Escribe Jorge Altamira
La anuncia en titulares toda la prensa internacional.
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La reanudación de la guerra contra Irán, por parte de Trump y Netanyahu, es probablemente una de las más anunciadas en la historia reciente. El primero viene advirtiendo que se encuentra totalmente preparada para después del martes próximo, cuando hayan pasado las elecciones de medio término en Estados Unidos. En cuanto al segundo, ha asegurado su posición como gobierno provisional por un tiempo no definido luego de que su coalición alcanzara el primer lugar en las elecciones recientes en Israel y el partido del primer ministro fuera el más votado de ella, aunque sin obtener los escaños suficientes para formar un nuevo gobierno. “Netanyahu puede lanzar una nueva campaña de bombardeos con Estados Unidos”, asegura el Financial Times, “mientras sirve como primer ministro provisional…” (29/10). “Netanyahu”, prosigue el diario, “había dado instrucciones a sus militares para preparar un campaña de bombardeos para el 10 de octubre, que tuvo que levantar por carecer del visto bueno de Trump”. De acuerdo a informaciones obtenidas por el diario, Gadi Eisenkot, un ex jefe del ejército sionista, que encabezó la lista opositora que quedó detrás de Netanyahu, no pondría objeciones si fuera debidamente informado por los servicios de Seguridad de Israel. “Ahora, los jefes del Mossad y del Shin Bet son leales a Netanyahu”. La población israelí apoya en su mayoría una reanudación de la guerra.
Por otro lado, “los negociadores de Qatar han vuelto a Teherán en un último esfuerzo de mediación (…) para prevenir una intensa nueva ronda de guerra” (30/10). Trump exige que Irán transfiera al exterior el uranio enriquecido que guarda en sus centros de investigación, y que no pudieron ser destruido por los bombardeos en profundidad realizados por Estados Unidos el año pasado. Rusia se ha ofrecido para receptarlo, sin obtener el acuerdo de Trump. Mientras tanto, la flota norteamericana sigue ocupando los puertos de Irán y bloqueando las exportaciones de petróleo iraníes, y protege militarmente a las naves que transitan el Estrecho de Ormuz sin autorización de Irán. El gobierno y la Guardia Revolucionaria de Irán han respondido con ataques selectivos, en un esfuerzo por salvar a una tregua de hecho de su completo derrumbe. Con relación al stock nuclear, Irán aceptaría una reanudación de las inspecciones de la Agencia Internacional de Energía si Trump levanta el bloqueo a sus puertos, elimina las sanciones a su comercio internacional y retorna al estado iraní unos 25.000 millones de dólares secuestrados por Estados Unidos; es un reclamo que se ha ganado contra una guerra no provocada. La respuesta ha sido el despliegue en el Mediterráneo y en las mediaciones del Golfo Pérsico de varios portaviones norteamericanos, incluyendo un número de tropas disponibles para un desembarco. Dado el fracaso manifiesto del intento de imponer un cambio de régimen, a la venezolana u otra, el diseño sería una guerra que deje sin estructuras civiles a Irán, para asegurar una ulterior ocupación militar. Para esto debería producirse un aniquilamiento sin precedentes en el caso de un país de 90 millones de habitantes.
El gobierno de Irán ha respondido que se encuentra preparado para enfrentar una reanudación de la guerra y ha amenazado con una destrucción de activos norteamericanos en la región y fuera de ella, en la que ha incluido a los cables subterráneos y a los centros de datos de las compañías de Inteligencia Artificial, que en este momento han sido reducidas a la categoría de “basura” (Anthropic) en la calificación de las agencias de riesgo. Trump ha buscado cuidar sus espaldas suspendiendo las sanciones económicas contra Rusia para contrarrestar el aumento del precio del diesel y, probablemente, obtener el apoyo político de Putin, no solamente en la guerra europea; ha invitado a Putin a la reunión de presidentes del G-20 en Florida, en diciembre próximo. La reanudación de la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán exceden las fronteras del Medio Oriente; es también un medio para imponer sus objetivos a las potencias rivales y en especial a la Unión Europea. Trump y su agencia MAGA se encuentran promoviendo alianzas políticas con los fascismos históricos de Europa para forjar una ‘Internacional’ de ultraderecha bajo comando del imperialismo norteamericano.
La intención de reanudar la guerra contra Irán después de las elecciones intermedias tiene un alcance extraordinario cuando se sabe que Trump y el partido Republicano sufrirán una fuerte derrota y cuando las encuestas marcan una rotunda oposición a esa guerra por parte de la población. Trump no se prepara para acatar ese resultado electoral sino para violarlo, lo cual constituye un manifiesto de instalación de una dictadura. Con el control del Senado (que sólo renueva en forma parcial) tiene asegurada la neutralización del Congreso, que se convertirá en un argumento para el inmovilismo de los demócratas, que en gran parte apoyan al estado sionista y a la reanudación de la guerra. Estados Unidos quedará bajo un gobierno bonapartista en una época de crisis de dominación política internacional del imperialismo. Las determinaciones de esta crisis mundial se combinarán al interior de los Estados Unidos con mayor violencia que en otros países, una novedad histórica de magnitud. El sionismo, por su lado, emprende una nueva aventura hacia su suicidio, porque concentrará sobre sí ttodas las contradicciones del Medio Oriente y el Cáucaso.
Ninguna fuerza política en presencia está en condiciones de asumir el presente desafío histórico sino la IV Internacional.

