Más de 8 millones de niños argentinos serán pobres a fin de año

Escribe Ana Belinco

Según un informe de UNICEF.

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Según una proyección de UNICEF Argentina, basada en datos oficiales del INDEC y en pronósticos del FMI sobre el PBI, 6 de cada 10 niños argentinos -es decir, más de 8,3 millones- serán pobres a fines de 2020. El estudio determina que, entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020, se sumarán 1,3 millones de niños y niñas pobres concluyendo que los niveles de pobreza infantil registrados en mayo, de 58,6%, pasarán en diciembre a 62,9%.

Los datos forman parte de los resultados elaborados dentro de la “Segunda Encuesta de Percepción y Actitudes de la Población. Impacto de la pandemia y las medidas adoptadas por el gobierno sobre la vida cotidiana de niñas, niños y adolescentes”. El estudio sostiene que hay 2,6 millones de hogares que han visto sus ingresos laborales reducidos.

Luisa Brumana, representante del organismo, destacó que “deben redoblarse los esfuerzos para que ninguna familia en condiciones de vulnerabilidad se quede por fuera de los beneficios” del IFE, que alcanza al 47% de los hogares, o la tarjeta ALIMENTAR, que llega al 36%. Según la encuesta, ambos planes sociales crecieron con relación a la medición anterior, realizada en abril. La realidad se impone frente a la ficción que se quiere presentar. El gobierno nacional batió parches con su política de ATP (que significó una transferencia de recursos para las patronales, abaratando sus costos laborales sin impedir los despidos ni el ataque al salario) y con el IFE (un subsidio miserable de $10 mil) al que ahora quieren convertir en una plataforma enorme de precarización laboral.

Tanto la primera como la segunda encuesta de UNICEF señalan que la situación más crítica se vive en los barrios populares y que, si bien el Covid-19 afecta a los niños de todas las clases sociales, el impacto en las familias más pobres es mucho mayor ya que se detectaron dificultades en el acceso al alimento. En el 15% de los hogares encuestados se recurrió a préstamos o fiado para comprar alimentos y este porcentaje se incrementa al 29% en los hogares sin ingreso laboral, al 25% en las villas y al 22% en el caso de los titulares de la Asignación Universal por Hijo (AUH). En las villas de la Ciudad de Buenos Aires, el distrito más rico del país, no están garantizados los servicios de agua y electricidad, ni el acceso a una vivienda y a una alimentación digna por lo cual el Covid-19 entre la población más vulnerable hizo estragos.

Según esta organización, el Estado debe brindar apoyo psicológico a las familias y a la comunidad para que los chicos y chicas retomen la seguridad, la confianza y fortalezcan sus procesos de socialización y garantizar el retorno a la escuela en la medida que las condiciones epidemiológicas lo permitan. Pero para los gobiernos la vuelta a clases debe imponerse como contraparte de una flexibilización y apertura de la economía a contramano de la realidad y de estar atravesando el pico pandémico. Mientras la virtualidad educativa para las villas de la CABA cruje por todas partes: si no hay agua, menos hay WiFi y si no hay acceso a la comida, menos hay acceso a una computadora. El Estado está ocupado en sostener la tranquilidad de especuladores y empresarios, no de los niños.

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