Con pogroms y bulldozers avanza la limpieza étnica en Cisjordania

Escribe Norberto Malaj

Los ‘acuerdos de Oslo’ y la Autoridad Palestina, en completa demolición.

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La hojarasca del repudio al genocida Netanyahu en la asamblea de la ONU no puede esconder que la limpieza étnica de Palestina avanza raudamente. La complicidad no solo es sólo de los yanquis, sino de todo el imperialismo mundial y también de los ´nacionales y populares´ urbi et orbi - Kicillof a la vanguardia. Sí, en cambio, avanza una vasta ola de repudio popular.

Según la organizaciones de derechos humanos Peace Now y Kerem Navot, desde 2023 no queda ya nada de los acuerdos de Oslo: “el gobierno israelí ha acelerado la anexión de facto de Cisjordania mediante ´una transformación sistemática del régimen de control´, que incluye la expansión de los asentamientos, el desplazamiento de comunidades palestinas, la legalización retroactiva de puestos de avanzada y un mayor control sobre zonas que anteriormente estaban bajo la responsabilidad de la Autoridad Palestina” (Haaretz, 28/9). “Los cambios en Cisjordania durante el mandato del actual gobierno son ´sin precedentes´. Entre 2023 y 2025, se establecieron 185 nuevos puestos avanzados en Cisjordania, la mayoría asentamientos agrícolas y los llamados puestos avanzados juveniles en las cimas de las colinas. En conjunto, controlan alrededor del 18 % de la superficie total de Cisjordania (…), 118 comunidades y asentamientos de pastores -áreas residenciales, algunas de las cuales forman parte de esas mismas comunidades- fueron sistemáticamente desplazados. Los residentes abandonaron sus hogares debido a la violencia de los colonos, las restricciones al acceso al agua y la falta de protección por parte de las autoridades” (ídem).

Según aquellos acuerdos la división artificial de Cisjordania en las Áreas A, B y C debería haber expirado en 1999. “Para entonces, la mayor parte del territorio, a excepción de los asentamientos y las bases militares entonces existentes, debía haber sido transferida a la plena autoridad civil palestina” (ídem). Ha ocurrido lo contrario: esos asentamientos y bases se duplicaron con creces y la Autoridad Palestina ha perdido casi total control sobre las áreas asignadas inicialmente (ni hablar de las que supuestamente sumaría).

Israel ha avanzado sistemáticamente sobre la propiedad palestina. Según datos de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), las demoliciones realizadas por Israel en la Zona C (bajo control de la AP) en construcciones no permitidas por Israel aumentaron en aproximadamente un 80 por ciento entre los periodos 2010-2022 y 2023-2025. En este mismo período los sionistas han abierto en Cisjordania 223 kilómetros de nuevos caminos de tierra sin autorización oficial. Alrededor de la mitad de estos caminos atraviesan terrenos de propiedad privada palestina.

Ahora los colonos, amparados en el ejército y la policía de fronteras del fascista Ben Gvir -partidario desembozado de una nueva Nakva- van por la fractura geográfica de la región de Ramallah -una de las más pobladas de Cisjordania y sede de la administración de la AP- apropiándose de una ruta construida por los propios palestinos: “la carretera en cuestión tiene una longitud aproximada de 10 kilómetros, desde la ciudad de El Bireh y el campamento de refugiados de Jalazone, al este, hasta la aldea de Ein Qiniya, al oeste. Forma parte de una red vial planificada y pavimentada por el municipio de Ramallah y conocida como la ´Carretera China´, en referencia a China, país que financió el proyecto. Esta red vial alivia la congestión del tráfico en los centros de Ramallah y El Bireh”. El uso compartido de la ruta prepara la militarización total de la zona y su división (ídem).

La Autoridad Palestina ejerce en forma cada vez más retaceada una autoridad delegada por los sionistas. Lo hace sobre un conjunto de bantustanes, donde Abbas y Al Fatah actúan en carácter de virtuales judenrats -colaboracionistas judíos en los guetos nazis. Haaretz señala: “los colonos israelíes pretenden dividir la metrópolis de Ramallah (…) las Fuerzas de Defensa de Israel siguen su ejemplo”.

A su vez, los dos millones de palestino-israelíes apenas la pasan ´mejor´: sin ellos no habría servicios de salud, ni construcción ni funcionarían otras áreas vitales del estado sionista. ´Compensan´ así el enrolamiento permanente de la población judeo-israelí que guerrea contra palestinos, el Líbano, Irán, etc. El deterioro de las condiciones de vida en las comunas árabes de Israel es pavoroso.

A la inversa, los presupuestos de guerra y para el subsidio de la colonización ilegal en Cisjordania, para rutas VIP de uso exclusivo de los colonos, etc. se han multiplicado. En los últimos años Israel destinó “2.300 millones de dólares a carreteras que dan servicio sólo a los asentamientos… a 300.000 habitantes, quienes se benefician del 30% del presupuesto asignado para el desarrollo de carreteras interurbanas” (ídem), mientras 3,5 millones de palestinos transitan rutas en pésimo estado, bloqueadas cada tantos kilómetros por checkpoints del ejército sionista.

Esta semana, en lo que parecía una excepción un tribunal israelí terció a favor de una familia palestina expulsada por colonos dos meses atrás. Una patrulla de 12 soldados ´acompañó´ a la familia en su retorno, pero unos “150 colonos se amotinaron e impidieron el regreso” (ídem). Al parecer de cara a los próximos comicios israelíes el movimiento de los colonos está cebado: hay en marcha una campaña para recolonizar la Franja de Gaza, de donde los sionistas salieron en 2005. El último fin de semana cerca de la frontera con Gaza un festival reunió a más de 1.500 familias que se registraron a ese fin. “La idea de reasentar Gaza -informa Haaretz- ha cobrado nueva fuerza durante la guerra”. (ídem).

Los asentamientos sionistas en Cisjordania explotan mano de obra palestina y son ya un componente significativo de la economía israelí. “Ahora sabemos que uno de cada seis productos agrícolas exportados desde Israel a Europa proviene de asentamientos”. Emily Schaeffer Omer-Man, abogada de derechos humanos, denuncia que “se manipulan los productos de los asentamientos para hacerlos pasar por productos israelíes, mediante etiquetado falso (Haaretz, 24/9). Se pone así de relieve lo inocuo de los llamados boicots a las mercancías de los asentamientos que sostienen ciertos países. La propia ONU acaba de publicar “una nueva lista de empresas de todo el mundo que hacen negocios con los asentamientos israelíes”. La nueva lista añadió 61 empresas a una base de datos de negocios de 11 países, elevando el total a 241 (The New York Times, 25/9).

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