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Los dichos de Javier Milei sobre las Islas Malvinas encendieron los planteos de corte nacionalistas que recorren del kirchnerismo al FITU. Ya habían coincidido, previamente, en las consignas “La Patria no se vende”, “Las Malvinas son argentinas y nuestras tierras también” y la reivindicación programática de “los bienes comunes naturales”. Una ´unidad patriótica´.
A despecho de la guerra mundial en desarrollo, el FITU se plegó al “reclamo de soberanía”, mostrando sus diferencias, claro, con Milei.
Sin embargo, la cuestión Malvinas ha sido un recurso sistemático de la burguesía contra los trabajadores en momentos de crisis y debilidad de sus gobiernos.
La diputada Myriam Bregman, luego del discurso de Milei del jueves pasado, posteó en la red X: “Le hackearon las neuronas o (sic) Estados Unidos lo está usando como enviado para provocar (sic) a Gran Bretaña en su actual disputa entre piratas. Se lo escribieron en el Pentágono". Una pelea callejera en lugar de una guerra por un nuevo reparto del mundo. Poco después, reforzó: “Más que nunca ¡fuera ingleses de Malvinas, fuera yanquis de América Latina!”.
El PTS hizo punta apropiándose de la consigna "Las Malvinas son nuestras y el resto del territorio también". ¿"Nuestras" de quién? ¿De la clase obrera? ¿Prefieren tener a Vista en Vaca Muerta, la petrolera ´nacional´ de Manuel Galuccio, antes que a Navitas explotando el subsuelo atlántico? Este ´calce´ de posiciones con la burguesía ´nuestra´ -atada de mil modos al capital financiero internacional y al imperialismo- había sido proclamado por la diputada del FITU algunas semanas atrás, cuando sentenció que “la izquierda será antiimperialista o no será”; de socialismo, ni hablar. Tras años de ignorar el himno y los símbolos patrios, Bregman ha pegado una voltereta espectacular, sin aviso. El ‘antiimperialismo´ es remontar "la decadencia nacional”, asegura el programa del PTS para la candidata. En entrevistas recientes, Bregman ha declarado que, tras la derrota parcial de Milei con la "ley de inviolabilidad de la propiedad privada" el pasado 6 de agosto, el gobierno se vio obligado a instalar una “agenda patriótica frente a las dificultades de gestión”. Lo de Milei es, entonces, una expresión de las victorias del pueblo. En definitiva, Javier Milei sería un polizón en el barco malvinero que reivindican peronistas, kirchneristas y el FITU.
Bregman, sin embargo, también denuncia la injerencia del imperialismo norteamericano en los anuncios de Milei y su interés de expandir su influencia en el Atlántico Sur (La Voz, 4/9). Según Bregman, "nadie puede pensar que a Milei, que impulsó la aprobación del RIGI, del Súper-RIGI, de la ley de glaciares, de la reforma laboral que pedían las multinacionales, es alguien a quién le importa la soberanía" (ídem). Bregman confunde la soberanía territorial con la soberanía política, y a ésta con un régimen emancipador: son tres formas de la dependencia – colonia, semi-colonia, dependencia económica.
Para Fernando Rosso, editorialista de LID, el anuncio fue "un manotazo de ahogado de Milei”, porque "está tratando de apropiarse de una causa que contradice toda su política”. Este concepto es incoherente y una admisión de que Milei podría estar pegando un viraje antiimperialista. Rosso adolece de una dificultad óptica, pues confunde sus ambigüedades con la dialéctica. La contradicción entre burgueses y proletarios es reemplazada por "nacionales" y "entreguistas". Malvinas, insiste, es "una de las pocas causas capaces de atravesar casi todas las identidades políticas argentinas” (sic); por ejemplo, las identidades de Milei y Rosso.
En la mirada de Rosso la guerra mundial y la crisis histórica del capitalismo están completamente ausentes, incluso como categoría de análisis. El problema se reduce a “una pelea con sus propios aliados” que Trump impulsa para repartir costos militares con los países europeos en el marco de “una disputa estratégica con China”.
El FITU y sus principales voceros están a tono con lo planteado por un ´viejo compañero de ruta´, Juan Grabois, que generó consternación en X al saludar con entusiasmo chovinista los anuncios de Milei: “Aunque sea el peor gobierno del mundo, todo lo que se haga contra el inglés invasor está bien. Bienvenido el cambio de 180 grados de Milei que pasó de soquete colonizado a recuperar la posición histórica de la Argentina. Los ´kelpers´ son efectivamente población implantada y no le asiste el derecho a la autodeterminación. Ganamos la batalla cultural”. Medios como Clarín e Infobae entendieron el elogio de Grabois a Milei como prueba de la viabilidad de la "unidad nacional" por Malvinas. Gustavo Melella el gobernador kirchnerista de Tierra del Fuego tocó la misma canción: "Hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Malvinas es una de ellas. Por eso acompañamos la construcción de un frente político e institucional unido que nos permita pasar de las declaraciones a las acciones concretas en defensa de nuestra soberanía".
La ´bandera malvinera´ que agitó Milei puso sobre la superficie la ´unidad nacional´ de libertarios, peronistas y la izquierda ‘patriotera’. Donald Trump lo hizo.
