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La negociación paritaria en la rama siderúrgica se retomó tras dos años de estancamiento. La cámara empresaria boicoteó permanentemente la negociación y en algunas empresas (Grupo Roca) impuso durante estos años aumentos arbitrarios que lejos estuvieron de cubrir la inflación. En Acindar se arribó a acuerdos no remunerativos, en perjuicio al sistema previsional y de obra social, y los trabajadores están pagando cientos de miles de pesos todos los meses para poder sostener esta última. Los aportes de la empresa van a la obra social local y han generado a Acindar un gran ahorro en contribuciones patronales y otras yerbas, ya que el salario declarado de sus trabajadores sigue siendo el mismo que en junio de 2024.

Los delegados paritarios fueron definidos por el interventor de la UOM. Todos ellos son miembros de seccionales que no integraban la lista encabezada por Furlán y desplazada por la Justicia tras la denuncia de irregularidades en los comicios de la seccional Zárate Campana. Los portales de noticias hablan de buscar un acuerdo creativo (tal como era en la etapa de Antonio Calo) para recuperar el salario. Cualquier ecuación que contenga el aumento por inflación mantendrá a los metalúrgicos en la línea de pobreza. De hecho, para que la categoría inicial cubra el costo de la canasta familiar debería recibir un aumento de más del 150%, algo inviable si la paritaria está encabezada por representantes del interventor y no de los trabajadores. La decadencia salarial, si bien se profundizó estos últimos años en parte por la crisis industrial, sobretodo lo hizo por la decisión de la dirección de Abel Furlán de frenar la huelga metalúrgica. Furlán llega a la dirección de la UOM porque con Antonio Calo las paritarias cerraban siempre con gusto a poco y aceptando los techos impuestos tanto por el kirchnerismo como por el macrismo, dejando el salario inicial metalúrgico a un 50% del valor de la canasta familiar.

Estas negociaciones paritarias muy posiblemente terminen en acuerdos no remunerativos, donde a los trabajadores metalúrgicos les lleguen algunas migajas más pero lejos de resolver su día a día, mientras a las patronales nacionales e internacionales se les termine brindando un jugoso ahorro financiado desde el estado.

El convenio de la UOM se anticipó a la contrarreforma laboral ya que sólo fija un piso y, al ser salarios tan bajos, las negociaciones por empresa eran la única alternativa para mejorar el poder adquisitivo de los trabajadores. Es la antítesis de lo que pasa con otros gremios donde su salario convenio ya garantiza el costo de la canasta familiar (Aceiteros) y por ende la subsistencia, y cualquier acuerdo empresa es directamente para superar esa línea.

La UOM ha sido atomizada no sólo por la diferencia entre ramas sino por los acuerdos particulares. Eso no se supera con Furlán o sus detractores. Toda esta burocracia nos ha llevado a esto con dirigentes empresarios y otros que se autodefinen clasistas, pero no llevan adelante elecciones de delegados y comisiones internas, persiguen opositores y han multiplicado su capital. Las peleas por las licitaciones son una farsa: sus objetivos siguen alineados salarios bajos, “modernización” laboral, ventajas impositivas y sindicatos controlados o sometidos. La exigencia de los trabajadores metalúrgicos debe hacerse oír en todos los lugares de trabajo por un salario inicial que cubra el costo de la canasta familiar organizándonos desde abajo para poder enfrentar las maniobras de la burocracia, las patronales y la intervención.

Unidos podemos lograrlo.

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