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El antecedente más relevante de la nueva coalición del PTS en torno a la candidatura de Myrian Bregman quizás no sean las del peruano Pedro Castillo ni incluso la del chileno Gabriel Boric, como lo hemos venidio señalando hasta ahora, sino la de la griega Syriza (Coalición de la Izquierda Radical), encabezada por Alex Tsipras, y la de Podemos, cuyo titular fue Pablo Iglesias. Fueron tentativas de gobierno en nombre del progresismo que el MST había abrazado con la furia de un fanático y el PTS había criticado con el fanatismo de un fraccionista. El FIT-U se convirtió en una suerte de Syriza cuando aceptó el ingreso del MST, al cual el PTS había maltratado con toda suerte de impropieros hasta ese momento. Tanto griegos como españoles eran dos escisiones de derecha de partidos comunistas. Myriam Bregman empalidece ante el recorrido de Tsipras, pues con un cómodo 4% de representación parlamentaria e intención de voto, se colocó en la segunda opción electoral en apenas poco más de una semana antes de la propia votación. Saltó a un descomunal 28% de los votos en 2012 y a ganar las elecciones y convertirse en gobierno en 2015. Tsipras, a los 51 años, se convirtió en Primer Ministro e pasó al primer puesto del ranking de la ‘simpatía personal’ con su moto de varias cilindradas.
En la campaña electoral que la llevó al gobierno, la Coalición de la Izquierda Radical llamó a gobernar en coalición al partido comunista, que en Grecia sigue siendo un partido relevante en la clase obrera. La union de de un partido pequeño burgués progresista y un partido obrero stalinista habría dado paso a una variante de gobierno obrero electoral, independiente de los partidos patronales. El partido comunista rechazó el convite. Syriza había prometido que no aceptaría ningún ajuste fondomonetarista en medio de una crisis terminal de la deuda externa. La respuesta de la Unión Europea y del FMI fue implacable; se cortaron los créditos a Grecia por parte del Banco Central Europeo, lo cual llevó a un enorme ‘corralón’ bancario y a una completa insolvencia financiera. Varios funcionarios griegos fueron llamados a armar un plan B para el caso de que un fracaso en la renegociación de la deuda los llevara a tener que salir del euro y volver al dracma, la denominación de la moneda nacional. La crisis había forzado al partido de la renegociación de la deuda a considerar un ‘no pago unilateral’ y al partido de la unidad de Europa a prepararse para un retorno a los colores nacionales.
Una resolución del comité nacional del PTS señalaba en diciembre de 2015 (cuando Syriza ya había ganado las elecciones) que “su programa (el de Syriza) se basa en negociar con los acreedores una restructuración parcial de la deuda o una moratoria de la misma y lograr algo de inversión estatal para asegurar servicios y concesiones mínimas”. Al mismo tiempo, los dirigentes y economistas de Syriza han insistido en que su intención no es “romper con la UE” ni declarar un no pago unilateral de la deuda”. (“La crisis de fin de ciclo y la emergencia de una izquierda combativa de los trabajadores”, febrero 2015). Le endilgaba a Syriza una ruptura por izquierda (del partido comunista) “pero bajo la forma “ciudadana”, diluyendo su potencial como “clase” en un “pueblo” atomizado cuyo único poder de cambio queda reducido al voto”.
Esta ‘ruptura por izquierda’, que en realidad fue por derecha, eurocomunismo, para poder adherir al ingreso de Grecia a la Unión Europea, levantó un programa que guarda una similitud con la estrategia que expone el Manifiesto del PTS. O sea que el PTS se ha convertido en Syriza. El Manifiesto autóctono tampoco plantea “el no pago unilateral de la deuda”, no lo dice en ningún lado, aunque Bregman ha anunciado “un no pago soberano”, o sea decidido por una Asamblea Constituyente o por un referendo nacional; en el caso de que no obtenga ese apoyo ‘soberano’ (el 50.01% del padrón electoral o de votantes), tendrá que llamar al Toto Caputo para que le saque las papas del fuego. Para cuando convoque a esas instancias ‘soberanas’, por otra parte, no habrá quedado un dólar en el Banco Central, como ha ocurrido en Grecia con el euro. Más parecido entre el programa de Syriza y el manifiiesto del PTS no se consigue. Cuando Alexei Tsipras tomó la decisión, en 2016, de cargar sobre el pueblo griego la responsabilidad de someterse al FMI, mediante el llamado a un referendo, en una semana, sobre el pago de la deuda, se encontró con que el pueblo griego que había llevado al gobierno al partido del pago mediante renegociación y la permanencia en la UE, votó abrumadoramente por el no pago, incluido el retiro de la Unión. Tsipras desconoció el referendo y pactó con el poder internacional.
El planteo del “no pago soberano” lleva a los trabajadores de Argentina por el mismo camino. La pequeña burguesía internacional aborda la deuda externa como un litigio del Estado con los acreedores. La deuda pública es, sin embargo, una relación social, un mecanismo de explotación del capital nacional e internacional a través de la mediación del Estado. Por eso mismo, el no pago debe ir acompañado del derrocamiento de ese Estado y de la emergencia de un nuevo soberano – el poder obrero. Ahora, son los ex críticos de Syriza quienes han abandonado el “no pago unilateral y abogan por el no pago “soberano” del Estado capitalista actual y sus instituciones. Para usar los términos del PTS de hace una década atrás, “el ´único poder de cambio queda reducido al voto”. En cuanto a que Syriza había diluido “el potencial de clase” al representar a los trabajadores como “ciudadanía” o “pueblo”, estamos ante la misma operación política del Manifiesto del PTS, cuya “nueva clase trabajadora” consiste en identidades variadas que cruzan a todas las clases sociales. En reportajes recientes, Bregman ha señalado que “el progresismo es nuestro aliado”, lo mismo que pregona el MST, que ha llamado al FIT-U a ampliarse sin margenes definidos. Alejandro Bodart ya no necesita viajar a Atenas para abrazarse con Alexei Tsipras, porque ya tiene una Tsipras en Buenos Aires.
A Podemos, el PTS lo acusaba de que “En vez de apelar a la movilización social de millones de trabajadores contra los capitalistas, pretenden llegar al gobierno moderando cada vez más su discurso y su programa, mostrarse “aceptables” para los empresarios y los mercados financieros para evitar la “inestabilidad política”. “Detrás de toda la retórica de la “nueva” política -concluía el PTS- , se encuentra una “vieja” estrategia de reformas del capitalismo, basada en la conciliación de clases, que tantas frustraciones ha generado en la historia”. (LVO, 11/12/14). Las citas, de más de una década atrás, se compaginan con las del PTS en el presente. En el Manifiesto (de 25 mil caracteres) no hay una palabra de ‘movilizar millones’, ni de ‘lucha de clases’.
Notablemente, el PTS se ha colgado de los rasgos reaccionarios de la experiencia de Syriza después de haber declarado la abstención en los choques pre-revolucionarios de hace una década en Grecia. En aquel momento, el PTS rechazó intervenir en la crisis, con el argumento de que “no existían organismos de las masas en lucha que tiendan a crear un doble poder”. Esos organismos, sin embargo, existen siempre; es necesario despertarlos y llamarlos a la acción ante una crisis política y un giro planetario en la corriente electoral. “El Partido Obrero apoyó la reivindicación de un gobierno de la izquierda (Syriza-PC) como un planteo de ruptura con los partidos patronales y como un gobierno de trabajadores, en contraposición al de Syriza, que lo entiende como un gobierno pequeño burgués parlamentario en los marcos capitalistas” (PO). Una década después, el PTS se calza el traje… de Syriza, al asumir, como programa de gobierno, una serie de medidas e intenciones que no rompen el marco del régimen social vigente. El programa del PTS no parte de la situación histórica sino de sus encuestas electorales y de los “focus group”. Una entrevista de La Izquierda Diario a Emilio Albamonte, acerca de las proyecciones de Myriam Bregman, muestra este sociologismo electoral.
El tránsito del abstencionismo en Grecia al oportunismo electoral en Argentina tiene sus fases. En diciembre de 2015, en ocasión del balotaje entre Scioli y Macri, el PTS propuso un frente “de izquierda amplio” para impulsar el voto en blanco, o sea, sin un programa y una estrategia política definidas. Era una disolución no declarada del FIT. Fue su primera aproximación al MST, partido incondicionalmente pro Syriza, que cuatro años después ingresaría al FIT con todos los pergaminos, en el mismo momento en que era expulsada la tendencia revolucionaria del PO. En ocasión de esa propuesta votoblanquista “amplia”, señalamos: “El frente democratizante con la izquierda pro frente popular que ahora propuso el PTS, ¿es o no un giro hacia la variante Syriza?” (“Una Syriza en Argentina, no!”,Altamira, PO, diciembre 2015). Una previsión sin fallas.
En relación a Podemos, el PTS copió la muletilla del partido de Pablo Iglesias sobre la “casta”. En una deriva mayor, el PTS aplicó la categoría de la “casta” y la “renovación” al interior del propio FIT. De este modo, se creó en el FIT-U, un elenco estable de funcionarios legislativos que no renuevan candidaturas (“personalidades”). El PTS le copió a Podemos la estrategia comunicacional “postmoderna”. El periódico de partido fue reemplazado por una web “de izquierda” e identitaria. El programa de Podemos es una colección de esas posturras -feminismo, ambientalismo, diversidades- que ha mandado el carácter histórico del programa socialista. El Manifiesto del ‘focus group’ toca esa sintonía, en todos sus tonos.
Los movimientos de izquierda que llegaron a ser gobierno en la década pasada usufructuaron las rebeliones obreras y populares que tuvieron lugar después de la bancarrota capitalista de 2007-2008. Fueron, por un lado, una manifestación del derrumbe de las organizaciones políticas tradicionales del capital y de la propia izquierda (los restos del stalinismo), y, por el otro, expresión de las limitaciones de una “nueva” izquierda que había renunciado con antelación a un programa revolucionario. Por referencia a estas experiencias, la irrupción “de la simpatía” del frente izquierdista es extremadamente tardía. Después de Syriza y Podemos, los minutos de descuento han sido largamente consumidos por los Boric, Petro y otros. La expectativa de un gobierno “progresista” o de la pequeña burguesía disfrazado de izquierda es doblemente extemporánea, a la luz de una crisis mundial caracterizada por la guerra y la polarización política. La contrarrevolución, la guerra y el fascismo deben ser enfrentados con un programa revolucionario, no con los retazos del centroizquierdismo fracasado.
