Escribe Redacción
Una gran movilización conservadora.
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No solamente han sido noticia, en estos días, la derrota de la ultraderecha brasileña, la continuidad de la rebelión de la juventud en Francia o el corte del sistema de radares ShieldLink de Elon Musk, a Zelensky, para forzarlo a aceptar los términos de un acuerdo propuesto por Trump a fin de negociar una ‘paz’ con Rusia.
En un mundo sacudido por una guerra mundial y rebeliones populares, ha irrumpido Serbia, el mayor estado de la destruida Federación Yugoslava, donde una “lista estudiantil” ha derrotado al expresidente Aleksandar Vusiç, que se presentaba para el cargo de primer ministro, en las elecciones parlamentarias del 25 de octubre pasado. La “lista estudiantil” obtuvo el 53 % de los sufragios y la mayoría, por lo tanto, del parlamento serbio. Vusiç, que gobernó el país durante 14 años, ha sido, en cierto modo, el heredero político de Slobodan Miloseviç, condenado por crímenes de guerra contra el pueblo bosnio musulmán. Vusiç no ha logrado, sin embargo, alcanzar ninguno de los objetivos del nacionalismo serbio, como sería anexar a la Bosnia serbia, ni anular la independencia de Kosovo, un sitial histórico de Serbia, de población albanesa. La crisis histórica de los Balcanes ha encontrado una nueva forma en el escenario de la guerra imperialista actual. La caída de Vusiç en 24 horas ha dejado atrás el pronóstico de una larga “guerra de desgaste” contra el autoritarismo y ha precipitado un abrupto cambio de escenario.
La “lista estudiantil” es un fenómeno ‘sui géneris’ en muchos sentidos. Ha nacido en los claustros universitarios para luchar contra las inversiones mineras de litio, en defensa del medio ambiente y en oposición al conchabo de coimas del gobierno con las empresas chinas. En la lucha contra la corrupción y la mafia gubernamental, desató una enorme movilización de repudio a las muertes por el desplome de una marquesina en una estación de ferrocarril, que atribuyó a la precariedad de su construcción debida a la corrupción. Del lado este del Adriático ha nacido un ´mani pulite´ de masas. La “lista estudiantil’, que delibera por medio de plenarios en las universidades, no tiene sin embargo candidatos estudiantiles en la lista ganadora, que ha quedado reservada para el personal académico adulto. Postula para primer ministro a Dejan Soskiç, un profesor de economía y exdirector del Banco Central. Reivindica la tutela sobre Kosovo, cuya independencia no fue avalada, denuncia, por un voto refrendario, y está dividida en cuanto a ingresar a la UE o apoyar a Rusia, asuntos que ha dejado de lado para evitar un estallido inevitable. Ha presentado un programa ‘institucional’ (Estado de Derecho) sin referencia a las penurias sociales de los trabajadores –un salario promedio no supera los 1.000 euros al mes, y se reduce a la mitad de ese monto para una porción considerable de la población-. Reivindica la meritocracia para seleccionar a la burocracia del Estado, otra manifestación de su academicismo político. En diciembre habrá elecciones presidenciales. Los estudiantes presentarían como candidato a Radomir Saiciç, un profesor de química, políticamente conservador.
La Comisión Europea (Ursula von der Layen) ha saludado la victoria de la lista estudiantil, con la intención de explotar sus omisiones políticas y sus contradicciones manifiestas. Estamos hablando de un movimiento de masas, que el domingo de su triunfo mostró su masividad en las calles de Belgrado y el conjunto de Serbia. La mafia oficialista ha desaparecido del escenario público, probablemente para conspirar con mayor libertad, o simplemente porque ha dado por agotada su experiencia de gobierno. La victoria de la lista estudiantil ha abierto una caja de Pandora, como lo es indudablemente la diferenciación política que empezará a manifestarse abiertamente.

