El oro alcanza el mayor precio de su historia

Escribe Sergio Rivero

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Aunque las bolsas y los bonos están subsidiados por préstamos y compras de bonos por los bancos centrales, el oro en lo que va del año supera en rendimiento a los índices de acciones. La pandemia redujo la demanda de joyería en oro, pero ha sido suplida por el crecimiento de la demanda, siete veces mayor que la del año pasado, por diversos fondos que ahora invierten en oro, lo que nos indica un traslado de inversiones en acciones hacia el oro. Los contratos de futuros de oro también han incrementado sus volúmenes de negociación, y los requerimientos de entrega física del metal es la mayor en varios años. La demanda de oro físico supera incluso a 2008, pudiéndose producir un cuello de botella en las entregas y es la que impulsa un crecimiento de sus precios y de activos vinculados (minas de oro y plata).

La crisis financiera producida por la pandemia, que requirió una intervención de emergencia de los bancos centrales para estabilizar los mercados, acentuó una demanda que ha subido los precios hasta superar la marca histórica alcanzada luego de la crisis financiera de 2008.

Por qué ahora sube el oro

El experimento financiero de los principales bancos centrales de bajar las tasas de interés hasta rendimientos negativos y la emisión monetaria para compra de deuda ha mostrado un rotundo fracaso con el hundimiento de los mercados en marzo al comienzo de la pandemia.

Los bancos centrales necesitaron organizar una actuación de emergencia para rescatar el sistema financiero ante un derrumbe de precios de acciones y bonos más veloz que en la crisis de 1929. Actuaron como bomberos apagando un gigantesco incendio. El mercado de bonos del Tesoro de Estados Unidos se derrumbó y requirió de compras de la Reserva Federal para compensar masivas ventas de fondos y bancos centrales extranjeros. La Reserva Federal actuó como banco mundial al ofrecer líneas de crédito en dólares (swap) a los bancos centrales para evitar la venta masiva de bonos del Tesoro. Sin esa intervención el mercado de deuda hubiera colapsado.

La devaluación del dólar

La calma posterior ha producido una importante recuperación en las bolsas y estabilizado el mercado de deuda, gracias a compra de los bancos centrales. Y donde la Reserva Federal ha nacionalizado el mercado de bonos corporativos al realizar compras masivas y adoptar el compromiso de comprar “sin límites”, lo que desató un festival de emisiones de las empresas.

Pero la calma se interrumpió en el mes de julio, con un fenómeno financiero poco frecuente: el dólar, la principal divisa utilizada en el comercio mundial y moneda de reserva, se ha devaluado frente a las principales divisas -la libra inglesa, el euro, el yen japonés, e incluso frente al yuan o renminbi chino-, lo que va en concordancia con la gran emisión de la Reserva Federal de Estados Unidos, que es la mayor entre sus pares.

Esta devaluación genera preocupación entre los mayores poseedores de bonos del Tesoro, los bancos centrales. Las tenencias de bonos del Tesoro de Estados Unidos, denominadas en dólares, se han devaluado en igual medida que el dólar. Actualmente tienen un rendimiento del 0,52% anual y la inflación anual puede ser 1,5%, o sea que tienen una renta negativa del -1%,. Invertir en bonos del Tesoro no parece ser un buen negocio y, si la devaluación del dólar se acentúa, puede producir una fuga similar a la ya producida en marzo, lo que pondría en riesgo el sistema financiero global.

Dependencia crónica

Lo ocurrido en marzo de este año es una demostración de que la política de bajas tasas de interés y compra de deuda pública mediante la emisión de billones de dólares por la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central Europeo o el Banco de Japón, para impulsar la economía y estabilizar los mercados financieros, ha llegado a un punto de saturación.

Las inmensas cantidades de dinero que vuelcan al mercado financiero los bancos centrales son usadas por los bancos y los fondos de inversión para sus propios negocios, impulsar las subas de precio de las acciones y emisión de deuda privada, mientras la economía sigue en declive. En el segundo trimestre, el producto bruto de Estados Unidos perdió 2 billones de dólares, mientras que la capitalización de Wall Street en ese período ganó 4 billones.

Esta política financiera de los estados ha ingresado en un nivel de agotamiento. Son necesarias crecientes intervenciones para sostener precios artificiales de los activos financieros que se exhiben como actividades exitosas de la iniciativa “privada”, pero la economía sigue en caída, agregando millones de desocupados.

Lo que ha dejado la intervención de los estados es una economía más vulnerable, con un mayor endeudamiento del estado, de las empresas y de las familias, pero la recuperación solo se ha dado en casos aislados. Los bancos centrales han sido los vehículos para esa tarea y acumulan en sus balances bonos públicos y privados que en el mercado no tienen compradores.

Luego de la crisis de Wall Street de 1929 y la profunda recesión que generó, la Reserva Federal, en 1934, emitió dólares para dar liquidez a la economía y compró todo el oro en manos privadas (Gold Reserve Act, 1934). Fue la base de estabilidad luego de la quiebra de más de 3.000 bancos. Ahora, la Reserva Federal emite en cantidades exorbitantes para comprar bonos, desde deuda corporativa hasta bonos basura; esta política financiera no va a producir ninguna recuperación, solo otra crisis financiera más aguda.

El mayor comprador de deuda

Las gigantescas cantidades de dinero emitidas no tienen cabida en la actividad económica y se vuelca a inversiones financieras, creando burbujas financieras al no lograr convertirse en capital al relacionarse con la producción de plusvalía.

La devaluación del dólar ha ingresado en una tendencia vinculada a la emisión de la Reserva Federal, la contracara es la suba del precio del oro que ningún banco central puede emitir.

Ahora se debaten nuevos planes para inyectar mayor liquidez al sistema financiero, lo que agravará el estancamiento económico y los riesgos de una nueva crisis financiera.

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