El avance sobre el Mar Rojo obliga a Trump a un compromiso inestable con los hutíes de Yemen

Escribe Aldana González

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La avanzada de los hutíes sobre las costas del mar Rojo que estaban bajo el control del gobierno yemení patrocinado por Arabia Saudita cambió el escenario en la región.

El control del mar Rojo es clave para el imperialismo y, en especial, para uno de sus arietes, Arabia Saudita, su mayor aliado entre los estados del Golfo Pérsico. Es, para Medio Oriente, una de las vías de acceso al Mediterráneo a través del canal de Suez y al océano Índico a través del golfo de Adén. Es el principal corredor que conecta a Asia con Europa. Cerrado el estrecho de Ormuz, representaba para Arabia Saudita su principal salida hacia el océano Índico y, por ende, hacia el este de Asia. El cierre del estrecho de Bab el-Mandeb implica una crisis económica y política de proporciones para Arabia Saudita, el principal productor de petróleo del mundo, que agrava la disparada del precio internacional de los combustibles.

Los hutíes han reforzado el cerco bombardeando infraestructura, como oleoductos y reservas de la petrolera Aramco -la mayor del mundo-, por lo que también perjudican el transporte por vía terrestre de combustibles saudíes.

La avanzada hutí ha convertido a Arabia en un gigante de papel. Un país con uno de los PBI más altos y que ocupa el octavo lugar en el mundo en presupuesto militar, no puede hacer frente a una milicia del país más pobre del mundo árabe. Su ejército de mercenarios es muy útil para atemorizar a población desarmada, pero corrió en estampida cuando tuvo que enfrentar a los kaláshnikov de los campesinos yemeníes.

Los hutíes se habían estado preparando durante meses y reclutaron un ejército de más de 100.000 milicianos. Durante 2025, en Yemen y en todo el mundo árabe, la popularidad de los hutíes creció cuando bloquearon el suministro a Israel por el mar Rojo e hicieron frente a la armada norteamericana. La defensa de Gaza aumentó y facilitó el reclutamiento durante este último año.

Los hutíes se llaman así por ser seguidores de Hussein Badreddin al-Houthi, quien fue asesinado en 2004. Fundaron la organización Ansar Allah -Partidarios de Dios-, que actualmente dirige el hermano de Hussein, Abdul-Malik al-Houthi. El programa oficial de los hutíes combina elementos político-religiosos, nacionalistas y antiimperialistas. Son una rama del chiismo, más cercana al sunismo. Sus objetivos se resumen de forma explícita en su propio lema oficial, que dice: «Dios es el más grande, Muerte a los Estados Unidos, Muerte a Israel, Maldición sobre los judíos, Victoria para el Islam».

El grupo encabeza un levantamiento nacional y busca consolidarse como el único gobierno legítimo de Yemen. Tras haber tomado la capital, Saná, en 2014, y haber forzado al gobierno internacionalmente reconocido al exilio, administra las áreas más pobladas del norte y el oeste del país. Exige que Arabia Saudita y su coalición pongan fin definitivamente a cualquier intervención militar extranjera en su territorio.

Una derrota de Arabia, para el imperialismo, implica la caída de uno de sus dos principales personeros - el otro es Israel. La importancia de Arabia reside, además, en que ocupa una posición central en el mercado mundial del petróleo y en el sistema financiero internacional asociado al dólar. Fue el país que le garantizó a los Estados Unidos la continuidad del patrón dólar, al acceder, durante más de tres décadas, a vender petróleo solo en la divisa estadounidense.

La monarquía saudí, desde 2025, estuvo aumentando su injerencia en el norte de África para asegurarse el control del mar Rojo, en disputa con Israel -a través de otro personero del sionismo, Emiratos Árabes Unidos-. La paradoja es que terminó perdiéndolo en manos de la población tribal de su propia península.

Ante el avance hutí, los llamados de auxilio del príncipe saudí fueron en vano. China accedió a mediar, pero sin resultados. De parte de los países con los que Arabia firmó los acuerdos de defensa de La Meca este año, no hubo apoyo militar real, salvo una declaración de intenciones de Turquía. Y, al contrario de lo que esperaba la monarquía saudí, Estados Unidos apuró un acuerdo con los hutíes para que dejaran pasar los barcos con bandera estadounidense. El apoyo a Arabia se limitó, por ahora, a aprobar la posible venta de 48 aviones F-35, lo que despertó resquemores en Israel.

Arabia denunció haber derribado un intento de ataque contra La Meca, el lugar más sagrado del mundo musulmán, en lo que sería una operación de bandera falsa. Los hutíes negaron el hecho y le atribuyeron a Arabia la intención de buscar un motivo para que los países del acuerdo de La Meca intervinieran militarmente. También declararon que fue un intento inútil, puesto que ellos tienen sus propios canales de comunicación con Turquía y Pakistán para poder desmentirlo.

Arabia tiene razones fundadas para querer destruir la popularidad que los hutíes están despertando en el mundo islámico. La epopeya de David contra Goliat, sobre todo cuando Goliat es un ariete del imperialismo estadounidense, despierta simpatía más allá de la península arábiga. Las protestas están prohibidas en el Reino, pero el clima de guerra alimenta el descontento. La monarquía fundamentaba su alineamiento con el imperialismo en la necesidad de garantías de seguridad que se están haciendo polvo minuto a minuto.

Las alarmas suenan por posibles bombardeos sobre Riad y otras ciudades. Este viernes, los saudíes recibieron mensajes del gobierno en sus celulares para que permanecieran en resguardo mientras se escuchaban explosiones en Riad. Todos los intentos que hizo el príncipe saudí este año para mantenerse al margen de la guerra se están haciendo añicos. El acuerdo tácito que mantenía con Irán para salir indemne de los ataques persas se volvió inútil cuando los hutíes lo acusaron, en agosto, de bombardear un aeropuerto en Yemen y se desató la escalada actual.

La ONU ordenó el embargo de armas para los hutíes y Arabia ha pasado a ser la víctima, ocultando la historia reciente. El bloqueo que Arabia hizo sobre el Yemen controlado por los hutíes desde 2015 produjo una crisis humanitaria catastrófica, con cientos de miles de muertos. Por eso, las movilizaciones en Saná y otras ciudades de Yemen en apoyo a los hutíes han sido multitudinarias. La causa nacional yemení entronca con la lucha contra el imperialismo y el sionismo en toda la región, mientras Estados Unidos hace agua en el mar Arábigo y no puede liberar el estrecho de Ormuz del bloqueo iraní. Trump inició una guerra en Medio Oriente para cercar a China y controlar o limitar sus vías de suministro. Por el contrario, a cada paso enfrenta nuevas derrotas que detonan una crisis energética que destroza sus planes de retomar el control del mercado mundial.

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Los hutíes se hacen del control de las costas del Mar Rojo Un avance decisivo. Por Aldana González, 14/09/2026.

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