuesta reciente del Instituto de Política del Pueblo Judío (JPPI).

Durante 39 semanas de 2023 más de la mitad de la población se manifestó contra una reforma judicial que subordinaba los jueces al Ejecutivo, contra el peso de los partidos religiosos, contra la corrupción de Netanyahu. Por eso el oficialismo responsabiliza a la oposición del ingreso de las milicias palestinas; las masivas movilizaciones semanales de 2023, dicen, “dividieron al país y lo dejaron vulnerable”.

Pero muchos israelíes critican también la ineficacia política y de los servicios de inteligencia que no pudieron prever el 7 octubre de 2023, la tardía respuesta militar y la negativa de Netanyahu a asumir cualquier responsabilidad personal o a crear una comisión investigadora independiente.

En la otra punta, Haaretz ironiza: “Habría sido estupendo que los acontecimientos que marcaron el 2023 nunca hubieran ocurrido” en referencia a “la elección en 2022 de una coalición de fundamentalistas religiosos corruptos que atacaron al poder judicial israelí, aceleraron el terrorismo judío y la toma de control de Cisjordania, y quieren establecer una teocracia”.

En un balance que es una confesión, Haaretz admite: “No se puede eludir la realidad de que la mayoría de los manifestantes no lograron relacionar el destino de la democracia en Israel con el hecho de que ese mismo país y esas mismas instituciones imponen un régimen autoritario permanente a los palestinos”. ¡“Un régimen autoritario!”. Increíble.

La decisión de ocupar Cisjordania (Judea y Samaria para los sionistas) es otro factor de división. Los pogromos de los colonos, la brutalidad policial incluso contra los familiares de rehenes, la tortura en cámara de miembros de la flotilla Sumud agudizan el descrédito internacional de Israel incluso entre aquellos que avalaron el genocidio en Gaza sin chistar.

Hasta Herzog criticó esta semana “el proceso de brutalización que se va infiltrando en la sociedad israelí” y repudió la violencia causada por «una turba sin ley en Judea y Samaria». El presidente israelí denunció la “conducta vergonzosa y repugnante de los extremistas contra los cristianos y los musulmanes que viven entre nosotros” y los “actos brutales» contra los detenidos por parte de un puñado de personas que piensan que los detenidos, los interrogados o los sospechosos no tienen ningún derecho humano” (NYT 24/5). Ben-Gvir le contestó: “Un presidente que llama bestias a cientos de miles de ciudadanos del Estado de Israel no es apto para ser presidente”.

En tanto, la oposición le enrostra que las campañas militares de Netanyahu no han dado mayores frutos. “Israel ocupó más de la mitad de la Franja de Gaza, pero Hamas todavía controla a casi toda la población”. Israel logró eliminar a la dirección de Hezbollah pero la milicia chiita “sigue siendo una amenaza potente. Las tropas israelíes están ahora empantanadas en lo que parece ser una ocupación de largo plazo del sur del Líbano, que las deja vulnerables a ataques con drones de Hezbollah”. Por otra parte, CNN informa que, después de más de un mes de los ataques israelíes y estadounidenses, “el Ejército de Irán se está reconstituyendo mucho más rápido de lo estimado inicialmente”.

En un paso más de su aislamiento, Israel decidió romper relaciones con el secretario de la ONU, Guterrez, después de que su embajador ante el organismo, Danny Danon, anunció que Israel figura ahora en la lista negra de autores de violencia sexual en zonas de conflicto (junto a Hamas y el Estado Islámico). Danon afirmó que Israel había remitido pruebas a la ONU con el fin de refutar esas acusaciones, y calificó la inclusión de «calumnia sangrienta».

El título del Washington Post es tajante: “El intento de Netanyahu de rediseñar Medio Oriente se le está volviendo en contra”. A pocos meses de las elecciones.

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