Escribe Juan Luis Linarello
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Desde hace meses, el municipio de San Isidro atraviesa una crisis fenomenal de transporte público, a partir de la quiebra de la empresa Micro Ómnibus General San Martín.
A mitad de año se oficializaron nuevos recorridos, tomados por líneas como la 343 y 314. El nuevo esquema dejaba barrios enteros aislados, lo que generó una ola de reclamos que se canalizaron bajo la forma de asambleas vecinales. En muchas barriadas los reclamos por la falta de conexión con los hospitales y avenidas centrales -como Uruguay o Márquez- se hicieron cada vez más masivos. Esto obligó al Ministerio de Transporte de la provincia de Buenos Aires a reconfigurar los nuevos recorridos. El nuevo esquema, si bien tomó una parte de las demandas vecinales, una vez más prioriza las ganancias de las empresas privadas por sobre la función social que cumple el transporte público. Consiste en reconfigurar los recorridos presentados anteriormente por el municipio sin agregar ni una sola cuadra más.
Los trabajadores de los barrios Bajo Boulogne y Villa Jardín reclaman que haya conexión con el hospital de Boulogne. Para la empresa sería sólo un pequeño tramo de 10 cuadras, pero se resiste. También empiezan a aparecer nuevas quejas, como las de los vecinos de Beccar que no tienen acceso a la estación del tren o vecinos de diferentes zonas de Villa Adelina.
En todo este tiempo los vecinos han tenido que caminar mucha más distancia, llegar tarde a sus trabajos o gastar más dinero en transporte. Debe quedar en claro que el Estado es el responsable de que los vecinos no se queden sin transporte. Es fundamental seguir fortaleciendo las luchas llevadas a cabo hasta el momento y generar nuevos espacios de deliberación en aquellos barrios que aún no han podido organizarse. No deben primar las ganancias empresariales, si es "rentable" o no el recorrido. Lo que debe primar es la necesidad de los vecinos, de los estudiantes, de los miles de trabajadores que utilizan el transporte a diario.

