A 76 años de la creación de la CNEA, sus trabajadores preparan una movilización contra Milei

Escribe Sergio Yeti

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El domingo 31 de mayo, a 76 años de la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), los trabajadores han convocado a una concentración en la puerta de la sede, Av. Del Libertador y Ramallo, a las 10.30 a. m. Dentro de la sede se encontrarán Milei, funcionarios e inversores interesados en el sector nuclear. La reunión será costeada con 10 millones de pesos arrebatados a la Fundación CNEA.

La movilización se da en medio de un enorme malestar entre los trabajadores de la Comisión. Por un lado, los bajos salarios, la persecución gremial y la conformación de una dirección ajena al sector —diseñada para la privatización y el vaciamiento— han llevado a la renuncia de más de 300 trabajadores. Por otro lado, el ajuste presupuestario ha generado un parate en las principales investigaciones que venía desarrollando la Comisión, como por ejemplo el reactor modular CAREM, que se encuentra en una fase muy avanzada de desarrollo y cuya terminación y producción final serán ofertadas al mejor postor luego de décadas de desarrollo estatal.

El sector nuclear argentino vuelve a tener especial importancia a nivel global debido a la guerra mundial en desarrollo y su consecuente aumento del precio de la energía. Recientemente, con la desclasificación de archivos secretos del Departamento de Estado de EE. UU., ha salido a la luz el seguimiento que ya desde 1979 el imperialismo hacía sobre los recursos nucleares argentinos. Por aquellas fechas también se desarrollaba un aumento en el precio de los combustibles por la revolución islámica en Irán. En el mismo documento se señala que la CNEA tiene que dar un paso al costado: “Ese capital y esa tecnología no pueden provenir, como en el pasado, del presupuesto y la capacidad de la CNEA. Para entrar plenamente en el 'negocio nuclear' en las mismas condiciones que los países que producen uranio en la actualidad, Argentina debe estar a la par con las reglas del juego en el mercado mundial y para ello también debe aprovechar los factores que ofrece este mercado”.

Es un ejemplo de esta reconversión deseada por los yanquis el caso de la empresa Dioxitec, que tuvo parado el desarrollo de la producción de UO₂ (dióxido de uranio o uranio natural) porque el nivel de producción que podía alcanzar sobrepasaba las necesidades nacionales. Hoy, con el aumento del precio internacional y a través del RIGI, la empresa estatal ha recibido la inversión de 220 millones de dólares por parte de Nano Energy, de capitales estadounidenses. La formación de esta nueva sociedad busca generar la novedad en el país de poder exportar casi 300 toneladas de uranio enriquecido (hexafluoruro de uranio) anualmente, prometiendo además abastecer con 200 toneladas de uranio natural a las tres centrales que hay en el país.

La guerra en desarrollo exfoliará el conjunto de recursos estratégicos que tiene el país, dejando en el camino un conjunto de pasivos ambientales sumamente nocivos para el medio ambiente. La destrucción de la CNEA tal como la estamos viendo es la liquidación de una vanguardia científico-tecnológica con reconocimiento mundial, para abrir paso a un manejo inescrupuloso del sector nuclear y servirlo en bandeja a los intereses norteamericanos en su carrera bélica.

Los trabajadores de la CNEA deben tomar este planteo como bandera de advertencia para el conjunto de la población e inspirar la defensa del sector nuclear, la ciencia y la tecnología como un baluarte del conjunto de los trabajadores del país.

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