La crisis energética provocada por la guerra genera movilizaciones en todo el mundo

Escribe Aldana González

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La guerra en Irán, en Ucrania y en el Mar Rojo ha desatado una ola de movilizaciones. La destrucción de infraestructura hidrocarburífera, el cierre de los estrechos de Ormuz y potencialmente de Bab el-Mandeb, han creado una crisis energética global que redunda en mayor carestía. Otro problema adicional es el aumento de los fertilizantes, derivados del gas, como la urea.

Uno de los focos principales es Siria. El gobierno de Al Golani –ahora llamado Ahmed al-Sharaa– decretó un incremento de hasta el 40% en el diésel y cerca del 28% en la gasolina. A los problemas derivados de la guerra, el país le suma una dificultad adicional debido a la parada operativa que experimentó la refinería de Banias durante tres meses por mantenimiento integral. Las obras eran necesarias porque Al Golani sustituyó la importación del crudo de Irán por el Rusia. Rusia, sin embargo, ha tenido que limitar las exportaciones e incluso recomprar su propio petróleo a otros países –como India– debido al daño que Ucrania le ocasionó a sus refinerías. El alza de los precios de los derivados del petróleo es superior al que ha tenido el crudo. Las refinadoras atraviesan por una crisis en su márgenes de beneficio.

En Siria los transportistas y la población en general bloquearon vías importantes, como la autopista Alepo-Damasco y rutas en las provincias de Raqqa, Hasakah, Hama e Idlib, con quema de neumáticos. Las protestas y piquetes se extendieron por más de treinta localidades en al menos ocho provincias. También paralizaron el transporte público en diversas zonas. No sólo exigen que se retrotraigan las medidas, sino que reclaman que renuncien las autoridades responsables del área. Esta es la primera gran crisis que enfrenta el gobierno de Al Golani desde que está en el poder.

En Guatemala también hubo piquetes para exigir medidas contra el alza continua de la gasolina y el diésel. En Chile, los estudiantes se movilizaron en el centro de Santiago en rechazo al costo de la vida y el encarecimiento del combustible.

Pescadores del sur de Francia (Niza, Sète, Frontignan) bloquearon puertos y depósitos de combustible. También hubo paros de trabajadores de energía, bomberos y policía. Hubo una convocatoria viral en redes sociales para el 17 de octubre que rememoró a los chalecos amarillos. Por eso, el gobierno anunció la prórroga hasta el 31 de diciembre de las subvenciones directas para los rubros productivos más asfixiados por el diésel, a pesar de que el primer ministro está planificando un ajuste fiscal de 54.000 millones de euros.

Las movilizaciones en Portugal fueron importantes tras registrarse subidas récord que llevaron al diésel a su máximo histórico. Al igual que en Francia, el impacto de la crisis energética global desató el malestar social. Hubo bocinazos organizados mediante redes sociales y conductores colapsaron accesos clave en Lisboa. El punto de mayor tensión fue el Puente 25 de Abril, el cual une la capital con Almada, donde decenas de vehículos marcharon a paso lento haciendo sonar sus bocinas.

En el sur del país, un convoy bloqueó de forma pacífica los accesos a carreteras cercanas a la refinería de Galp en Sines y hubo pancartas con lemas como “Basta de aumentos” y “Las familias no aguantan más”. En la ciudad costera de Espinho, empresarios locales, trabajadores y agricultores marcharon directamente hacia la residencia del primer ministro, Luís Montenegro, para exigir una contención urgente de la inflación. La Liga de Bomberos Portugueses advirtió que los costos de los combustibles volvieron insostenible la operación de los camiones de bomberos y corporaciones de voluntarios.

Frente a la presión, el primer ministro anunció un paquete de medidas de alivio enfocado en subsidios y bajas de impuestos para las patronales, como los transportistas de carga, y taxistas y los servicios de emergencia. Sin embargo, Montenegro descartó una rebaja generalizada del IVA, señalando la necesidad de balancear la sensibilidad social con la responsabilidad financiera del Estado, mientras sigue alimentando el presupuesto de defensa, tal como se lo reclama la OTAN. Francia hace lo mismo.

A través de la inflación, la carestía y los ‘ajustes’, los trabajadores se movilizan por sus condiciones de vida y de trabajo – una transición inevitable hacia la lucha política contra sus propios gobiernos, imperialistas, en un caso, de la periferia, en otros.

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