La burguesía le marca a Pedro Sánchez la puerta de salida

Escribe Redacción

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El voto en contra de Junts per Cataluya al paquete de emergencia de la vivienda de Pedro Sánchez puso fin al gobierno de coalición del PSOE-Sumar con el apoyo de los nacionalismos autonómicos. Junts es el partido de la gran burguesía industrial catalana, que en ningún caso apoyaría acotamientos de emergencia al derecho de propiedad. La cuestión de la vivienda es insoluble para la izquierda gestora política del capitalismo y para el capitalismo mismo. Esto no se manifiesta solamente en Madrid o Barcelona, sino en Berlín, donde La Izquierda (Die Linke) no puede dar cuenta de los tres monopolios capitalistas de la vivienda de alquiler de la ciudad. Lo mismo ocurre con Zohran Mamdani, que aún no ha dado respuestas al sector de viviendas que goza de una atención especial del mismo estado. Con la ampliación del turismo, que en España ha sido notable, la disputa por el suelo urbano entre comercializadoras y propietarias ha llevado el precio por el uso habitacional temporario por las nubes. La coalición PSOE-Sumar no ha hecho nada al respecto en ocho años de gobierno, ni es suficiente una medida de emergencia para devolver el gobierno a esta izquierda en las elecciones apuradas que tendrán lugar en noviembre.

El golpe parlamentario que ha derribado a la gestión de Sánchez tampoco tiene que ver estrictamente con el tema habitacional; tiene que ver con la crisis mundial, la guerra internacional y la tendencia a la derechización de los aparatos estatales. En España, los sucesos en los enclaves españoles en Ceuta y Melilla han desatado una movilización típicamente franquista de la derecha, acompañada por una reafirmación de derecho colonial por parte del gobierno de Sánchez. Antes de que la Puerta del Sol fuera poblada por un acampe de oposición a los desalojos, había sido el centro de agrupamiento del fascismo contra la posibilidad de que una inmigración de marroquíes pudiera tener acceso al espacio comunitario de Europa. Por esos azares de la historia, la protesta contra los desalojos ha servido como sustituto de la movilización contra el fascismo. Al fin de cuentas, incluso un fascista puede ser desahuciado por un monopolio inmobiliario igualmente fascista. La coalición de la derecha y la ultraderecha españolista espera retomar el gobierno en noviembre sin entrar en consideraciones por el suelo urbano. El activismo que lucha contra los desalojos debería poner al frente de su movilización la consigna “no pasarán”. Es lo contrario de lo que hará Pedro Sánchez, que ya ha hecho conocer que su programa versará sobre una suspensión de desalojos.

Frente a encuestas que lo dan como perdedor indiscutible y sin margen para remontar, el Gobierno recurrió a una última maniobra: volver a aprobar los decretos en el Consejo de Ministros para llevarlos a la Diputación Permanente, el órgano legislativo de contingencia que opera mientras las Cortes están disueltas por el llamado a elecciones. Pero los acampantes ya han hecho saber al gobierno que no le aceptan el atajo de la emergencia y que reclaman lo que serían ‘soluciones de fondo”. Pero la nacionalización del suelo urbano y la planificación territorial de la vivienda, el transporte y la industria está fuera del radar de la pequeña burguesía acomodada. La cuestión del suelo es independiente de la estructura diversa que tiene la propiedad urbana, en unos casos concentrada en monopolios, en otro en propiedades individuales, pues se trata de planificar el desarrollo territorial sobre la base de un estado de trabajadores.

La burocracia de UGT y Comisiones Obreras se mantuvo ajena a la lucha contra los desalojos y ha decidido un paro aislado para mediados de noviembre. La huelga general que el sindicato de inquilinos ha reclamado a la burocracia carece de destino. Pedro Sánchez ha sido calificado por la prensa internacional como la némesis de Trump en Europa. Washington exige elevar el gasto militar de España al 5% del PBI, para aumentar la demanda de armas a Estados Unidos, pero que el Ejecutivo español mantiene en el 2,5%. Madrid se ha negado a ceder bases y espacio aéreo para las operaciones militares de EE. UU. en Oriente Medio. Un gobierno de derecha cambiaría esta ecuación. Fuera del oficialismo, la izquierda española apoya la guerra de la OTAN contra Rusia. La palabra de orden es poner fin a la guerra imperialista mediante la unidad internacional de los trabajadores.

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