Escribe Aldana González (con colaboración del Comité de Redacción)
Los ‘accidentes’ de la estrategia del imperialismo norteamericano.
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La tregua con Irán que Estados Unidos impulsó durante agosto tuvo como causa importante la escasez de misiles en sus arsenales. Los mismos informes del Pentágono dan cuenta de la crisis en el abastecimiento de munición pesada. Esto pone en evidencia que Estados Unidos no estaba preparado para un conflicto de larga duración y que consideraba que la destrucción de Irán sería una operación ´rápida´.
Estados Unidos no ha podido cumplir con sus compromisos de abastecimiento tampoco con los países que se encuentran en conflicto. Esto ha dejado ´vulnerables´ a Ucrania y a las monarquías del Golfo. Ni hablar de otros aliados fuera de la zona de guerra, que tuvieron que entregar todas sus existencias previas de prevención, como Corea del Sur.
La guerra con Irán agotó cerca del 80 % de los interceptores clave y gran parte del suministro de misiles de crucero. Se calcula que la reposición de los arsenales tomará entre tres y cinco años. Esta realidad ha trastocado todos los planes de guerra, obligando a Estados Unidos a reducir la escalada contra Irán y a aletargar la guerra de desgaste en todos los frentes. Zelenski confirmó que Ucrania recibió en 2026 solo un tercio de los misiles antiaéreos entregados el año anterior. Se encuentra en discusión llevar la construcción de los Patriots a Ucrania, como ha ocurrido con la instalación de fábricas militares con financiación y tecnología de Gran Bretaña y Francia. En el caso de Alemania, que ha enfrentado esperas de cinco años para recibir sus misiles de crucero Tomahawk y lanzadores, el Parlamento ha votado los créditos de guerra para construir los misiles en su propio territorio y reconvertir a la industria civil (VW) en militar.
El principal problema con que se ha topado Estados Unidos es que los drones y misiles baratos de Irán, Hezbollah y los Hutíes son derribados por Patriots que valen millones de dólares. Para tomar un ejemplo, durante los peores momentos del bombardeo en las bases estadounidenses en Jordania, las baterías defensivas se vieron obligadas a disparar entre 60 y 70 misiles interceptores Patriot y más de una docena de proyectiles del sistema de gran altitud THAAD. En unas horas dispararon los Patriots que se usan en una semana. Irán solo tiró 20 misiles. Pero, como son misiles racimo, se necesitan tres o cuatro Patriots para detener a cada uno. Cada misil Patriot disparado tiene un costo aproximado de 4 millones de dólares, mientras que los interceptores THAAD superan los 12 millones de dólares por unidad. Esto significa que el Pentágono gastó cerca de 400 millones de dólares en solo unas horas, únicamente para intentar frenar los misiles pesados de la Guardia Revolucionaria. Desde febrero, Estados Unidos lleva disparados 1.700 Patriots. En un año produce sólo 600.
Para hacer frente a la crisis, el Pentágono ha tenido que replantear su demanda de armamentos y municiones más baratos; la artillería de menor costo -menos de 600.000 dólares- pasará a representar el 49 % de la producción militar convencional.
El otro gran problema es la cadena de suministros. China controla la provisión de muchos de los insumos necesarios para la industria armamentística. Esto le da la posibilidad de crear un cuello de botella que ralentice la producción estadounidense. Los componentes también están en falta. Por eso, el Pentágono canalizó contratos de más de 4.700 millones de dólares a empresas como L3Harris y Honeywell Aerospace para multiplicar la fabricación de tecnologías clave, tales como motores de cohetes sólidos, sistemas de propulsión y actuadores de navegación.
El tema de los astilleros es un capítulo aparte: China ha superado en 232 veces la producción norteamericana de la industria naval, según un informe filtrado de la misma Marina de Estados Unidos. La escala de la industria naval es mucho más difícil de adaptar a las necesidades actuales que la producción de munición.
La otra cuestión es la eficacia del sistema de interceptores del imperialismo. El escudo de misiles de defensa millonario ha sido un colador en todos los casos, debido a que no alcanza para frenar el caudal de ataques iraníes constituido por artillería barata. En sus primeros ataques, Irán logró destruir gran parte de los radares estadounidenses. Su precisión es atribuida al apoyo de satélites chinos.
Pese al uso masivo de interceptores, "los ataques iraníes dañaron y destruyeron cientos de edificios e instalaciones en bases estadounidenses en Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Irak, Omán y Jordania", señala un informe del Pentágono. El documento, que abarca los meses de abril a junio de 2026, enumera los daños en la flota de aparatos: cuatro F-15 destruidos, un F-35 dañado, siete aviones cisterna KC-135 dañados o destruidos y "hasta 30" drones de ataque MQ-9 Reaper destruidos, entre otros. El documento calcula en "más de 50.000" el número de militares estadounidenses implicados en la guerra en el Golfo, desencadenada el 28 de febrero por ataques israelí-estadounidenses contra Irán. El Pentágono reporta al menos 757 militares heridos y 18 fallecidos desde el inicio del conflicto.
El cuartel general de la Quinta Flota, ubicado en Baréin, fue devastado. Los bombardeos con misiles y drones provocaron daños estimados en cerca de 400 millones de dólares, dejando la base prácticamente inhabitable. El secretario interino de la Marina de EE. UU., Hung Cao, reconoció abiertamente que los ataques iraníes "destruyeron por completo Baréin" (en referencia a la instalación militar). El almirante Daryl Caudle, el oficial uniformado de mayor rango de la Marina, declaró que las fuerzas estadounidenses no regresarán a operar formalmente en Baréin en el corto plazo, ya que las reparaciones mayores de la infraestructura logística tomarán años. Como allí operaba el centro logístico principal y quedó inutilizado, el Pentágono se ve obligado a desviar el reabastecimiento marítimo a rutas más lejanas -como la isla de Diego García, en el Índico, ubicada a más de 3.500 kilómetros de distancia-, elevando los tiempos de traslado de suministros de unas horas a más de dos semanas. Además, al quedar inoperable la base de Baréin, buques de guerra como el portaaviones USS Abraham Lincoln se quedaron sin un lugar seguro para atracar o descansar. Esto obligó a la tripulación a pasar casi nueve meses continuos en el mar sin llamadas a puerto, provocando una severa crisis de salud mental a bordo antes de ser desviados hacia Tailandia.
Los otros daños estratégicos fueron en las bases de Jordania. La más dañada fue la Base Aérea Muwaffaq Salti, la principal de Estados Unidos en el país. La destrucción del radar estadounidense AN/TPY-2, pieza central del costoso sistema de defensa aérea THAAD, fue total. También colapsaron múltiples hangares de mantenimiento, refugios de drones y la flota aérea en tierra. Las incursiones con drones y misiles provocaron destrozos generalizados en las barracas de alojamiento de las tropas, oficinas de comando, vehículos militares y almacenes logísticos.
Según un informe de Middle East Eye, los daños a las bases estadounidenses ubicadas en la región son incluso aún mayores a los que admite el Pentágono.
Por otra parte, un informe del Inspector General del Pentágono presentado al Congreso señala que el gasto ha sido descomunal. El documento oficial expuso que el costo total de la Operación Furia Épica ascendió a 33.400 millones de dólares únicamente entre el 28 de febrero y el 30 de junio de 2026. De esa cifra, 22.300 millones se esfumaron exclusivamente en municiones gastadas.
La gran paradoja es que Trump ejerció una de las mayores presiones para que todos los países aliados aumentasen sus presupuestos de guerra con el fin de reactivar la industria armamentística estadounidense. Sin embargo, después de haber provocado conflictos bélicos por doquier, no tiene cómo hacer frente a la demanda que él mismo generó. De la misma manera, incentivó la guerra en Ucrania para romper el acuerdo que Europa tenía con el gas ruso y ahora no puede hacer frente a la demanda de combustibles ni garantizar el suministro para todo el mundo. Como un bombero sin manguera que genera incendios que no puede apagar.
Estas carencias deben ser observadas con un examen de conjunto de la guerra. El arsenal militar de Estados Unidos, y su acelerado rearme militar, responden a una estrategia. Trump ha presupuestado un gasto de guerra de un billón y medio de dólares que prioriza el armamento más sofisticado. El Pentágono subsidia a las compañías de Inteligencia Artificial con vistas, fundamentalmente, a la guerra imperialista. El pool de créditos privados que han amasado los pulpos de Sillicon Valley alcanzará el billón de dôlares hasta 2030, a lo cual se añade la salida de las IA a la Bolsa, para recoger un financiamiento fastuoso para esos propósitos, si antes el estallido de los mercados financieros no hace naufragar estos propósitos. La amenaza de Trump de exterminar a la “civilización persa” no se apoya en municiones sino en misiles poderosos, ojivas nucleares y la Cúpula Dorada en el Artico (Groenlandia). Es que la estrategia político-militar de Trump apunta contra China y Rusia, para someterlas económica y políticamente a la condición de protectorados, y poner a los imperialismos europeos en la periferia o márgenes del norteamericano.
El desarrollo contradictorio de guerras imperialistas ‘locales’, que se expanden por la interconexión dinámica de la guerra mundial, ha llevado a una política de ‘tercerización’ de los artefactos más baratos, como lo demuestran las instalaciones fabriles en Ucrania, para atacar el territorio de Rusia. Gran Bretaña se ha comprometido a enviar a Ucrania 120.000 drones más, 20 millones de rondas de munción para armas pequeñas, miles de misiles para defensa antiaérea, un millón de cargas de artillería y vehículos blindados. América Latina es un terreno fértil para esta ‘tercerización’, a partir de la doctrina ‘Donroe” y el Escudo de las Américas. Esto es lo que se juega, también, en las elecciones de octubre en Brasil, una gran candidata a ‘tercerizarse’, en el caso de un gobierno Bolsonaro, sin descartar a Lula, que ha ofrecido, en Nueva York, la reintegración del protectorado Venezuela de Estados Unidos al Mercosur (junto al paraguayo Santiago Peña – un ‘amigo’ de Taiwán), de donde habia sido suspendida por violación de las reglas democrática. Esta ‘tercerización’ es presentada como un factor de reactivación de la economía con proyección exportadora. Los gobiernos ‘nacionales y ‘populares’ con vocación ‘tercerizadora’ (cadenas de producción) han dejado destino nacional de Cuba en manos del imperialismo.
En definitiva, la incapacidad estratégica del imperialismo norteamericano para abatir la resistencia del régimen nacionalista de Irán no atenúa sino que moviliza la tendencia del imperialismo a profundizar la guerra mundial. El único freno histórico a esta barbarie es la lucha de la clase obrera contra los gobiernos capitalistas de su propio país y la dirección de la guerra anti-imperialista en los países agrdidos, y la lucha conjunta de los trabajadores de todos los países. La guerra imperialista internacional desemboca en una guerra civil internacional. La contradicción entre la internacionalización de las fuerzas productivas, de un lado, y los estados nacionales, del otro, cuyos intereses se concentran cada vez más en una enorme minoría, tiende a la guerra, de un parte, y a la disolución de la democracia por parte del fascismo o de la revolución socialista
La presente guerra mundial no es una repetición de las dos anteriores. No solo la podredumbre del imperialismo es infinitamente mayor, con todas las viejas potencias girando en la órbita norteamericana, luego de la disolución de la Unión Soviética y la conversión de China, desde el desmantelamiento de su inmenso sector agrario y de su industria estatal, en el país con mayor tasa de explotación de la fuerza de trabajo. También ha cambiado la naturaleza tecnológica del arsenal militar y, por lo tanto, de las formas mismas de la guerra, que en poco tiempo se jugará en el terreno del espacio exterior. El campo de batalla y las ocupaciones territoriales han quedado en el pasado; los intentos para revivirlas, como en Irak o Afganistán, han fracasado, como ocurre ahora con la ‘operación especial’ de Putin en el sureste de Ucrania. La llamada guerra de Ucrania ha sido, desde el comienzo, una guerra europea de carácter imperialista.
Trump ha anunciado que Estados Unidos volverá los ensayos nucleares. El nivel de producción de artefactos atómicos ‘tácticos’, por parte de los estados en conflicto, no es conocido. La amenaza de aniquilamiento proferida por Trump contra Irán revela más sobre esta guerra que la carencia de material bélico para las masacres locales. Estas seguirán prosperando, como parte de la guerra total; es lo que ocurre con la militarización internacional de la guerra contra los cárteles de la droga. La dificultad o la incapacidad de las fuerzas políticas tradicionales en presencia para caracterizar esta situación histórica, en especial en la ‘Izquierda’, como es obvio, explica su completa ceguera en cuanto a su acción política.

