La OTAN escala la guerra mundial en la cumbre en Ankara

Escribe Redacción

Trump ‘une’ a una Europa fragmentada.

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La cumbre de dos días que la OTAN celebró en Ankara estuvo cargada de una agenda muy clara: proseguir el bombardeo de activos militares, energéticos y civiles de Rusia; acentuar los ataques aéreos contra Crimea; reforzar las bases militares europeas en los estados del Báltico y votar una provisión de material militar a Kiev por un monto de 70 mil millones de dólares en cada uno de los próximos dos años. El objetivo ostensible de la escalada militar es obtener un cese del fuego en las líneas de contacto entre los ejércitos de Kiev y Moscú. En ese contexto, Ucrania se incorporaría a la UE y a la OTAN, quedaría bajo la protección de la alianza imperialista y tomaría forma definitiva la segunda división después de la URSS, la disolución de la Federación Rusa.

La realización de la cumbre en Ankara no es un dato menor, pues Turquía linda con el Cáucaso sur y es una suerte de árbitro en el Mar Negro. Turquía ocupa un lugar central en el denominado flanco sur de la OTAN, que comprende el Mediterráneo, el norte de África, y Oriente Medio. La guerra en desarrollo, donde la superioridad militar sigue siendo "indispensable", no garantiza por sí sola el éxito estratégico. Su dimensión estratégica se extiende más allá del Canal de Suez; abarca el Mar Rojo, el estrecho de Papúa Nueva Guinea e incluso el Indo-Pacífico. Se extiende desde el Cuerno de África hasta las profundidades de Israel. Se deben agregar los cables submarinos, los minerales críticos y la inteligencia artificial, convertidos en blancos y botines específicos. En el Mediterráneo convergen la seguridad, la energía, la tecnología y el comercio. Consciente de esta amenaza ‘existencial’, el Kremlin ha descerrajado una serie de ataques aéreos descomunales, en especial contra las infraestructuras de Kiev. Putin se encuentra claramente a la defensiva; el primer ministro de Bielorrusia, el prorruso Lukashenko, estaría dispuesto a cambiar de casaca y arribar a acuerdos con la UE –en especial Alemania.

La respuesta de Putin ha sido redoblar sus ataques con misiles balísticos sobre Kiev. Los ataques de Moscú contra el sector energético apuntan a desencadenar un colapso económico y social, derrumbar las finanzas ucranianas y detener la producción industrial, incluida la del sector militar. Varios observadores advierten que las ciudades no solo se quedarían sin luz, sino también sin suministro de agua, saneamiento y, durante el invierno, sin calefacción. El costo de la reconstrucción y las ayudas necesarias para amortiguar estos daños es enorme, incluso para los países europeos cuyos regímenes ya están al límite con sus respectivos presupuestos y pertrechos de guerra. Esta agresión sin parangón a las masas ucranianas expone la política contrarrevolucionaria de Putin y el viejo aparato represivo que anidó en Moscú. El cese del fuego por el que abona la OTAN equivale a la rendición de Rusia.

Donald Trump ha participado de la reunión con sus propios objetivos de guerra. El primero de ellos es el de asegurar un incremento de la venta de armas a los Estados de la UE. El Pentágono ha reclamado al Congreso un presupuesto militar de 1.5 billones de dólares, que incluye a la Inteligencia Artificial. El otro es el obtener la cesión de Groenlandia, un espacio minero y militar de enorme importancia. Con estos elementos en la mano, Trump cerró la reunión con una celebración de la OTAN. Aunque no recogió el pedido de Zelensky de ceder interceptores Patriot, lo cual habría sido entendido una cuasi declaración de guerra a Putin, porque le quitaría el monopolio del espacio aéreo a los misiles balísticos, drones y aviación de Rusia, sí autorizó a que sea fabricados en Ucrania, lo cual llevaría también un cierto caudal de tiempo. Los gobiernos de la Unión Europea han quedado comprometidos como semicolonias del imperialismo norteamericano y de Trump, lo que se manifestará enseguida en una división entre sus gobiernos– dicho de otro modo, en una fragmentación panestatal.

La reanudación de la guerra contra Irán, por parte de Trump, no movió el avispero en Ankara, a pesar de las críticas que recibió en Europa cuando fue lanzada hace cuatro meses. La economía europea acusó los perjuicios del aumento del petróleo y de la renta minera, esta vez sin mosquearse. La nueva escalada de Trump sigue un método, que es el intento de imponer sus exigencias antes de que finalice el período de cese del fuego. Es lo que ha ocurrido con el intento de un navío de atravesar el Estrecho de Ormuz sin la venia de Irán. Para no repetir el peligro de un derrumbe financiero, Trump se abstuvo de abandonar el Memorando de Entendimiento. “A Dios rogando y con el garrote dando”. El imperialismo norteamericano no va abandonar las rutas de la energía ni el este de Asia, como se les ocurre a muchos analistas. El cerco se está cerrando también para Cuba. La guerra mundial se encuentra en el punto más alto de su desarrollo desde su inicio.

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