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La exposición que concitó la mayor atención política en el coloquio organizado por el instituto empresario IDEA en Mar del Plata fue, sin duda, la de Patricia Bullrich.
La participación de Bullrich contrastó con la de Javier Milei, presente el día anterior por videollamada desde Paris. Bullrich desarrollo un programa, Milei, en cambio, desde una habitación en penumbras, se mostró nuevamente inconexo. La platea capitalista aplaudió en varias oportunidades a Bullrich, mientras que recibió con frialdad las bravatas e insultos, a esta altura rutinarios, del presidente.
Bullrich exhibió un estilo propio. Prometió ´RIGI para todos´. "Ahora tenemos el RIGI, que dura 30 años. Esa estabilidad no solamente tiene que estar en el RIGI, tiene que estar para todos los actores económicos (..) ¿Por qué tiene más largo plazo la minería que una empresa familiar de plásticos en el Gran Buenos Aires? Las reglas estables de largo plazo que hoy rigen para algunos proyectos deben llegar a todas las inversiones". El RIGI es un régimen de "incentivos" para grandes inversiones -de USD 200 a 600 millones de dólares- que ofrece beneficios impositivos, aduaneros, cambiarios y de estabilidad legal por 30 años. Bullrich anticipó que dentro de 15 días se organizarán reuniones entre compañías del RIGI y otras empresas "para que sean proveedores locales"; recoge la crítica de Prat Gay y de Alberto Montamat, de que Vaca Muerta “no derrama”. Incluso ´alertó´ sobre el caso de una minera que compra fuera del país el 100% de un determinado producto, insinuando una crítica a la ´apertura indiscriminada´, otra de las ´preocupaciones´ del capital local.
En contraste con lo que les promete a los capitalistas, Bullrich postuló una reforma previsional radical que elimine el régimen jubilatorio de reparto. El esquema actual, explicó, "está basado en un modelo de pleno empleo y de formalidad" que ya no existe: "Ese modelo laboral está desaparecido", sentenció. "Padre ferroviario, hijo ferroviario, nieto ferroviario. Eso se terminó", dijo. Propuso cortar el vínculo entre la jubilación y el empleo formal para reemplazarlo por un sistema "en el que la seguridad social ya no dependa más de la empleabilidad [de tener un empleo formal], sino de la capacidad de tomar una parte de los impuestos generales y después una parte de un ahorro, que puede ir por un convenio colectivo de trabajo" o -como aclaró también- bajo un régimen compulsivo como el establecido en la contrarreforma laboral para las indemnizaciones (FAL) o incluso una generalización del monotributismo, en el que el trabajador realiza un aporte fijo mensual, con independencia de sus ingresos o incluso de la falta de ellos. Su ataque contra "los impuestos al trabajo" recogió una ovación de la audiencia. Con la eliminación de los aportes patronales, según Bullrich, también desaparecerían las fronteras entre empleo en blanco y empleo en negro. Abrió la puerta, también, al aumento sin límite de la edad jubilatoria: que cada persona pueda retirarse a la edad que quiera, "con un mínimo"... aunque en esas condiciones habrá que seguir trabajando hasta el final de la vida. Ergo, ya no habrá edad de retiro y la jubilación, "un mínimo", tampoco alcanzará para mantener al trabajador en la vejez. La liquidación del régimen de reparto es una de las ´reformas estructurales´ más demandadas por el FMI.
Bullrich también se refirió al régimen tributario. "Yo te doy un RIGI, me bajás los ingresos brutos de la provincia. Si no, ¿por qué te voy a dar un RIGI? Para lograr esa competitividad, el acuerdo de cooperación federal tiene que ser con látigo y con zanahoria. Porque con zanahoria solamente nadie te baja ni impuestos ni tasas. Te premio si bajás tasas, si bajás impuestos, y te castigo si no lo hacés". Sugirió incluso una reforma constitucional con el exclusivo propósito de eliminar la coparticipación automática a las provincias. "No podemos tener provincias que solo vivan de la coparticipación federal", fustigó.
En sus intervenciones, Bullrich no hizo mención a la caída de la recaudación, al ´riesgo país´, a la depresión económica, ni se refirió tampoco al valor del tipo de cambio, sino que bordeó el coto del ´equipo económico´ sin adentrarse en él, ni exhibir premura. Sin embargo, la autora del ´protocolo antipiquetes´, pisó el acelerador del programa del actual elenco político.

