Escribe Camilo Márquez
Las urnas y los drones y misiles.
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Las elecciones a la Duma Estatal que se celebraron el fin de semana dieron como resultado una victoria arrolladora y predecible del partido oficialista Rusia Unida, que se aseguró una mayoría sin precedentes. El partido gobernante obtuvo el 58% de los votos, y se quedó con 355 escaños, el mayor resultado en su historia. Se necesitan 301 para obtener la mayoría constitucional.
Se trata de los primeros comicios a la Duma (cámara baja) desde el inicio de la “Operación Especial”, como denomina el Kremlin a la guerra en Ucrania. Por primera vez, además, incluyó la participación de las regiones ucranianas anexadas en 2022: Donetsk, Lugansk, Zaporizia y Kherson.
La participación oficial fue del 59%, según la información oficial, superando ligeramente la de los comicios del 2021. Participaron más de 3.000 candidatos de diez partidos, todos ellos considerados “leales” al Kremlin. La formación pro OTAN, abiertamente opositora a la guerra, Yábloko, fue excluida del proceso. La Unión Europea, por su parte, se niega a reconocer las elecciones en las regiones del Donbass. Bruselas ya anunció su intención de aplicar sanciones contra las personas involucradas en la organización de los comicios, así como contra los candidatos.
Las elecciones se desarrollaron en medio de los ataques por de Kiev a las refinerías moscovitas y de un empeoramiento de la crisis de combustible en Rusia. El domingo, al cierre de la jornada, Ucrania golpeó la refinería de petróleo de Moscú. El masivo ataque con drones fue descrito por las autoridades rusas como el mayor jamás perpetrado contra la capital. Provocó un incendio a gran escala y la paralización total de sus operaciones. “El ataque aéreo alcanzó una refinería de petróleo en Moscú, contradiciendo la afirmación del presidente Donald Trump de que Ucrania y Rusia habían acordado detener los ataques contra objetivos energéticos” (Washington Post). La planta es una de las más grandes de Rusia, con una capacidad de refinación de 12 millones de toneladas de crudo al año. Abastece cerca del 40% del mercado de la capital y el 70% de la gasolina de aviación de esa zona. Con este salto, la guerra ha dado un nuevo giro. La OTAN ha redoblado las provocaciones contra Rusia: Putin, por su lado, ejecutó un ataque a pocos kilómetros de la frontera con Polonia que impactó a metros de un tren que llevaba a altos funcionarios políticos y de inteligencia de la OTAN, entre ellos el exprimer ministro inglés Boris Johnson. La guerra se encuentra a un paso de convertirse en un ataque recíproco contra los territorios de la Unión Europea y Rusia. Polonia ha recurrido al estado de alarma de sus fuerzas armadas y crecen las versiones de que Putin está a punto de decretar una movilización nacional; los candidatos al reclutamiento procuran huir a la vecina Georgia. Los preparativos de guerra se desarrollan a todas horas. Trump ha llamado telefónicamente a Zelensky para que suspenda el bombardeo de refinerías, mientras dice tramitar una reunión con Putin.
Los reveses de Rusia se han acentuado, tanto en el frente como en la retaguardia. El déficit de carburante (no el crudo) ha crecido considerablemente. Según datos citados por The Moscow Times, en agosto Rusia importó 460.000 toneladas de carburante por vía marítima, de las cuales 370.000 procedían de India, Turquía y Marruecos. Representan un volumen sin precedentes.
Ucrania ha continuado atacando la infraestructura energética rusa sin tregua. La crisis energética tiene una dimensión propia en la guerra porque afecta a todos los actores. Su epicentro es la drástica reducción de la capacidad mundial de refinación debido a los bombardeos de Irán a las refinerías del Golfo Pérsico y de las rusas a manos de los ucranianos. La falta de derivados esenciales ha provocado una volatilidad extrema de precios y la fragmentación política de los gobiernos. La escasez es especialmente severa en el diésel, esencial para el transporte pesado, la agricultura y la industria. El efecto dominó se está traduciendo en una espiral inflacionaria, riesgos de estanflación global, y una crisis alimentaria latente por la escasez de fertilizantes derivados del gas natural. La política monetaria restrictiva de los Bancos Centrales no puede detener una inflación de oferta, que realimenta con subas de tasas de interés que impacta en el costo de la financiación del Estado y privado.
Europa está inmersa en un proceso de rearme y preparación para un conflicto a gran escala. Alemania prepara hospitales para atender hasta 1.000 heridos diarios, reactiva búnkers de la Guerra Fría y reacondiciona puertos civiles para uso militar. Apunta convertirse en la mayor potencia militar convencional de Europa, bajo un gobierno que hace agua por todos lados y cuya población rechaza la guerra, a diferencia de lo que complotan los partidos alemanes constituidos, desde La Izquierda hasta la ultraderechista AfD. Francia apuesta por la “autonomía estratégica”. Su nueva ley militar añade 360.000 millones de euros a la industria bélica, hasta 2030, enfocándose en munición, drones y una nueva “guardia nacional” para movilizar la economía civil. Reino Unido actualiza su “libro de guerra” y pide a la población almacenar suministros. Movilizará a parte de sus 95.000 veteranos en la “reserva estratégica” e invertirá 470 millones de libras en proteger bases militares. Polonia, el país más activo con diferencia, destina casi el 5% del PBI a defensa, busca constituir un ejército de medio millón de efectivos y construye el “Escudo Oriental” con fortificaciones y sistemas antiaéreos. Lituania, en el Báltico, forma a ciudadanos desde los 8 años en pilotaje de drones. Finlandia, Suecia y Noruega, mientras tanto, establecen la “Fuerza Terrestre Adelantada” de la OTAN en Finlandia.
En el extremo oriental de Rusia, el despliegue de misiles estadounidenses Typhón en territorio japonés ha escalado las tensiones. Este sistema que puede disparar misiles de crucero Tomahawk es considerado por Rusia como una amenaza directa y una violación de su zona de influencia. “Debido a las armas estadounidenses, Moscú podría desplegar misiles Oreshnik cerca de Japón”, anuncia RT (21/9). La remilitarización de Japón se da en medio de tensiones por la soberanía sobre las islas Kuriles del Sur, que ambos países se disputan desde el fin de la Segunda Guerra.
La reunión Trump-Xi, en los márgenes de la asamblea de la ONU, no resolverá una salida a esta situación catastrófica. Los columnistas de los principales diarios europeos coinciden en que la situación europea y mundial se ha desmadrado.

