Falleció “el Corto” Ayala, un inclaudicable

Escribe Carlos Frígoli

Una tragedia para los trabajadores de la UTA.

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El lunes 3 de agosto falleció en el Hospital Belgrano donde estaba internado con un cuadro de COVID-19 el compañero Marcos Ayala, “el Corto”. Internado ocho días antes, en un cuadro grave, batalló hasta el final por su vida, hasta que no pudo más. Durante esos días centenares de choferes y trabajadores de otros gremios acercaron su solidaridad y se movieron para obtener plasma y que le sea administrado, y armando colectas para ayudar a su familia a sobrellevar la situación. Comisiones internas de la 540 y de la 60, entre otras; los autoconvocados, la comisión interna de OSPLAD y su sindicato, el SITOS, resolvieron sumarse a la campaña. Hubo mucha colaboración de los delegados de ATE y CICOP del hospital.

El Corto fue un luchador inclaudicable. Despedido dos veces de la línea 151 donde fue delegado, golpeado por matones en más de una ocasión, vuelto a despedir cuando hubo logrado entrar en ERSA porque alguien lo buchoneó, alertando a la patronal correntina. Aún desocupado y sosteniéndose apenas con laburitos sueltos (sin duda estaba en listas negras de la patronal y de la burocracia) y la colaboración de amigazos choferes, siguió con su trabajo de organización del activismo de las líneas. Compañeros de decenas de líneas acudían a él para consultarlo o reunirse.

En esto Marcos era imprevisible. Por ahí nos llevaba a Florencio Varela, a Berazategui o a la Matanza, para juntarse con compañeros muchas veces a horas insólitas. Para mí fue un aprendizaje. Cuando íbamos a alguna reunión con activistas decía: “yo hablo de sindicalismo, vos hablá del partido”, y terminaba sentenciando con cosas como: “ustedes tienen que leer el Manifiesto Comunista, para saber cómo es la explotación”.

El Corto era astuto, y hasta a Roberto Fernández lo mareó un tiempo, logrando algunas intervenciones favorables a los trabajadores, hasta que el burócrata le sacó la ficha del todo. Execraba al “disidente” Bustinduy, que, en contubernio con Fernández, armó las patotas que lo matonearon la primera vez. Aspiraba a construir una lista de toda la oposición combativa, y recuperar el gremio. En la última elección del gremio, batalló por esa lista sin eco en las internas. Entonces presentó la Multicolor con Luis Mariani y otros compañeros, la mayoría jubilados, que la burocracia rechazó ipso facto.

Una vez organizó un curso sindical en nuestro local de Munro, a las 12 de la noche, para 11 choferes de distintas líneas. Tenía la obsesión de que los compañeros debían formarse como dirigentes. Y él mismo buscaba elevarse. Era agudo e inteligente, y agarraba al vuelo los conceptos. En noviembre y diciembre últimos asistió a un curso que dio Graciela Molle de “Introducción a El Capital”, en Vicente López. Las clases eran los sábados a las 10. El primero en aparecer era Marcos, con su cuaderno de apuntes y partes de la bibliografía. Le apasionaba aprender, aunque era reticente a una disciplina de partido.

Fanfarroneaba un poco con su adolescencia de jugador de fútbol. Parece que era muy veloz y difícil de marcar. Algo de eso le quedó para el activismo sindical.

El Corto estaba enamorado de su familia, y le gustaba hablar del interés por el estudio de sus hijas, de las que estaba orgulloso. Hablaba con cariño y admiración de María Alicia, su abogada, y del “Judio” Schwartz de la 60, con el que aprendió mucho de lucha sindical.

Era un tipo entero, luchador, y buena persona. Nos deja una huella imborrable. Cuando recuperemos la UTA, propondremos al primer congreso de delegados que el local central de la UTA se llame Marcos “el Corto” Ayala.

Por ahora, honrando su memoria, batallaremos línea por línea en ese camino. El de recuperar el gremio y el de liberar al hombre de la explotación del capital.

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