“Casi 10 mil presos en campos de tortura israelíes”

Escribe Norberto Malaj

95% de los olivares palestinos destruidos por los colonos del estado sionista.

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Un largo y pormenorizado informe basado en entrevistas a expresos palestinos concluyó que “desde hace tres años el hambre, la violencia extrema, la sarna y las condiciones de vida brutales forman parte del día a día de miles de prisioneros. Nada de esto ocurre en secreto. Es una política declarada, un pilar fundamental de la campaña electoral del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir” (Haaretz, 8/10).

El informe llama la atención sobre una política de “inanición deliberada”. Ali Samoudi, un conocido periodista de Jenin que trabajó en medios de comunicación internacionales como CNN y Reuters, que ingresó a prisión pesando 120 kilogramos con diabetes e hipertensión pasó un año en detención administrativa. Salió con 60 kilogramos menos y 10 enfermedades. “La comida —dice— no es suficiente ni para un gato o un niño pequeño. Solo está pensada para que podamos ponernos de pie y la requisa”.

Hiba Alawi, madre de cinco hijos y residente de Ad-Dhahiriya, cerca de Hebrón, pasó cinco meses y medio en la prisión de Damon tras intentar entrar en Israel en dos ocasiones para trabajar sin permiso. El acuerdo de culpabilidad por el que fue condenada no incluía cargos relacionados con la seguridad y señalaba que era el único sustento de su familia y no tenía antecedentes penales. Inicialmente, fue condenada a cuatro meses de prisión y a una multa. Al no poder pagar la multa, permaneció encarcelada un mes y medio más. En el juicio, declaró ante el juez que padece una afección cardíaca y que no recibía su medicación en prisión. Cuando fue puesta en libertad había perdido 36 kilogramos.

Samer Khuwaira, periodista, 45 años, vio a prisioneros con sarna, se derrumbó. Declaró: “¿Alguna vez has visto esqueletos andantes? Tienen las piernas y el pecho cubiertos de sangre. Ampollas y llagas por todas partes. Algunos caminan con muletas, otros con andador, otros se apoyan unos en otros. Los llamábamos zombis. Es difícil de creer: jóvenes, ancianos, increíblemente delgados. No tienen carne en los brazos. Solo se les ve la barba y los ojos".

La Fundación Hind Rajab, conocida principalmente por emprender acciones legales contra soldados israelíes, acusó días atrás ante la Corte Penal Internacional (CPI) a la Asociación Médica Israelí y a sus líderes, incluido su presidente, el profesor Zion Hagay, de legitimar lo que denominó un "sistema de tortura" sistemática. En particular se denuncia la colaboración de médicos israelíes en torturas contra presos palestinos. Así al menos 29 detenidos murieron entre octubre de 2023 y noviembre de 2025 como consecuencia de violencia física, negligencia médica o ambas. En septiembre, Israel mantenía a 9.329 presos de seguridad, pero solo el 16 % había sido acusado y condenado ante un tribunal. El resto eran detenidos (34 %), detenidos administrativos (34 %) y "combatientes ilegales" (16 %), una condición no reconocida por el derecho internacional que Israel utiliza para encarcelar a gazatíes, sirios y libaneses sin concederles los derechos de los prisioneros de guerra o los detenidos por delitos. La Cruz Roja tiene prohibido el acceso a las cárceles. “Una petición relativa al tratamiento de la sarna fue desestimada. La violencia y el abuso continúan impunes en todos los aspectos de la vida de los presos” (ídem). Se presentaron mociones por desacato ante el tribunal superior (la Corte Suprema) que dictó la obligación del gobierno de abrir las cárceles a la Cruz Roja; el gobierno de Netanyahu las ignora.

Hay una permanente ´rotación´ de presos palestinos en las cárceles. Se liberan cientos de presos cada mes. En 2024 se liberaron unos 5.000 (no por intercambio de rehenes), en su lugar otros tantos ingresan. En la mayoría de los casos, los presos son liberados porque su detención, ya sea administrativa (sin cargos formales ni juicio) o de otro tipo, ha finalizado sin procesamiento ni condena. Destaca el informe: “La liberación mensual de cientos de presos palestinos pone en entredicho la afirmación de Ben-Gvir de que son terroristas o presos peligrosos”. Las personas entrevistadas para el informe, todas residentes de Cisjordania, estuvieron detenidas en diversas prisiones (Megiddo, Nafha, Ketziot, Ofer y Damon). “Existe consenso —dice el informe— en que las condiciones de los detenidos procedentes de Gaza son aún peores”.

Curiosamente, reflejando el creciente repudio mundial a los crímenes del sionismo, el conservador Comité Noruego del Nobel otorgó el premio de la Paz a Navi Pillay. Pillay integra la CPI y presidió la comisión de investigación de la ONU que constató genocidio en Gaza. “'Goebbels —reaccionó el canciller israelí— aplaude desde el infierno”. Trump, el protofascista yanqui, acompañó la defensa de los sionistas y advirtió que “continuará su campaña para desmantelar la CPI, ladrillo a ladrillo, hasta que los estadounidenses dejen de estar amenazados”.

Mientras tanto el estrangulamiento sionista de la vida palestina avanza en todos los planos. “La sequía y la violencia de los colonos convierten la cosecha de aceitunas de 2025 en Cisjordania en la peor de la historia reciente —informa Haaretz, 9/10—: no superará las 10.000 toneladas, menos de una décima parte del promedio de la última década”. Unas 100.000 familias palestinas dependen de sus olivares. En 2024 se cosecharon aproximadamente 122 000 toneladas de aceitunas, “a pesar de la violencia de los colonos y el acceso limitado a los olivares” (ídem). La olivicultura palestina depende casi exclusivamente de las lluvias, a diferencia de la israelí que accede a riego artificial.

Los pogroms de los colonos y el ejército sionista atacan esos olivares a sabiendas que son la columna vertebral de la economía palestina. En la franja de Gaza la situación es mucho peor: por tercer año consecutivo, no ha habido cosecha de aceitunas. Se estima que antes de la guerra había 1,1 millones de olivos en Gaza, alrededor de un millón fueron destruidos en los últimos dos años. Un estudio publicado por Naciones Unidas reveló que los residentes de Gaza solo tienen acceso a aproximadamente el 4 % de las tierras agrícolas de la zona.

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