Escribe Olga Cristóbal
Tiempo de lectura: 6 minutos
El martes pasado, mientras los norteamericanos votaban en las elecciones de medio término, Donald Trump anunció sorpresivamente a Fox News que a fines de 2026 Estados Unidos suspenderá (dos años antes de lo previsto) la asistencia financiera y militar a Israel, de aproximadamente 4.000 millones de dólares anuales.
Trump dijo que la suspensión se había acordado “hacía meses” con Benjamín Netanyahu porque Israel “ya no lo necesitaba”. Insistió en que Israel era “el aliado número uno; les damos más que a nadie. Si la necesitaran, diría que la mantuviéramos". Cuando Fox le preguntó si Israel podría de todos modos seguir comprando armas a Estados Unidos, respondió que “por supuesto pueden comprar lo que quieran”.
El objetivo, dijo, es crear un nuevo marco de cooperación en materia de defensa. En lugar de que Washington proporcione a Israel miles de millones de dólares al año para adquirir armas estadounidenses, la idea es que ambos países inviertan conjuntamente en el desarrollo y la producción de tecnologías militares que ambos necesitan.
Trump acusó a los demócratas de usar el financiamiento al sionismo como un "argumento de campaña" para atacar a los republicanos. Y dijo que si Israel ya no necesitaba ayuda no había que darle pasto a “delirantes como El Sayed”, el flamante senador demócrata por Michigan, de credo musulmán.
Los grupos propalestinos dijeron que era un anuncio “desesperado” ante el tsunami demócrata y que la sugerencia de sustituir la ayuda militar anual por ventas de armas indicaba que, en la práctica, poco cambiaría: se mantendría la financiación, pero sería más difícil rastrearla (The Guardian, 4/11).
Trump no aclaró qué fondos suspendería, aunque se entendió que era los de un memorando de entendimiento que establece US$3.800 millones anuales en asistencia militar a Israel que expira a finales de 2028 (BBC, 4/11). La vigencia del acuerdo era de 10 años.
La ayuda a Israel por décadas ha sido defendida por los dos partidos. Ese programa, que comenzó en 2019, se negoció durante la presidencia de Barack Obama. La mayoría de los legisladores demócratas ha defendido el sostén financiero al genocidio palestino.
En julio, el legislador republicano Thomas Massie impulsó un proyecto de ley para recortar US$3.300 millones en ayuda de seguridad a Israel, dejando únicamente 500 millones de dólares destinados a programas de defensa antimisiles como la Cúpula de Hierro. La enmienda fue rechazada por 314 votos y tuvo 104 a favor: el de Massie (único republicano) y 103 demócratas.
El anuncio de la suspensión, señala The Guardian, supuso “un reconocimiento notable de hasta qué punto se ha desplomado el apoyo a Israel”. Efectivamente, el rechazo de la población norteamericana al financiamiento a Israel ha crecido del 16% en 2017 al 48% en setiembre de este año. Entre los demócratas, la cifra se sitúa en el 67%, frente al 17% de los republicanos.
Los analistas dicen que la noticia se había programado como una estrategia durante el día de las elecciones (Reuters, 3/11). Trump “pareció reconocer que la ayuda a Israel se había convertido en un lastre político para él entre algunos votantes”.
El rechazo “ha transformado la política estadounidense de formas impensables hace tan solo tres años”. De hecho, a partir de enero, la Cámara de Representantes de Estados Unidos contará con Adam Hamawy, un médico militar que participó en una misión médica en Gaza; Melat Kiros, una abogada que fue despedida por su bufete por una entrada de blog en la que criticaba la guerra de Israel; Brad Lander, un diputado judío que fue detenido recientemente por las fuerzas israelíes mientras ayudaba a los palestinos a recolectar aceitunas en la Cisjordania ocupada, y Darializa Avila Chevalier, una estudiante y activista comunitaria que participó en un acampe estudiantil a favor de Palestina y logró una de las victorias más sorprendentes de las primarias bajo el lema "bebés, no bombas".
En todos los niveles los candidatos propalestinos aplastaron a los republicanos y en Michigan Abdul El-Sayed se convirtió en el primer musulmán elegido para el Senado norteamericano, tras una campaña en la que el AIPAC -el poderoso lobby sionista- gastó más de 40 millones de dólares en un intento por derrotarlo.
“El antiguo consenso bipartidista sobre Israel ha llegado a su fin”, afirmó Beth Miller, directora política de Jewish Voice for Peace Action. Más irónico, Yousef Munayyer, del Programa Palestina/Israel del Centro Árabe de Washington, señaló que “a los estadounidenses se les recordaban los fracasos de la guerra de Irán cada vez que iban a la gasolinera o al supermercado”.
Israel es el país que más ayuda exterior estadounidense ha recibido desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Un informe del Congreso publicado en 2025 cifró el monto total en 300.000 millones de dólares.
En verdad, no es la primera vez que se menciona el retiro de la ayuda norteamericana. En mayo, Netanyahu le dijo a la CBS que quería que el apoyo financiero estadounidense se redujera a 0. "Empecemos ahora y hagámoslo durante la próxima década, durante los próximos diez años, pero quiero empezar ya", dijo. "No quiero esperar al próximo Congreso".
Sin embargo, en Israel la noticia cayó como una bomba (es un decir) y abroqueló a la oposición. Los fondos previstos eran importantes para financiar aviones F-35 y F-15, helicópteros, interceptores antimisiles y otros equipos. El gobierno tendría que cubrir el faltante con recursos propios, recortar gastos o postergar las compras (Jerusalem Post, 5/11).
Funcionarios del Ministerio de Hacienda manifestaron su estupor: "No se presentó ningún documento oficial desde la Oficina del Primer Ministro. El ministerio era consciente de la intención de poner fin al memorando, pero le sorprendió que se quisiera hacer de forma inmediata".
Ynet cita a un alto cargo israelí del ámbito financiero, que prefirió mantener el anonimato, que señaló las “graves consecuencias” para la economía: “Renunciar a dos años de ayuda supone 8.000 millones de dólares. ¿De dónde sacaremos esa cantidad? Está claro: de los impuestos de los ciudadanos”.
El jefe de la oposición sionista, el general Gadi Eisenkot, lo calificó una muestra más de que Netanyahu "debe ser reemplazado". "El hecho de que el aparato de Defensa se entere de este cambio en nuestras relaciones estratégicas a través de los medios, al mismo tiempo que la opinión pública, muestra lo peligrosa que es la conducta de Netanyahu. Ya no se puede confiar en él y debe ser reemplazado", afirmó.
Los responsables del Ministerio de Defensa y del ejército admitieron a la cadena Kan que ignoraban todo al respecto a pesar de que existía “un diálogo en curso con los estadounidenses”.
Yair Golan, del Partido Demócratas, arremetió contra Netanyahu y tuiteó que “precisamente en un momento en el que el gasto en defensa de Israel ha alcanzado proporciones enormes, cuando Israel necesita reponer sus reservas de armas ofensivas y después de que las capacidades de defensa aérea se hayan agotado tras una guerra tan larga, Netanyahu suma otro fracaso colosal a su historial”. “El cese de la ayuda estadounidense supone un grave perjuicio para la seguridad de Israel” y “un primer ministro responsable habría luchado por aumentar la ayuda estadounidense, no por eliminarla”, añadió Golan.
Avigdor Liberman (Yisrael Beytenu) calculó que “el precio del apoyo de Trump a Netanyahu [es] de 3.8 mil millones de dólares al año”.
El exprimer ministro Yair Lapid, por su parte, calificó la decisión de Trump como «uno de los fracasos políticos y de seguridad más graves de la historia del Estado. Es inconcebible que Netanyahu se haya rendido ante ello, y aún más inconcebible que no haya preparado al aparato de seguridad», declaró.
Eisenkot, Golan, Liberman y Lapid están intentando formar una amplia coalición capaz de destituir a Netanyahu del poder tras las elecciones de la semana pasada, donde el carnicero de Tel Aviv fue el más votado.
Desde otro ángulo, Trump también fue criticado por Brett McGurk, un antiguo alto cargo de seguridad nacional en el gobierno de Biden. “El memorando de entendimiento de la era Obama proporciona 3.300 millones de dólares anuales en financiación militar, además de 500 millones para la defensa antimisiles. Casi todos estos fondos deben destinarse a compras a la industria estadounidense, lo que respalda el empleo en EE. UU. El total supone menos de una décima parte del 1% del gasto federal anual”, señaló McGurk.
Los que apoyan el cambio de enfoque señalan que Israel cuenta con una industria de defensa sofisticada y capacidades tecnológicas que Estados Unidos necesita cada vez más. Sin embargo, el Congreso norteamericano está debatiendo la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2027, que incluye una disposición para establecer una nueva Iniciativa de Cooperación Tecnológica en materia de Defensa entre Estados Unidos e Israel. La iniciativa ampliaría la cooperación en inteligencia artificial, ciberseguridad, sistemas antidrones, defensa aérea y antimisiles, y otras tecnologías militares avanzadas.
La legislación fue aprobada por la Cámara de Representantes, pero aún no se ha convertido en ley. La iniciativa no garantiza la financiación y otorga al Congreso una influencia considerable sobre cómo se aplica y cuánto dinero se le asigna.
En otras palabras, se alarma el Jerusalem Post, Israel podría encontrarse en una situación en la que el antiguo modelo de ayuda militar se esté desmantelando, mientras que la nueva asociación destinada a sustituirlo sigue siendo incierta. Al mismo tiempo, “las ventas de armas que Israel espera financiar con su propio dinero podrían enfrentarse a un mayor escrutinio político”.

