Psicología de La Plata: la gestión extrema sus recursos para retomar el control del Centro

Escribe EPA! UJS - Partido Obrero Tendencia | Presidencia del CEPsi.

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Las elecciones estudiantiles en Psicología de La Plata han dejado como saldo la victoria del Frente encabezado por Utopía –la lista de la gestión filokirchnerista de la facultad- por apenas 90 votos.

Esa diferencia llega a 200 si contamos la Sede Chivilcoy, cuya urna fue impugnada por nuestro Frente teniendo en cuenta las irregularidades registradas durante la votación y su traslado a La Plata, a donde llegó custodiada por un grupo de matones de la gestión. En estas condiciones, la victoria de Utopía sobre el frente integrado por el EPA! (PO Tendencia), PTS, IS e independientes, que había conquistado el centro el año pasado, fue de 34 a 32%.

Los recursos de la gestión

El resultado de las elecciones no es el producto de la conquista, por parte de Utopía, de la dirección política del movimiento estudiantil.

Desde principio de año, la gestión viene rentando, con fondos de Rectorado, a más de una decena de militantes de Utopía (bajo la máscara de “tutores”). Estos rentados, además, fueron introducidos directamente en las cursadas de Antropología, dándoles un enorme peso en el primer año. Por otro lado, la gestión recortó a principio de año el subsidio que venía entregando al CEPsi para el financiamiento de los servicios. Junto con el ahogo financiero, la gestión abocó sus recursos políticos – la línea de sus docentes en las cursadas, comunicados oficiales de la Facultad- para atacar directamente al FILPsi, e incluso un listado falso de los fondos que supuestamente dedican al Centro. Con ello, pretendían desacreditar a la Conducción independiente del CEPsi y lavar su propia responsabilidad en los problemas que atraviesan a la Facultad.

La victoria electoral no fue, por ende, mérito de Utopía, sino el resultado de una política que combinó el boicot y el ataque sistemático al Centro por parte de la gestión con la descarga de grandes recursos económicos en favor de la agrupación que les responde. La aceptación de la lista ganadora fuera del plazo legal, y la utilización de una patota para impedir la impugnación de una urna de Chivilcoy plagada de irregularidades fueron la puntada final de una política que atravesó todo el año.

La gestión de la Facultad entendió desde el primer momento que el CEPsi, recuperado en 2018 con una Conducción independiente, se transformó en un obstáculo para su política privatista y de regimentación política. El desplazamiento de esa Conducción fue, por ende, una tarea a la que se abocó sistemáticamente durante el año, lo que lograron a fuerza de mentiras y por un margen mínimo.

Los límites de la dirección del CEPsi

Si esta política de la gestión pudo desenvolverse (con serios límites, como veremos más adelante), ello no sólo se debe a sus propios recursos, por más vastos que sean. Es necesario examinar la política del propio FILPsi.

La pelea por la recuperación del CEPsi fue formidable, pero adoleció de un problema estratégico.

La conquista del Centro no fue abordada, por el movimiento estudiantil que protagonizó la gran toma de 2018, como un paso en la pelea por la democratización universitaria.

La necesidad de una agitación sistemática en torno del régimen político universitario, es decir, la necesidad de poner fin al régimen de camarillas ligadas a la privatización fue una cuestión intensamente discutida al interior del propio FILPsi. Pero la ausencia de una agitación y un debate en torno de este punto crucial le terminó dando aire a la gestión para recuperar la iniciativa. Sin un eje relacionado a esta cuestión, que implica desarrollar una perspectiva de poder en el ámbito universitario, el movimiento de lucha surgido en la toma –incluidos los llamados autoconvocados- se disgregó. El CEPsi no logró remontar el repliegue del activismo. Es cierto, al mismo tiempo, que un sector menor pero significativo de ese activismo dio un salto en conclusiones y politización, y se incorporó al EPA y al PO (T).

Gobierno universitario

La gestión universitaria y de la Facultad tiene un interés concreto en desorganizar a lxs estudiantes: Se trata de defender sus cajas paralelas, los negocios de los postgrados, el reparto de cargos y el carrerismo académico. Como cualquier negocio, los que se desenvuelven en la universidad pública tienden a concentrarse en pocas manos. La política regimentadora y antidemocrática es la expresión, en el plano político, de este régimen de negociados y privatización. Por eso el problema del gobierno universitario debe ser planteado sin vacilaciones: presentar una perspectiva para satisfacer las reivindicaciones del movimiento, que sólo puede lograrse terminando con el régimen que gobierna la UNLP y todas las universidades nacionales.

La toma de 2018 había puesto en serias dudas la capacidad de la gestión de avanzar en el camino privatista y mostró el abismo existente entre la gestión y el movimiento. El problema del poder, de imponer los intereses del movimiento estudiantil y los trabajadores en la universidad, para conquistar así los reclamos más urgentes, quedó planteado como problema inmediato.

Aunque colocar este eje todo el año, como sí lo hizo el EPA! en la campaña electoral, no hubiese asegurado una victoria, sí hubiese contribuido a una clarificación y mayor politización de los activistas, preparando al movimiento estudiantil para las próximas peleas.

Esta consideración crítica no debe ocultar que el Centro de Estudiantes conducido por el FILPsi desarrolló a la asamblea como el espacio por excelencia para deliberar y resolver; batalló por numerosas reivindicaciones estudiantiles, desde las correlativas hasta la guardería maternopaternal; instaló el debate de los subsidios y, en última instancia, de la gratuidad de la educación ; defendió los seminarios para los 700 compañeros del plan 1984 ante el intento de recorte, posicionó al CEPsi de forma clara y consecuente del lado del movimiento de mujeres y disidencias, participó de todas las luchas sociales que se desplegaron durante el año, e involucró a una importante camada de activistas en la lucha política. Todo el año, el FILPsi dio una pelea política gigantesca contra la gestión de la Facultad y el Rectorado.

De conjunto, el 32% obtenido consolida un gran salto político del movimiento estudiantil de Psicología promovido por el FILPsi. El desafío es colocar estas luchas y avances en la pelea más general por terminar con el régimen de camarillas privatistas y dar curso a una Universidad gobernada por sus estudiantes y trabajadores.

Lo que se viene

La victoria de Utopía y la gestión entraña contradicciones muy profundas. Existe un abismo entre ella y las necesidades del movimiento estudiantil. Por eso mismo, el resultado electoral no significó, en general, el festejo de estudiantes o movimiento alguno, sino todo lo contrario. Pasado el primer día de elecciones, cuando la posibilidad de esta victoria se hizo palpable, se desenvolvió en la Facultad una inmensa movilización para defender el CEPsi, que abarcó no sólo al movimiento estudiantil, sino al conjunto de los claustros. Ello se reflejó en la remontada de nuestro Frente en los días posteriores, la cual, sin embargo, no alcanzó para revertir el resultado.

Para ganar, Utopía apuntó a la despolitización del estudiantado y a rebajar el debate político a cuestiones de gestión y a mentiras infundadas. Utopía no ha podido desplegar ningún planteo político de peso, ni pudo evitar el gran debate promovido por el FILPsi en torno a la reforma del plan de estudios, la democratización de la UNLP y otros puntos estratégicos que siempre han intentado evitar. En las últimas semanas, la gestión llevó a la Facultad a Alberto Fernández y a Kicillof, explotando la “onda” electoral nacional victoriosa en su propio favor. Sin embargo, Utopía no militó una campaña abiertamente kirchnerista porque no quería ir a una discusión política.

Todo esto pone a Utopía y a la gestión en una posición muy delicada. Es evidente el rechazo que la parte más activa del estudiantado tiene por ambos, y la voluntad que existe de organizar la pelea por recuperar el CEPsi y derrotar a la gestión de Oñativia.

Por último, las elecciones dejaron planteados varios problemas inmediatos. En primer lugar, la existencia de un fondo de 1.5 millones de pesos de Recursos Propios a libre disposición de la gestión, que podría satisfacer buena parte del reclamo del subsidio para becas y otros problemas. En segundo lugar, la imperiosa necesidad de abrir un debate respecto del plan de estudios. En tercer lugar, la introducción de la patota en las elecciones reclama un pronunciamiento claro del Consejo Directivo y una explicación del decanato, si no directamente el reclamo de su renuncia.

Por último, el año no termina, y aún resta dar la pelea por las cursadas de verano sin cupos que está debatiéndose en Comisión de Enseñanza y deberá pasar al Consejo. Hay que organizar las peleas en curso. El FILPsi, que sigue siendo la Conducción del CEPsi por algunas semanas, debe asumir las tareas que le tocan.

Llamamos a las demás agrupaciones del FILPsi y a todo el activismo independiente a organizar rápidamente una asamblea para discutir estos problemas y organizar las próximas peleas.

*Por una omisión, este texto no fue publicado cuando fue enviado. Pedimos disculpas a nuestros lectores.

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