Escribe Jorge Altamira
El caso de Peter Thiel, Vaca Muerta y el kirchnerista Miguel Galuccio.
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La consigna en cuestión suena atractiva, parece el slogan de una cruzada contra el imperialismo. Pero no se trata de nada de esto; se trata de una estafa política del kirchnerismo y del Fitu, con la consciencia plena de lo que están perpetrando.
Ha pasado menos de media semana del apartamiento de los capítulos de tierras y de uso del fuego de la ley sobre propiedad privada, en un marco de negociaciones del gobierno nacional con un conjunto de gobernadores, para enterarnos por La Nación de una compra de acciones de la petrolera Vista, que opera en Vaca Muerta, por parte de Thiel Macro LLC, uno de los fondos de Peter Thiel, el dueño de Palantir, una de las empresas que integran a la oligarquía de Inteligencia Artificial. Palantir Technologies está asociada a la CIA, el FBI y el ICE en el manejo de la administración pública norteamericana y en la represión a los migrantes, incluida la masacre IA en Gaza y en Líbano. Thiel, personalmente, es partidario de reintroducir el voto calificado o en su defecto suprimirlo.
La compra estratégica de Thiel en Vista no vulnera, sin embargo, la ley de extranjerización de tierras, sea cual fuere, como tampoco ocurre con las inversiones incentivadas por el RIGI (a partir de los doscientos millones de dólares) y del Súper RIGI (a partir de los mil millones). Forma parte de la operatoria cotidiana del mercado de capitales. Obviamente, esas inversiones ocupan y ocuparán la porción del suelo y sub-suelo que necesiten, sin afectar los derechos constitucionales de las provincias, que se conforman con el cobro de una renta que no guarda relación con el valor de la producción. De modo que ahora tenemos a mister Thiel en el corazón de la actividad económica del país – sin disparar un tiro. En lugar de desenmascarar ante los jóvenes la operación patriotera con ambiciones electorales de una defensa de la patria de esta característica, los K y sus compañeros de ruta de la izquierda se lanzaron de cabeza a promoverla y generalizarla. Y con razón, porque Vaca Muerta ha sido un proyecto fundacional de Cristina Kirchner.
Cristina Fernández y Kicillof han reivindicado Vaca Muerta como “fundacional”, lo mismo que la minería a cielo abierto. La expropiación parcial de Repsol a favor de YPF (privatizada bajo Menem y los Kirchner) fue defendida en esos términos. Se pagó una indemnización (con intereses) de ocho mil millones de dólares, para sacar del medio a Repsol y asociar a YPF con Chevron en un proyecto de ‘fracking’, en términos similares a los RIGI de Caputo y Milei. Para presidir YPF ‘estatizada’, CFK trajo de Europa a Miguel Galuccio, el flamante socio de Thiel. Galuccio abandonó YPF bajo Macri e inauguró Vista, anteriormente en manos de Petronas, y hoy es la principal exportadora de petróleo de Argentina. Entre sus accionistas ‘nacionales y populares’ figuran Amazon, American Electric Power y cinco energéticas internacionales más. El propósito es incorporar la IA al manejo de Vaca Muerta e instalar centros de datos en Neuquén y la Patagonia. La ley de ‘inviolabilidad de la propiedad privada’ apunta a reforzar las garantías para estos inversores, que podrían invocarla para reclamar una intervención militar extranjera invocando cualquier violación a ese ‘derecho’. La Bullrich mantuvo el proyecto en el Senado, luego de la poda de los dos capítulos conocidos, porque lo principal seguía en pie abrochado con un moño. La presencia de Techint, Bulgheroni, Vista y hasta una petrolera de China caracteriza a Vaca Muerta como una salida al impasse económico de la burguesía nacional. La ‘estatal’ YPF sigue abriendo caminos al privatizar sus pozos convencionales a capitalistas nacionales, como también Metrogas.
La patria de la burguesía nacional y popular ‘no se vende’; sigue desarrollando sus negocios de la mano de todos los gobiernos.
En los programas de la izquierda patriotera no está presente la nacionalización del suelo, tanto agrario como rural, ni la de los monopolios capitalistas. Es una confesión de partes. No lo menciona el Manifiesto de apoyo a Myriam Bregman. Esta izquierda aboga incluso por los estados “plurinacionales”, o sea la integración de las nacionalidades indígenas bajo el estado blanco y criollo, por un lado, y la separación de esas nacionalidades originarias del proletariado de América Latina. El nacionalismo ha fracasado en el objetivo de la autonomía política nacional a lo largo de toda la historia. Las cuestiones históricas que han quedado rezagadas sólo encontrarán su salida por medio de la revolución socialista.
